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Transformando el Horno

la artista de ‘mapamundistas’ françoise vanneraud invita a experimentar el impacto humano en el territorio

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Mikel Saiz - Sábado, 19 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Influenciada en parte por estos tiempos de éxodos y desplazamientos, y en parte también por su propia biografía -es nacida en Francia pero vive en Madrid- y por la importancia que ha tenido en su vida “el andar”, Françoise Vanneraud lleva más de cinco años trabajando a través del arte el tema de las migraciones, los movimientos humanos de territorio a territorio y, más recientemente, el paisaje y la geología.

En esta línea se enmarca la instalación que la artista ha creado expresamente para el Horno de la Ciudadela, en el marco del programa Mapamundistas, dedicado esta edición al acto de caminar. Bajo el títuloLa travesía, Vanneraud ha creado un suelo para el Horno consistente en un mosaico de azulejos serigrafiados y concebidos para que el visitante deje su huella en él y lo transforme. “La idea era trabajar sobre un mapa bidimensional y reproducirlo en azulejos. Cuando la gente entre en la sala, se va a romper y esta geografía bidimensional se va a transformar realmente en territorios en tres dimensiones, porque va a crear incidentes al romperse”, cuenta la artista. Ha elegido el mapa de un territorio del pirineo navarro, concretamente una zona montañosa localizada entre Lizaso y Zubiri, que ha trasladado mediante la serigrafía al mosaico de azulejos en blanco y negro con ríos, lagos y altitudes, que cambia completamente el ambiente y la iluminación de la sala circular de la Ciudadela.

“Se propone que sea el espectador el que camine sobre la obra y la vaya rompiendo y haciendo a la vez”, dice la comisaria de Mapamundistas, Alexandra Baurès, sobre esta instalación que simboliza el impacto del ser humano sobre el territorio y el impacto del territorio en el ser humano. “Lo que me interesa bastante es que, al tener un eco impresionante esta sala, cada vez que se rompan los azulejos va a sonar como una detonación, y eso tendrá un impacto en el visitante. Seguramente habrá quien salte más o pise más fuerte, y quien, al contrario, se detenga o lo haga más suavemente”, apuntó Françoise Vanneraud, quien con esta instalación habla también de “la diferencia que hay entre paisaje y territorio: el paisaje sería lo que vemos y el territorio lo que recogemos, lo que ya existe e indica la marcha”. La artista anima a que los visitantes “entren sin saber muy bien lo que van a econtrarse y pisen y de repente rompan y experimenten, tanto el ruido como el caminar”.

La instalación se ha creado en Pamplona, y ha sido un proceso costoso que ha contado con el apoyo de dos empresas navarras: Navagres, que ha regalado las cerámicas blancas para crear el mosaico, y Serigrafía Redín, que hizo varias pruebas técnicas para posibilitar el serigrafiado, porque el azulejo es un material que está protegido justamente para no mancharse, y aquí había que dibujar sobre él con tinta.

Desde que se inauguró ayer por la tarde, La travesía ya está en manos -en pies, mejor dicho- de los visitantes. La relación causa-efecto hará que la intensidad del uso de la obra artística marque su nivel de deterioro-transformación, llegando incluso a su destrucción final. La artista lleva así hasta sus últimas consecuencias la metáfora del ser humano como agente del cambio.

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