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Navarros en el infierno

Seis navarros que fueron testigos directos del ataque perpetrado en Cambrils, en la madrugada del viernes por el mismo comando que provocó la masacre de La Rambla, cuentan sus duras vivencias

Sábado, 19 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La Guardia Civil y los Mossos examinan el paseo marítimo de Cambrils, donde se produjo un atentado durante la madrugada del viernes.

La Guardia Civil y los Mossos examinan el paseo marítimo de Cambrils, donde se produjo un atentado durante la madrugada del viernes. (EFE)

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  • La Guardia Civil y los Mossos examinan el paseo marítimo de Cambrils, donde se produjo un atentado durante la madrugada del viernes.

pamplona- Cambrils es un destino turístico habitual para muchos navarros que buscan en la pequeña localidad tarraconense una estancia tranquila de sol y playa. No era en ningún punto previsible que cinco terroristas armados con cuchillos irrumpiesen a toda velocidad en el Paseo de las Palmeras, el paseo marítimo de Cambrils, con la intención de prolongar la carnicería que, solo unas horas antes, habían comenzado en Las Ramblas de Barcelona, dejando un reguero de 14 muertos y un centenar de heridos. Seis navarros que durante la fatídica madrugada del viernes se encontraban en el paseo marítimo de Cambrils cuentan para DIARIO DE NOTICIAS qué supuso presenciar un atentado que se saldó con un muerto, seis heridos, y los cinco terroristas abatidos por los Mossos de Escuadra, que por fortuna se encontraban a escasos metros del lugar de los hechos. - D.N.

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“De no ser por los mossos, podrían haber acuchillado a gente como quien corta naranjas”

pamplona- Un cúmulo de casualidades evitó que Cambrils fuese el escenario de una masacre terrorista similar a la que, solo unas horas antes, había sacudido Las Ramblas de Barcelona. Pasaba la una de la madrugada cuando un coche, cargado con cinco terroristas, irrumpía a toda velocidad en el paseo marítimo del municipio tarraconense, hiriendo a seis personas antes de volcar frente a una patrulla de los Mossos de Escuadra. La policía consiguió neutralizar a cuatro terroristas apenas salieron del coche, pero no pudo evitar que un quinto, en su huida, asesinase a una turista.

Jorge Salazar, vitoriano de 23 años pero residente en Pamplona, donde estudia Económicas en la UPNA, era una de las personas que engrosaba las filas que esperaban al transporte público cuando sucedió todo. Junto con sus dos hermanos, fue testigo directo de un ataque espeluznante, pero que sin duda “podría haber sido una auténtica barbaridad”. Exhausto tras una noche en la que no ha dormido bien, Salazar reconstruye a través del teléfono el momento exacto en el que comenzó todo. “Estábamos en el bar Kupela, muy cerca de la rotonda, cuando decidimos acercanos a la parada del taxi”, recuerda. Era casi la una de la madrugada.

Justo cuando se disponían a embarcar, Salazar vio cómo un coche se dirigía hacia la rotonda “a toda hostia”. A su juicio, el vehículo no iba a menos de 120 kilómetos por hora. En ese momento, ni Salazar ni nadie sabía que el coche, un Audi A3 según algunos medios catalanes, estaba ocupado por cinco terroristas armados con cuchillos y equipados con una especie de cinturones con los que querían simular un explosivo. “Yo en el momento no pensé que era un atentado, ni mucho menos. Pensaba que sería un borracho”, indica. Pero los hechos posteriores confirmaron sus peores presagios. El coche intentó acometer la trazada de la rotonda y embestir al grupo “de 50 o 70 personas que esperaba en la parada del autobús”, pero antes siquiera de dar la vuelta perdió el control, volcando en la mediana e hiriendo solo a seis personas. “En ese momento yo, que estaba a unos metros en la parada del taxi, me quedé cuatro o cinco segundos con la mirada fija en el accidente. Fue tremendo, como el que podría verse en una autopista”.

La confusión se adueñó del paseo maritimo, que terminó de entrar en pánico cuando del volcado vehículo se apearon los cinco terroristas armados con cuchillos. Fue en ese momento cuando la segunda casualidad quiso que, a la salida de la rotonda, se encontrase una patrulla de los Mossos de Escuadra, que la emprendieron a tiros nada más ver a los sospechosos armados. Entonces empezó el caos. “La gente corría despavorida, hacia la playa, dirección Salou, fue un caos”, resume Salazar. Su hermana se refugió en el bar Kupela;su hermano decidió correr hacia el interior del pueblo;y él optó por bordear otro bar cercano y refugiarse detrás de una gran jardinera de hormigón.

Desde allí siguió el tiroteo, en el que al menos escuchó 20 disparos. “En ese momento no sabía si eran los terroristas o la policía, y yo mucho no saqué la cabeza para comprobarlo”, indica, con cierta retranca. Aguardó parapetado hasta que cesaron unos tiros que, sin embargo, volvieron al poco. “La situación pareció calmarse, pero enseguida se escucharon más tiros y entonces ya corrí sin mirar atrás”. Salazar encaró el interior del pueblo, donde pudo ponerse en contacto con sus hermanos y volver hacia su apartamento. “Un camino que de normal nos hubiese costado 15 minutos nos ocupó media hora, porque dimos una vuelta maja” para evitar la zona. A esa hora, desconocían si el tiroteo había cesado. “No quisimos jugárnosla por si algún terrorista se había quedado suelto y decidimos volver, un rato andando y otros corriendo, desconfiando de todos los coches”, afirma, antes de llegar “exhaustos, con el corazón a doscientos” a casa.

A juicio de Salazar, el accidente de los terroristas y la presencia de los mossos -“que hicieron un gran trabajo”, enfatiza- evitó males mayores. “Si el objetivo era atropellar, podría haber sido una auténtica barbaridad”, considera. “Pero si no llega a ser por los Mossos, que estaban allí de patrulla porque esa zona es el corazón de Cambrils, los terroristas podrían haber empezado a acuchillar gente como quien corta naranjas”, resume. - A.I.R.

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