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la carta del día

¡Ah, si volásemos!

Por Ramón Doria Bajo - Jueves, 17 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la Audiencia Nacional ha denegado la concesión de la nacionalidad española a una extranjera, esposa de un nacionalizado y madre de varios hijos, porque aunque lleva en España 9 años y “se comporta de una manera normal en su convivencia cívica y sus costumbres son o pueden ser similares a las españolas... desconoce cualquier dato relevante relativo a la vida política y social de España... y desconoce la lengua española”.

Séneca hace 2000 años decía: “Debes cambiar de alma, no de clima”. “Importa más que el sitio, la disposición con que te acercas a él”. Y para culminar sus admoniciones a Lucilio, añadía: “No he nacido para un solo rincón;mi patria es todo el mundo visible”.

Nietzsche (1844-1900) dijo: “Si pudiéramos descubrir el origen de toda nuestra riqueza cultural, veríamos que por lo menos el 80% reside precisamente en esas diferencias de idioma que nos parecen tan perturbadoras”.

Pessoa (1888-1935) nos decía: “El supremo estado honroso para un hombre superior es no saber quién es el jefe de Estado de su país o si vive en una monarquía o en una república”.

Ante esos hechos y las afirmaciones de esos personajes -mundialmente reconocidos como sabios- bullen en mi cerebro algunas preguntas:

Si España es una país que recibe anualmente más de 60 millones de extranjeros (que la mayoría de ellos no conocen suficientemente el castellano), que permite que quienes compren casa de medio millón de € puedan nacionalizarse como españoles y además es un país en el que millones de extranjeros tienen su segunda residencia, ¿cómo es que no se les exige, a toda esa gente, que demuestren un alto conocimiento de nuestro idioma y nuestras vicisitudes políticas? ¿Acaso la Audiencia Nacional discrimina no por nacionalidad o raza sino por posición económica?

¡No me puedo creer que la Audiencia Nacional española sea simplemente clasista, porque entonces estaría conculcando el Artículo 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dice: “Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

¿Será acaso que la Audiencia Nacional está a las órdenes de ese gobierno al que le crecen los enanos corruptos por todos lados;al que le importa un pito que España sea de segunda velocidad en Europa;que aumenta el gasto en Defensa para reducirlo en Sanidad y Educación y que ralentiza la devolución de las cláusulas suelo?

Si eso fuera cierto, habríamos perdido otro de los pilares de la democracia: la independencia del Poder Judicial (ya perdimos el derecho a la objetividad informativa). ¡Claro, los tiempos cambian! Antes fuimos de la dictadura a la democracia y ahora vamos al revés. Pronto volveremos al NODO. De momento el “pan y circo” ya está instalado. Todas esas cuestiones se solventarían de raíz si los humanos volásemos: no hay fronteras para las aves.

El autor es notario en Marbella y aficionado a la ornitología

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