la carta del día

Tanto va el cántaro a la fuente...

Por Juan Dopazo - Martes, 22 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

lo que ha ocurrido estos días atrás en el aeropuerto del Prat es el resultado de años de abusos, por parte de la seguridad privada en general, hacia sus trabajadores.

Casi todas las empresas de seguridad privada tienen por costumbre explotar a los trabajadores de una forma o de todas las posibles y el sector lo asumía ya que parecía que otros estaban peor. Pero el error de Eulen ha sido realizar esa explotación y abuso en un lugar de trabajo donde la plantilla de vigilantes de seguridad es muy numerosa y claro ¡por fin! los vigilantes han dicho: “¡Hasta aquí hemos llegado!”. Por ejemplo, en el año 2012 en Navarra Eulen ya retiró de las nóminas de los vigilantes de seguridad que trabajaban para el Gobierno foral un plus personal que tenían desde hacía años. Muy pocos compañeros se atrevieron a plantar caraa una gran empresa por desconocimiento, miedo e incluso conformismo.

Esta empresa y la mayoría continúan haciendo cosas similares.

Mismamente en Pamplona hay vigilantes de seguridad con arma que han pasado de cobrar un salario bruto de 1.260 € mensuales a 800 €.

En Navarra también, Inspección de Trabajo ha sancionado a una empresa debido a que la totalidad de sus vigilantes no tenían la uniformidad que establecía el convenio colectivo. Otra sanción ha sido por la superación de las horas extras anuales por una parte de la plantilla mientras la otra ni siquiera llegaba a la jornada.

En el sector se sabe ciertamente que no hay ni una empresa decente, como mucho se salvan algunas delegaciones provinciales o autonómicas. Pero realmente la seguridad privada en España es un desastre en cuanto a derechos laborales y salariales, debido a que ni uno de los actores implicados en ella están ejerciendo su labor o defensa de forma adecuada.

El Gobierno aprobó una nueva Ley de seguridad privada en 2014 pero a día de hoy esa ley está desarrollada en un reglamento de hace 20 años. Los organismos oficiales que se encargan de la vigilancia de que en el sector se cumpla la normativa vigente, por falta de medios, desconocimiento, miedo, etc, no toman las medidas adecuadas para ello.

Los sindicatos mayoritarios nunca se han preocupado lo suficiente de la seguridad privada ya que es un sector al que esos sindicatos no le tienen simpatía por las funciones laborales que el sector tienen asignadas, que chocan con otros sectores labores más influyentes (funcionarios de prisiones, policías, etc). A parte de ser un sector con muy poca afiliación y, como ya dije antes, demasiado conformista, hasta hoy. Además, la mayoría de representantes sindicales conoce lo que ocurre en sus empresas pero debido a prebendas o por no meterse en líos miran hacia otro lado.

Las academias de formación. Una gran cantidad de formadores de seguridad privada son de otras profesiones y no se preparan las clases de una forma adecuada o llegan y te sueltan sus batallitas que nada tienen que ver con el temario.

Los trabajadores también tienen mucha culpa. Nunca han sabido crear la suficiente unidad de acción para luchar por sus derechos y una cuestión que me llama mucho la atención, apenas hay cultura reivindicativa. No son capaces de ponerse de acuerdo en unas reivindicaciones mínimas y coherentes.

Y por último y nuevamente, las empresas de seguridad. Han pasado olímpicamente de la normativa legal y laboral. No respetan las jornadas máximas de trabajo, los descansos mínimos entre jornadas, entregan los cuadrantes fuera de tiempo y los modifican constantemente, comunican las vacaciones días antes de ser asignadas, engañan a los trabajadores en el cálculo de los permisos retribuidos y los pluses de obligado pago, etc.

No son capaces de vender su producto que es la seguridad y ellas mismas se ponen la zancadilla ofreciendo seguridad realizada por personal sin la titulación pertinente.

Las empresas llegan a tal dejadez que ni siquiera se preocupan por dar una buena imagen y no entregan los medios ni la uniformidad reglamentaria a los vigilantes.

Gracias a los compañeros, vigilantes de seguridad de Eulen del aeropuerto del Prat, algunos que creemos en este sector y realizamos nuestro cometido, sea vigilar, proteger, formar, organizar, etc, de la mejor manera posible, volvemos a confiar en que hay una posibilidad de que la seguridad privada sea una profesión de la que el trabajador y la sociedad en general pueda estar orgullosa.

El autor es vigilante. Vicepresidente de ASP92