Feria del Libro

Miguel Sánchez-Ostiz: “Para qué inventarse mundos imaginarios si está La Paz”

El escritor navarro presentó en la sede del Gobierno boliviano su libro ‘Chuquiago’

Yolanda Salazar - Miércoles, 16 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Miguel Sánchez-Ostiz, en una imagen tomada en su habitáculo de escritor en 2015.

Miguel Sánchez-Ostiz, en una imagen tomada en su habitáculo de escritor en 2015. (Iban Aguinaga)

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Miguel Sánchez-Ostiz, en una imagen tomada en su habitáculo de escritor en 2015.

La Paz- El escritor navarro Miguel Sánchez-Ostiz cuenta su historia de amor con La Paz en su libro Chuquiago, donde describe con intensidad sus recorridos por las calles paceñas y asegura que en las mismas no hace falta imaginar fantasías. “Aquí la realidad es fantasía, para qué inventarse mundos imaginarios si está La Paz. Cuando recorres sus calles uno está en permanente asombro de los lugares y de lo que dicen las personas, es un estado de maravillamiento”, afirmó Sánchez-Ostiz.

El novelista, ensayista y poeta, nacido en Pamplona en 1950, llegó la pasada semana por décima vez a esta ciudad, sede del Gobierno de Bolivia, en esta ocasión para presentar esa obra en la Feria Internacional del Libro.

Sánchez-Ostiz recordó que llegó por primera vez a Bolivia en 2004 procedente de Chile aprovechando que tenía una semana de descanso. Entonces conocía muy poco de la nación andina, cosas generales sobre el cuatro veces presidente Víctor Paz Estenssoro, la vida del barón del estaño Simón Patiño y sobre la ejecución del guerrillero Ernesto Che Guevara en 1967, en el sureste de Bolivia.

Evocó que el primer lugar que le impresionó de La Paz fue la Plaza San Francisco, que describe en su libro como “el auténtico vientre de la ciudad” donde las personas comen, beben, protestan, comercian, se reúnen y consultan a yatiris (chamanes aimaras). “Yo creo que esa plaza debería ser declarada como Patrimonio Intangible de la Humanidad. Es algo fascinante, yo no podía creer lo que he visto en esa plaza, vendían remedios contra la sífilis, la gente discutía sobre extraterrestres y la biblia y actuaban hasta payasos”, sostuvo el narrador hispano.

Después de recorrer muchas veces las arterias paceñas las define como una especie de “hormiguero urbano” por el movimiento que hay desde tempranas horas entre las ciudades de El Alto y La Paz, donde todos parecen cumplir una función, según dijo. La Paz, situada a 3.600 metros sobre el nivel del mar, con una geografía singular en una especie de cráter gigantesco, y El Alto, que está 400 metros más arriba, son dos ciudades unidas. “La Paz es cataclismática, la conjunción del vidrio, el metal, los rascacielos, las casas. La gente no tiene un orden, pero lo que transmite la ciudad es una sensación de vida, de vitalidad”, dijo.

Su primer acercamiento a las marchas y bloqueos, habituales en La Paz, sucedió en la calle Sagárnaga en la que un grupo de comunarios liderado por una mujer bloqueaba las calles para ser escuchados. La protesta que más recuerda es un bloqueo cerca del centro arqueológico Tiahuanaco, a 71 kilómetros de La Paz, en el que tuvo que ayudar a poner piedras en el camino para la manifestación, a cambio de que dejasen pasar su vehículo para volver a la ciudad.

Anécdotas Entre sus anécdotas de sus andanzas por calles paceñas también hay unas cuantas de las que ahora se ríe, que no quiere calificarlas de malas, sino como otra muestra de la peculiaridad de la ciudad. Unos falsos policías lo secuestraron para robarle el dinero y sus pertenencias para luego tirarlo en un barrio periférico. “Esas cosas suceden en todas las ciudades, pero incluso esas situaciones desagradables no me impulsan a hablar mal de La Paz, en realidad todas estas anécdotas me han hecho interesarme más en la ciudad”, sostuvo.

A quienes quieran conocer La Paz, el autor les recomienda despertar por completo sus sentidos y tomar en cuenta todos los ruidos, los aromas buenos y malos, los sabores y los paisajes. Agregó que la altitud ya no le asusta porque sabe cómo combatirla, que es “pijchando” o masticando las hojas de coca, como hacen sobre todo los indígenas de varias regiones del país.

El autor, que tiene varios ensayos, poemas y novelas en su haber, también publicó en 2008 Cuaderno boliviano, que es una crónica de sus viajes por varias regiones y ciudades bolivianas.