Mesa de Redacción

Desgastar la democracia

Por Joseba Santamaria - Jueves, 10 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Hay algo o mucho de perverso desde el punto de vista de los valores democráticos en la posición oficial de los grandes partidos respecto a las consecuencias éticas y políticas de los numerosos casos de corrupción. No sólo la presencia de investigados por corrupción en listas electorales o en cargos de dirección en los mismos partidos o el apoyo sistemático de los líderes a los implicados, hechos que inciden en esa visión de la democracia como un simple accidente que hay que superar cada cuatro años para mantener cotas de poder. Se trata sobre todo de que uno de los problemas más frecuentes a la hora de detectar, juzgar y valorar los casos de corrupción relacionados con la gestión del dinero público -además del confuso papel que el Código Penal otorga a estos delitos-, es la dificultad de reunir elementos objetivos que confirmen la existencia de tratos de favor o intereses clientelar es. Y es que la clave no suele estar en los documentos escritos, ni en los pliegos técnicos, sino en la maraña de relaciones personales, hilos directos, mediadores e influencias políticas que actúan en este tipo de negocios formando una tupida red de vínculos e intereses difícil de probar. De ahí el recurso fácil de los acusados al no sé, no lo recuerdo, yo no estaba allí. Se sienten protegidos por el amplio manto de impunidad de los suyos. Por eso la ética debiera ser el compromiso previo de salvaguarda democrática de la política. Pero eso les importa poco, más allá de los monótonos discursos bienintencionados contra la corrupción que no implican compromiso legal, político o ético alguno. Prefieren desgastar la democracia a desgastarse ellos.

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