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la carta del día

Pamplona / Casco Viejo

Por José Antonio Lezaun - Sábado, 19 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

demasiados días al mes, los equipos musicales de no pocos establecimientos del Casco Viejo de Iruña son los responsables del alucinante nivel de ruido de nuestras calles, convertido en monótona y nociva cacofonía en nuestros domicilios. Esto ya dura demasiado y va para largo. Una denuncia por ruidos contra un local que no esté ubicado en tu edificio no tiene ninguna posibilidad de prosperar con este Ayuntamiento. ¿Para qué denunciar?, últimamente no lo he hecho. El motivo, creer que al hacerlo añadiría a la desesperación de no poder descansar una impotencia que no haría sino aumentar mi taquicardia.

Mala cosa esa de no denunciar. La impotencia no es añadida, sino que está ahí y unida a la desesperación es mala consejera en cuanto a la búsqueda de posibles soluciones. En ese tiempo reflexionas sobre unos temas que solo el plantearlos puede ser perverso: ¿por qué, para qué, para quién o a cambio de qué? También hay reflexiones que te llevan a la incredulidad. A mí, que creo más en los milagros que en las casualidades, me cuesta creer que sea producto del azar la cantidad de veces que el residente se ve despojado de la protección de las leyes como consecuencia de decisiones tomadas desde el Ayuntamiento. Es lo que tiene que te obliguen a estar despierto a ciertas horas de la noche.

Me he propuesto, como terapia, utilizar esas horas de obligada vigilia para denunciar ante la opinión pública y donde haga falta aquellas decisiones municipales que conlleven una inusitada impunidad para el sector hostelero. Un ejemplo: si el local o locales que imposibilitan tu descanso no forman parte de tu edificio, da igual si llamas o no al 092 para denunciar el delito, no se hacen sonometrías externas.

La lógica de la que se sirven: si se hace la medición en el exterior del edificio afectado, lo que se estaría midiendo sería la concentración de la contaminación acústica en un lugar y en un momento concreto, de la que podría haber uno o varios responsables.

Buena premisa para una nefasta decisión: dada la escasa posibilidad de sancionar al infractor, hacer esas sonometrías es una pérdida de tiempo. Conclusión: no se hacen.

Resultado: locales aptos solo como pequeños bares de poteo o cafeterías se convierten durante gran parte de la noche en ruidosas discotecas nocturnas.

Pues eso: impunidad y negocio para el infractor e indefensión para el residente.

Las sonometrías externas están regladas por normativa y para el Decreto Foral 135-1989, tan nivel sonoro exterior es el que se mide en el límite de la propiedad de la actividad productora del ruido, como el que se cuantifica en el exterior del edificio afectado. Cada uno vale para lo que vale. Uno, para constatar que el establecimiento no sobrepasa el nivel sonoro exterior “a partir del cual no se permite el funcionamiento de actividades o instalaciones”. El otro, para cuantificar el grado de molestia a los vecinos en un lugar determinado.

¿Existe la norma y dicen que no hay un protocolo de actuación para medir el ruido y proteger a los vecinos? De lo que ho hay duda es que de existir esa medición oficial, además de mostrar ante la opinión pública y ante otras instancias el grado de molestia que sufrimos los residentes, ese dato nos capacitaría para obligar a este Ayuntamiento a inspeccionar la zona para que desaparezcan aquellas actividades o instalaciones “no permitidas por sobrepasar el nivel sonoro exterior autorizado”.

Con estas y parecidas mimbres ¿les extraña el éxodo de los vecinos? Esta pretendida dinaminación de nuestro barrio más parece acoso inmobiliario a gran escala.

Dada la incapacidad de este Ayuntamiento para garantizar a los vecinos el ejercicio de sus más elementales derechos y mientras dure el impás municipal, al menos yo, me dirigiré al Gobierno Foral. Que sean ellos los que atiendan las quejas y realicen las inspecciones necesarias para normalizar una situación que a este Consistorio se le ha ido de las manos.

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