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Solidaridad y acogida desde los pueblos de Sakana

Un grupo de vecinos ha creado Sakana Harrera Harana para trabajar por los derechos de las personas refugiadas y migrantes

Nerea Mazkiaran - Martes, 8 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Marisa Maiza, Josu Rubio y Juan Pedro Higuero, de Sakana Harrera Harana, han participado en la caravana a Melilla.

Marisa Maiza, Josu Rubio y Juan Pedro Higuero, de Sakana Harrera Harana, han participado en la caravana a Melilla.

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  • Marisa Maiza, Josu Rubio y Juan Pedro Higuero, de Sakana Harrera Harana, han participado en la caravana a Melilla.

“Es el momento de apoyar la presión social para romper la dinámica de gobiernos e instituciones”

altsasu- Con el objetivo de que Sakana sea un valle de acogida para personas refugiadas y migrantes, una decena de personas de varias localidades de la comarca se han unido en torno a la plataforma Sakana Harrera Harana, creada la pasada primavera en torno a Anitzartean, el servicio de interculturalidad de la Mancomunidad de Sakana. “Somos gente que trabajamos de diferentes maneras por los derechos de las personas refugiadas y migrantes y la denuncia de las fronteras, muchas de las cuales no nos conocíamos. Bego Zestau pensó que teníamos que juntarnos”, apunta Juan Pedro Higuero, un altsasuarra que conoce bien la situación de los campos de refugiados.

Así, están presentando una moción en los ayuntamientos de la comarca en la que se les pide su compromiso de reconocimiento pleno a todas las personas, independientemente de su origen o situación administrativa. También de solidaridad para prestar auxilio en caso de situación extrema y de responsabilidad, asumiendo la defensa de los derechos humanos y la dignidad de todas las personas, exigiendo el cumplimiento de la legalidad internacional.

Para visibilizar este compromiso, les invitan a que luzcan en sus fachadas durante las fiestas una pancarta que simboliza esta voluntad de acoger a personas migradas y refugiadas así como un contador de la cuenta atrás al 26 de septiembre, cuando expira el compromiso firmado por todos los países de la UE de acoger a personas refugiadas. Y es que en septiembre de 2015 el Estado español se comprometió a recibir 17.337 personas en un plazo de dos años, de las cuales solo se ha reubicado al 5%, según datos de CEAR. A Navarra le corresponden 300 personas y “a día de hoy apenas se ha llegado al 10%”, apunta Josu Rubio, otro altsasuarra que forma parte de esta plataforma surgida en abril.

“Es el momento de apoyar la presión social tan necesaria para romper la dinámica de gobiernos e instituciones que pretenden justificar su inacción en procedimientos burocráticos o falta de medios”, señalan estos dos altsasuarras. Al respecto, coinciden en la importancia de denunciar y visibilizar la situación que viven miles y miles de personas que huyen de guerras, miseria, persecución y hambre. Por ello, ofrecieron el pasado jueves una charla en la que contaron su experiencia en la caravana a Melilla Abriendo fronteras que se llevó a cabo entre el 14 y el 22 de julio para conocer y denunciar la situación de las fronteras del sur de Europa. En esta marcha que reunió a un centenar de colectivos también participó Marisa Maiza, de Etxarri, quien quiso compartir sus vivencias durante esos casi 10 días.

Para los vascos, casi la mitad de las 450 personas que participaron en esta marcha repleta de denuncias, comenzó en Las Bardenas. De allí fueron hasta Madrid, al Congreso de los Diputados, para continuar por Sevilla, Algeciras, Tarifa y Málaga, desde donde cruzaron el Estrecho para ir a Melilla. De vuelta a la península, pararon en Almería para denunciar la situación en la que viven los trabajadores de los invernaderos, la mayoría irregulares. “Aquello me recordó a lo Calais, incluso peor. Vergüenza”, señala Juan Pedro Higuero.

Esta palabra surge una y otra vez de la boca de estos tres sakandarras. Vergüenza por los menores que deambulan por Melilla, los menas, niños y niñas que viven en la calle, totalmente desprotegidos. Mucha vergüenza y también dolor ante el día a día de cientos de personas que sobreviven en los Centros de Internamientos Especiales, CIEs, “La mayoría son antiguas cárceles que no cumplían los mínimos exigidos”, apuntan, al tiempo que destacan que después de ver tanta injusticia y desolación se les han quedado grabadas escenas difíciles de olvidar. “Pero nosotros nos vamos y ellos se quedan allí”, observan. Asimismo, destacan la doble violencia que viven las mujeres en los procesos migratorios, por los abusos y la violencia sexual que sufren en los países de origen, tránsito y acogida”.

En Melilla se quedaron con ganas de conocer otros lugares, como el monte Gurugú, pero una fuerte presencia policial les impidió el paso en la frontera. Allí quedaron impresionados al ver cómo trabajan las porteadoras, mujeres a las que pagan entre 1 y 3 euros por cada carga. Además, su estancia coincidió con una visita a esta ciudad de Jorge Fernández Díaz, y no desperdiciaron la ocasión para denunciar ante el exministro de Interior la situación en que viven miles de personas. “Nos han llamado perroflautas, nos han boicoteado, nos han hecho de todo”, denuncia Juan Pedro Higuero. “Querían vender una imagen negativa de la caravana”, concluyen.

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