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Los nuevos banqueros

Mario Burgui Burgui - Jueves, 24 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

No sé si alguno de ustedes habrá tenido que hacer una gestión fuera de su lugar de residencia y para ello le han pedido un certificado bancario sellado. Al parecer, uno puede ingresar dinero por la cantidad que sea en cualquier oficina de su banco, pero cuando se trata de sacarlo a partir de ciertas cantidades, o de solicitar un documento o servicio por el que el banco no obtiene ningún beneficio inmediato, todo son trabas.

Pues algo así les ocurrió a mis padres ayer en Tudela cuando fueron a pedir unos documentos que les solicitaron en la Seguridad Social (y de cuya necesidad antes no les habían informado), para con ello poder tramitar la solicitud de jubilación de mi madre. Se trataba de dos simples certificados sellados de haber percibido sendos ingresos hace un tiempo. Pues bien, el primero lo obtuvieron sin problema en una céntrica oficina de Caja Rural de dicha localidad, pero en La Caixa los empleados les dijeron que no podían dárselo. Ante el desconcierto de mis padres y sus nervios por la necesidad de obtener el documento y presentarlo ese mismo día, el joven director de la sucursal se acercó y les espetó cortante que allí no podían facilitarles ese documento, que tenían que ir a pedirlo a “su oficina”. Mis padres le explicaron que en el otro banco les habían entregado un documento similar en menos de cinco minutos y que necesitaban presentarlo antes de las dos de la tarde, pues se les acababa el plazo, por lo que no tenían tiempo de ir y volver para hacer la gestión en mi pueblo. Le pidieron que por favor les ayudase a conseguirlo, contactando con la oficina de mi pueblo o del modo que fuera. El director les dijo: “Bueno, yo os puedo hacer el favor, pero os va a costar 120 euros”. Mi padre no daba crédito: “¿Que te tengo que pagar qué…? ¿Por ese papel?”. “Sí, porque es una gestión complicada… y, si no, pues que te lo hagan en tu pueblo”, le soltó el trajeado treintañero. Acto seguido, les dio la espalda y fue a encerrarse en su despacho en el piso de arriba, haciendo caso omiso de sus quejas y de la cara de estupefacción de otros clientes. Para resumir, diré que la oficina de La Caixa de mi pueblo envió sin ningún coste el dichoso documento directamente a la Seguridad Social. Y aclarar que bien podría haber sucedido con las mismas cajas, pero a la inversa, o con otras entidades.

A la mala educación y el mal servicio que a veces se nos da estoy lamentablemente acostumbrado. Me temo pues que esta nueva banca más cercana y moderna que nos intentan vender últimamente, esta “banca en el móvil”, estas caras bonitas… es la misma vieja banca con cirugía barata y maquillaje de bazar. Y esperemos que no sea peor.

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