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Sabores de Siria en mitad de la fiesta

El refugiado de Alepo afincado en Pamplona Abdul Razak ha ofrecido y ofrece platos de su país en las txoznas de San Fermín, Estella, Burlada y Tafalla

Mikel Bernués / Unai Beroiz - Sábado, 19 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Abdul Razak y Sara Al Ahmad, refugiados sirios afincados en Pamplona y Vitoria respectivamente, en su puesto de comida en las txoznas de Tafalla.

Abdul Razak y Sara Al Ahmad, refugiados sirios afincados en Pamplona y Vitoria respectivamente, en su puesto de comida en las txoznas de Tafalla. (Unai Beroiz)

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Abdul Razak y Sara Al Ahmad, refugiados sirios afincados en Pamplona y Vitoria respectivamente, en su puesto de comida en las txoznas de Tafalla.

tafalla- “Tenemos fuerza, mente, salud... tenemos de todo. ¿Por qué no trabajamos entonces? Solo nos falta una oportunidad, porque podemos hacer muchas cosas”, explica Abdul Razak desde su puesto de comida en las txoznas de Tafalla. Un rincón con sabor a su tierra en mitad del jolgorio festivo. Justo en frente, de la fachada de la casa de cultura cuelga una pancarta que dice Tafalla ciudad de acogida. Bienvenid@os refugiad@s. Ongi etorri errefuxiatuak.

Este sirio de 35 años convivió más de tres con la muerte en su Alepo natal;después decidió huir rumbo a Europa. Desde Turquía cruzó el mar en una balsa y vivió en un campo de refugiados en Grecia hasta que hace un año llegó a Pamplona gracias al programa de acogida de Cruz Roja. En este tiempo se ha apañado de sobra para desenvolverse con soltura en castellano.

“Tengo muchos amigos en Pamplona. Ellos han comido en mi casa y me dijeron: ‘Abdul, tienes muy buena mano para la comida, deberías hacer algo para venderla’. Desde ese día, hace unos dos meses, lo estuve pensando”, cuenta. “Estoy buscando un trabajo normal, como he hecho antes. Pero los refugiados tenemos muchas dificultades: el carné de conducir, el idioma... buscas y buscas, pero si no tienes relaciones con las empresas o con la gente no puedes encontrar. Está difícil. Y tampoco tenemos ganas de esperar en la casa y coger el dinero de las ayudas del gobierno. A los sirios no nos gusta quedarnos sentados y tomar el dinero de otro;tampoco de nuestros padres. Yo, por ejemplo, empecé a trabajar a los 14 años”, asegura.

Así que, con toda la intención de ganarse la vida con su trabajo, la idea de sacarles rendimiento a sus habilidades en la cocina y la ayuda de amigos, Abdul se agenció una mesa para vender falafel durante unas horas en el espacio de Antoniutti destinado a los colectivos sociales en San Fermín. “Fue muy bien. A la gente le gustó la comida y hablé con amigos: si hay alguna otra fiesta, me voy a ir allí”, explica.

Fue su primera incursión culinaria en la fiesta. Después llegó Estella y ahora Tafalla y Burlada simultáneamente. Y si tiene suerte y le dejan, San Fermín txikito, Alsasua, Villava o Huarte serán las siguientes. “Estoy contento porque es una oportunidad muy buena para trabajar. Empezamos tres y ahora entre Estella y Burlada estamos ocho. Todos refugiados que hasta ahora no teníamos un futuro aquí”.

falafel y fatayerPasta de garbanzo y bien de especias (comino, ajo o cilantro) flotando en una olla de aceite hirviendo conforman “la comida más famosa del mundo árabe”. El falafel se mete después en “pan a nuestra manera” se le añade “una salsa especial con zumo de sésamo con yogur, limón, sal...”, lechuga y tomate. Y a comer. “¡Qué sabor tiene este falafel!”, dice Abdul que le comentan.

Además, Abdul y Sara Al Ahmad, joven de 17 años también de Alepo, también refugiada y que le acompaña en Tafalla, preparan varios tipos de fatayer, menos conocido por aquí y casi igual de famoso por allá. “Es más complicado de hacer”, explica Abdul. Para empezar, porque la base de esta especie de pizza se hace con harina de trigo sobre una sartén al fuego puesta del revés. Venden varios tipos: más o menos picante, vegetariano, de carne “y otro con sabor ácido y 25 materiales, pero suave”, dice Sara.

“Hay gente a la que le da miedo probar comida nueva”, asegura de nuevo Abdul. “Pero cuando la prueban comen otra vez, vienen con los niños o con los amigos... eso es lo importante”. Y cuenta que tuvo especial éxito en fiestas de Estella. “Salió perfecto. Hubo gente que comió el primer día, el siguiente, el tercero...”.

Abdul destaca “el cariño” que ha recibido y lo ejemplifica con tres nombres propios: Izaro, “una mujer muy maja con la que tengo muy buena relación y que me ayudó a coger este sitio”, la presidenta del CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) Idoia, que le puso en contacto con el grupo de Estella, o Maite, “que se encarga de esta txozna. Ellos también me dieron la oportunidad de estar aquí”.

La intención de Abdul es abrir un restaurante en Pamplona, “una ciudad en la que me encanta vivir, tengo amigos y muchas cosas para disfrutarla”. Pero, para ello, sabe que necesita “mucho dinero” que ahora no tiene. Así que pide ayuda a cualquier colectivo que monte su txozna por las fiestas de Navarra. No quiere dinero. Quiere un hueco para plantar una olla y seguir calmando estómagos con su falafel y fatayer.