Imbécil gobierno huevón

Por Ilia Galán - Jueves, 17 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

es difícil demostrar algo para todos, después de tantos años gastando la vida en filosofías y combatiendo con argumentos, intentando desvelar algo de la verdad, pero a veces resulta fácil e incluso en política, donde la pasión manda mucho más que la razón, es posible lograrlo. El caso de una joven que sufrió en un autobús público de Palma de Mallorca cómo se masturbaba ante su presencia un tipo lo demuestra. Al denunciarlo, pese a haber grabado al infame impúdico, la policía explicó que no podía hacer nada. Las leyes no lo castigan. El tipo escogió sentarse al lado de ella, estando casi todo vacío, se extrajo el falo y empezó a menearlo. Piense el lector cómo puede sentirse si eso lo hiciera ante su abuela, su madre o su mujer... O ante una musulmana con velo. No es de extrañar entonces que algunos odien nuestra sociedad. La bestia de grosería e ignominia quedó libre porque lo hacía ante gente adulta. Estas son las leyes que desde hace años mantiene nuestro actual gobierno, el del Partido Popular, siguiendo la pútrida corriente que está deshaciendo España, la del PPSOE. El partido de derechas y “defensor” de las tradiciones hispánicas se deshace en corrupciones y es inoperante, como cuando cedió ante Bruselas y prohibió la venta de huevos frescos de campesinos para favorecer a las grandes industrias, las mismas que ahora han contaminado con pesticidas para piojos y pulgas los huevos de siete países europeos. La infección, engendrada en grandes granjas de Holanda, llegó a Francia, Reino Unido, Alemania, etc. En las aldeas, el que cultiva da o vende lo que él mismo come, como antaño. Pero esta es la abominable moda: dejar la vida del campo y nuestra organización en manos de grandes cadenas económicas que, además, nos envenenan los huevos. Luego sacrifican con escándalo miles de gallinas. Más gallinas son nuestros patéticos gobernantes, que dejan derrumbar la arquitectura de nuestra civilización para entregar sus escombros a multinacionales y degenerados, como el tipo que extraía su falo para meneárselo... Lo peor es permitido. En cambio, lo sensato, la vida tradicional de nuestras campiñas, se prohíbe, como prohibieron crucifijos y prohibirán la misma existencia a nuestros hijos, si esto continúa. Demostración de que no merecen gobernarnos: llevan años en el poder y en sus manos está hacer o deshacer leyes. Son culpables. Lo mismo que el joven infame que sacaba su testículo, su huevo, ante la erecta salchicha pornográfica sin complejo alguno. Los huevos envenenados de nuestro tiempo incuban las harpías que nos han de devorar luego: somos una civilización podrida, los gusanos más viciosos nos devoran poco a poco.

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