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Los supremacistas blancos

Por José Luis Úriz Iglesias - Lunes, 21 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Lo ocurrido en Charlottesville en el Estado de Virgina de EEUU nos debería hacer reflexionar a todos, no solo a la ciudadanía americana del norte. Conviene señalar nombre y adjetivo, porque quizás mucho de lo que ocurre allí tiene que ver con la manera que les consideramos el resto del mundo. No son los americanos, porque también lo son los chilenos, jamaicanos, dominicanos o cubanos. Es más, si siquiera lo son del norte porque Canadá comparte con ellos esa condición. Son simplemente estadounidenses de parte del norte.

Esa prepotencia que abarca a mucha parte de su población, sea blanca, negra o latina, alcanza su máximo esplendor, su carácter supremo cuando lo circunscribimos a un grupo selecto de sus vecinos de raza blanca, de ahí los terribles sucesos ocurridos en Virginia, como hace años pasó, en Boston, o más lejos en el tiempo en Alabama o Texas.

Quizás ese sentimiento racista y xenófobo con tintes fascistoides de la América profunda sea el causante de que un joven blanco repleto de ira coja su coche y lo lance a toda velocidad contra una multitud, curiosamente de blancos y negros mezclados, de manifestantes antifascistas plurales.

Ha habido una muerta y más de 50 heridos, a la que hay que añadir otros dos policías fallecidos fruto de un accidente, pero podía haberse incrementado esa cifra exponencialmente. Esa imagen curiosamente recuerda a la que producen otros fascistas, en este caso islámicos, que hacen lo mismo en las ciudades europeas. Los extremos así se tocan.

Pero quizás lo más grave haya sido el comportamiento cínico de su primer mandatario, que después de unos instantes de duda obscena sobre si condenar estos actos, al final lo hizo producto de la presión social con ambigüedad equiparando a ambos bandos. Con un dirigente así cualquier cosa puede ocurrir allí y también fuera de su territorio.

Pero algunos de los que se escandalizan por lo ocurrido en Virginia deberían mirar su comportamiento aquí. ¿Qué diferencia hay entre esos supremacistas de EEUU y quienes consideran que los españoles tienen supremacía sobre los catalanes y vascos, o quienes de entre estos consideran que los vascos o catalanes tienen supremacía sobre los españoles?

Probablemente ninguna, porque en todos esos especímenes encontraremos a poco que rasquemos rasgos típicamente fascistoides y xenófobos. Nadie es superior a nadie y solo desde el respeto al diferente es posible construir un mundo mejor.

Charlottesville debe servir de ejemplo, también en nuestro país, de lo que no debemos hacer, de comportamientos que debemos erradicar. Porque de lo contrario nos exponemos a lo que en estos instantes sucede allí, que un suceso local va a acabar convirtiéndose en un pavoroso incendio de consecuencias imprevisibles.

Qué diferencia existe entre esos supremacistas que fueron a montar la bronca en Virginia y los de Arran que la montan en Palma de Mallorca o los de Ernai que lo hacen por las calles de Donosti. Seguramente poca o ninguna. Descerebrados supremacistas en todos los casos.

Si no somos conscientes de que la raza, el color, la nacionalidad son frutos de la casualidad, no avanzaremos nada. Que hemos nacido en Madrid, Barcelona, Oñate, o Leitza por puro azar del destino y que solo la ideología y no la identidad nos diferencia.

Los demócratas madrileños somos diferentes, muy diferentes de los fascistas madrileños, como lo son los gerundenses o guipuzcoanos. Esa es la diferencia real y debemos asumirlo así antes de caer por el abismo de la insensatez y la locura.

Veremos…

El autor es exparlamentario y concejal del PSN-PSOE

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