El ministro de Interior ningunea el trabajo de una ONG

Javier Orcajada del Castillo - Viernes, 18 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El ministro del Interior, fiel a su costumbre de meter la pata y ocultar los marrones en su propio corral, se ha tomado la licencia de llamar la atención a una ONG, cuya misión es salvar vidas de emigrantes que naufragan en el mar Mediterráneo. Le acusa de alentar a los náufragos a que se embarquen en pateras para arribar a Europa. Este insensible se toma la libertad de publicar unas declaraciones pintorescas que harían gracia por lo estrambóticas, si no fuera porque afectan a seres humanos cuyas vidas están en juego. Ante tal injusta acusación, Zoilo ha tenido que rectificar públicamente, argumentando con la siempre original disculpa de “sacar la frase del contexto”.

La protesta de estos heroicos y anónimos miembros de esa organización humanitaria fue inmediata y plena de sentido común, aunque algunos echaran de menos que los dirigentes de la ONG ofendida no lo hicieran con mayor contundencia y sirviera para poner en su sitio al ministro metepatas.

Aunque es preferible dejar como están las cosas, pues las imágenes cotidianas y patéticas de débiles balsas atestadas de gente, especialmente mujeres embarazadas, ancianos, y en varios casos de niños ahogados en las arenas de las playas, son suficientemente elocuentes como para evidenciar la calaña del ministro.

Sin embargo, las crueles imágenes que publican los medios de difusión provocan en las conciencias de la población la indiferencia general. Solo es un espectáculo macabro para algunos concienciados a los que les produce lástima y mala conciencia. Se sorprenden de que no se le exijan responsabilidades por esas ingeniosas declaraciones del ministro que hacen que esas tragedias humanitarias sean consideradas como frivolidades a falta de noticias más interesantes, como fichajes de deportistas de élite, la boda o el embarazo de la prestigiosa artista de El tomate que se populariza enseñando sus ubres.

Mientras, los insensibles tecnócratas de Bruselas miran para otro lado cuando se publica la cotidiana noticia de la barcaza que naufraga y los miembros de las ONG que se ocupan de su milagrosa y desesperada tarea. Esos altos y fríos ejecutivos de la UE quizá estén disfrutando lujosas vacaciones en alguna costa del mar Mediterráneo, no lejos de la zona en la que las ONG van recogiendo cadáveres de seres humanos ahogados o a supervivientes en estado crítico que se salvarán gracias a la anónima colaboración de esos ejemplares voluntarios vituperados por nuestro falto de humanidad ministro del Interior.

¿Aceptará Zoilo la invitación de los miembros de la ONG a la que él acusaba para que se embarque en una de sus lanchas de rescate para que compruebe en vivo y en directo cómo asumen riesgos para realizar sus arriesgadas operaciones de salvamento? Seguramente que no, pues tiene que preparar la compleja estrategia del desembarco de la Guardia Civil para detener a todos los separatistas catalanes.