la carta del día

¡Morante se va...! ¡Que se vaya!

Por Cecilio Vierge - Viernes, 18 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La prensa taurina anunció estos días pasados que el torero Morante de la Puebla se retira de los ruedos porque parece ser, y es verdad, que el famoso torero ha ganado mucho dinero en su carrera taurina, estafando al público que paga por ir a verle. Ahora dice que su adiós a los ruedos es “de forma” indefinida, harto del tamaño del toro “que va contra el arte”. “Ya no puedo más” dijo tras su desafortunada tarde en el Puerto de Santa María el pasado día 13 de agosto. Donde su compañero de cartel El Juli cortó cinco orejas y un rabo a los mismos toros que él obtuvo tremendo fracaso.

En cierta ocasión (año 1974 en La Gaceta del Norte) le hacían una entrevista al que fue gran torero de principios del siglo pasado, Antonio Márquez, donde el entrevistador de turno le preguntaba su opinión por el torero de Camas, Curro Romero, a lo que Antonio Márquez respondió: “Curro Romero es como la lotería”, “Cuando torea le toca a uno el gordo”.

Y era verdad, cuando alguna vez Curro destapaba el famoso tarro de las esencias, no había nadie como él. Ahora, eso sí, había que seguirlo diez o quince tardes seguidas para verle hacer un buen quite o una buena tanda de muletazos. Sabemos que los toreros llamados “de arte” siempre han sido así. Medrosos, les cuesta encontrarse a sí mismos, que se sienten en ocasiones perdidos y no son capaces de desentrañar su propio misterio, pero no por culpa de los demás como quiere hacernos creer el torero Morante de la Puebla.

Este torero, en compañía de sus apoderados y empresarios taurinos, ha hecho más daño al espectáculo de los toros que todos los malos toreros juntos, debido a que ha sido el profesional del toreo que más pegas ha puesto en práctica para engañar a los públicos, sugestionados por una propaganda que fabrica plétoras de éxitos que solo existen en la imaginación calenturienta de algunos. Lo que significa llegar a la cúspide de la gloria de una forma ficticia, o sea, en plan fenómeno pero sin aportar nada nuevo, y lo que es peor, no medrar más que por sus interés personal sin importarle un comino la llamada fiesta y menos los derechos de la afición que paga para verlos.

Este torero ha hecho más daño al espectáculo de los toros que todos los malos toreros juntos

Si no quiere toros con trapío, serios y con casta, ¡que se vaya a practicar el toreo de salón a los teatros!

Está claro que Morante no siente el orgullo de ser torero como lo sentían tanto los toreros antiguos como muchos de los de ahora, que asombraban a las multitudes y asombran con su valor y dominio, y sobre todo con su inmensa afición, que se desbordaba a raudales por el ruedo, enfrentándose con el toro de verdad en noble competencia con ese animal de bella estampa y salvaje bravura que constituye la base primordial de este espectáculo.

Las tardes de Morante apenas dan lugar para la alegría. Pasando como una sombra en la mayoría de las plazas que torea e inhibiéndose por completo. La mayoría de las tardes que este torero ha toreado se pueden redactar de la siguiente manera: toro inválido, sin recorrido alguno. Morante hace como si fuese a torear, muestra que no es posible, con ese toro;machetea, mata mal y concluye su labor sin despeinarse. Una bronca más del público que se la lleva el viento.

Es la tercera vez en su carrera que este torero anuncia su retirada. Siempre precedida de grandes fracasos como el de esta temporada: sin triunfos en sus cuatro tardes en Sevilla ni en su regreso a Madrid. Solo algún destello en algunas plazas de poca entidad como Illescas o Arévalo. Lo cual debería ser honrado consigo mismo y decir la verdadera causa de la retirada. Estaba horroroso ante el toro y era un fraude al aficionado pagar por verle. Con una incapacidad manifiesta desde siempre para la lidia, salvo con algún toro inválido o moribundo.

Morante volverá otra vez. Sin duda. Pero hace falta cara dura para decir que su marcha obedece a la actuación de presidentes y veterinarios, algo que produce sonrojo y es poco edificante para su prestigio profesional. Si no quiere toros con trapío, serios y con casta, ¡que se vaya a practicar el toreo de salón a los teatros!

Morante, dice que se va… ¡Que se vaya!

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