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El renacer de ‘la Chantreilla’

Varios vecinos y vecinas de esta zona de Burlada se reunieron ayer después de 35 años para recordar las fiestas que impulsaron en 1982

Sara Huarte / Oskar Montero - Sábado, 19 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

A la reunión, además de los creadores y protagonistas de las fiestas, también acudieron vecinos y familiares.

A la reunión, además de los creadores y protagonistas de las fiestas, también acudieron vecinos y familiares. (Oskar Montero)

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A la reunión, además de los creadores y protagonistas de las fiestas, también acudieron vecinos y familiares.

Burlada- Corría el año 1982 cuando La Chantreilla de Burlada, conocida en aquel entonces como calle Federico Mayo y actual calle Auzolan, se convirtió en el mudo escenario del nacimiento de una tradición improvisada;unas fiestas propias que llegaron al mundo amparadas en la ilusión de cinco txikis: Oskar Montero, Joseba Rodero, Imelda Zubiate, Edorta Asiáin y Mikel Gulina.

Una ilusión que ayer recordaban junto a Elena Zubiate, Iñaki Goikoetxea, Igor Tirapu, Juan, Arantxa y Begoña Urra, Kike Cenoz, David y Trini Elustondo, Alfonso Zunzarren, Juan Cruz Ustarroz, Jokin y María Gil, Virginia Erburu y Roberto Tolentino El grupo con el que hace 35 años instauraron y disfrutaron las fiestas de La Chantreilla en el mismo lugar en el que ahora, alrededor de una mesa situada en medio de la calle y frente al patio que otrora hicieron suyo, recuerdan. “El patio de Edorta era el epicentro de la fiesta, se llenaba de gente”, comenta Joseba Rodero, rememorando los días de verano sin fin en los que por la mañana jugaban a torear y por la tarde celebraban funciones de teatro, como, por ejemplo, el espectáculo de los Tricicle.

No obstante, y a pesar de que con el paso de los años la oferta fue creciendo y diversificándose con actividades como olimpiadas, bailes o sorteos, durante los cuatro años que los txikis de este “barrio” mantuvieron esta tradición hubo un elemento clave y constante: los gigantes. El primero lo construyeron con una escalera y una caja de detergente Dixan, “para la cabeza”, explican. Sin embargo, al poco tiempo Sabino Ros, vecino del barrio y fiel testigo de sus andanzas arriba y abajo con la precaria figura a hombros, decidió ayudarles y construir el armazón de dos gigantes.

“El primer año los cubrimos con telas y sábanas y, luego, María Arroyo, vecina y abuela, nos hizo un traje para cada gigante”, explican “los originales”, que comenzaron siendo unos 10 o 12 en las primeros años y terminaron por atraer a primos y familiares de Pamplona y otras zonas de la Comarca. “Al final, a los que vivíamos aquí se nos sumaban amigos, primos y conocidos. En uno de los concursos de disfraces llegamos a ser unos 60”, abunda Imelda, que en aquella época llegó a ostentar el título de “alcaldesa de La Chantreilla” y aún recuerda la canción que escribieron por y para Sabino Ros, como agradecimiento por su ayuda y dedicación en la construcción de los gigantes. “Le hicimos una placa con un escrito como homenaje: No es Tadeo Amorena, es Sabino Ros, vive en Burlada y los gigantes nos construyó. A él le bailamos contentos y con mucha ilusión, porque este es el barrio más chulo de toda la región”, recita Imelda, mientras los demás recuerdan cómo, tras su deceso, volvieron a homenajear al creador de esta pequeña comparsa.

Y es que en La Chantreilla la afición por los gigantes y sus elegantes bailes eran una constante compartida por casi todos sus vecinos, que de una manera u otra colaboraban con estas fiestas. Sabino con su paciencia transformada en dos gigantes, los vecinos y comerciantes, como la Carnicería Iriguíbel o Ultramarinos Javier, con patrocinios y donaciones para las fiestas y los chavales del barrio, “ya mayores para participar en las fiestas”, ampliando la familia con dos cabezudos: Verrugas y Explorador. “Ellos estaban dentro de la Comparsa de Burlada y nos trajeron dos cabezudos viejos, porque teníamos mucha afición por los gigantes”, aseguran “los originales, destacando con orgullo que de aquellos chavales que en el 82 revolucionaban el barrio y a sus vecinos con sus fiestas y dos peñas Alevín y El Botijo, son varios los que han acabado bailando a los colosos de la Comparsa campanera.

Ahora, el nuevo objetivo de este grupo de burladeses de nacimiento y corazón es repetir la reunión el año que viene. “Sería bonito invitar a los vecinos, a los de antes y a los de ahora”, confiesa Imelda.