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Juez de línea

El peso de la púrpura

Por Félix Monreal - Domingo, 20 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Diego Martínez da instrucciones.

Diego Martínez da instrucciones. (Foto: Javier Bergasa/Mikel Saiz)

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Diego Martínez da instrucciones.

Pudo ser la ansiedad por el debut y por tanto debutante;pudo ser la falta de puesta a punto, de acabar de encajar tanto volumen de piezas nuevas;pudo ser la adaptación a un nuevo método y a otros conceptos;pudo ser, en fin, el peso de la púrpura, la obligación de cumplir desde el primer partido con esa condición de equipo diseñado para el ascenso, de haberse presentado en la salida como favorito. El caso es que Osasuna no respondió a lo que la afición y los observadores de la categoría esperaban;los rojillos desvelaron pocas cosas nuevas sobre el estereotipo habitual de este equipo, no consiguieron mandar en el juego, atacaron a golpe de entusiasmo más que de sistematización (solo apareció en el 1-0 y en alguna acción de la primera media hora) y concedieron un gol en la única oportunidad del Sevilla Atlético. La ansiedad atenazó a los futbolistas locales, enzarzados en demasiadas disputas físicas y verbales con unos rivales que nunca aparecieron incómodos ante la propuesta plana de los hombres de Diego Martínez. Osasuna careció de profundidad y solo la aparición de Clerc saltó el sistema defensivo sevillista;los intentos de Roberto Torres y del impetuoso Arzura por romper líneas provocaron más instantes de sorpresa que de auténtico peligro porque carecieron de acompañamiento o de una acertada resolución. La imposibilidad de encontrar caminos por los costados quedó evidente en el inusual número de disparos desde fuera del área. Esta vez tampoco cuajó la estrategia y en la mejor ejecución a balón parado el juez de línea demostró tener más ojo que el colegiado principal y anuló un gol a Unai García por los pelos, y nunca mejor dicho porque la imagen de televisión muestra que tenía la cabeza más adelantada, que es con la que acaba rematando. Así las cosas, el empate es un ni para mi ni para ti, no solo en cuanto al punto sumado sino porque tampoco ayuda a descifrar, a las primeras de cambio, por donde puede transitar este Osasuna al que quizá le pudo ayer el peso de la púrpura.

Debe mejorar.- La idea de Diego Martínez no ha tomado cuerpo. El Sevilla Atlético se parecía más a lo que quiere el entrenador rojillo (aún queda su impronta después de tres años) que su actual equipo. A mí, por momentos, este Osasuna me recordaba al Zaragoza de las últimas temporadas, un conjunto en constante cambio cada verano, eterno candidato, con buenos futbolistas, pero que no es capaz de asentar un estilo que lo identifique y le haga creíble. Pudo ser un espejismo pero son señales que ayer transmitió el reinventado Osasuna. Es cierto que hay cosas que no funcionaron correctamente;Oier sufrió mucho en su banda, donde el Sevilla Atlético olió la sangre e hincó el diente una y otra vez;Arzura realiza un notable despliegue físico pero ayer no mandó en su espacio como lo hace Fausto;Fran Mérida se multiplicó en las ayudas y salida de balón, pero sus pases no encontraron profundidad;De las Cuevas se quedó sin oxígeno antes de llegar a provocar situaciones de desequilibrio en el uno contra uno;y a Quique solo le llegó un balón para rematar en toda la tarde.

La presión.-Osasuna tendrá que jugar con las cartas que ha repartido. Va de mano y los rivales intentarán saltar la banca. Lo que es un buen empate para el Sevilla Atlético son dos puntos menos para los rojillos. Ese es el resumen apresurado del partido. Osasuna debe asumir esa presión que se ha autoimpuesto y en la que no perder en el arranque genera más dudas que buenas expectativas. Recordar lo larga que es esta Liga no es sé si es un estímulo o una prevención. Sea lo que fuere, no hay marcha atrás.

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