La publicidad adolescente

Por María Ilundain Arandia - Jueves, 24 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

se trata de un hecho cotidiano y masivo, ante el cual una parte considerable de la sociedad nos sentimos impotentes. Actualmente, es totalmente necesario revisar los diferentes medios publicitarios, debido a su gran influencia y no siempre positiva. En algunos medios de comunicación, como la radio, la publicidad es correcta. Sin embargo, en otros medios comunicativos como la televisión, internet, las marquesinas... la realidad es, desafortunadamente, muy distinta.

Quiero incidir en la idea base: la publicidad de calidad presenta dos importantísimas características. En primer lugar, la valoración positiva desde el punto de vista social antes de su lanzamiento y, en segundo lugar, la rentabilidad obtenida con el alcance de sus realistas objetivos establecidos. Por tanto, se debe exigir a los publicistas que se comprometan no sólo con su empresa o empresas, sino también y de igual modo, con nuestra sociedad, con el bien común. Los profesionales de este ámbito, deben regirse por ambos factores, porque la publicidad está al servicio de las empresas, pero siempre con un agente insustituible: el ser humano o la sociedad. Como bien se dice comúnmente: “El fin no justifica los medios”. Ahora, me quiero centrar en un sector de la población muy concreto: los adolescentes. Es lógico que quiera focalizar la atención en este grupo, porque resulta ser el más vulnerable y, por ello, el más influenciado o afectado. Los publicistas, como profesionales que son, lo saben concienzudamente y aprovechan dichas circunstancias, para manipularlos o manejarlos a su antojo, con el fin de incrementar sus ingresos. Dicha influencia negativa es muy alarmante, porque no propician en los adolescentes su desarrollo personal, interior y exterior, decisivo para su futuro próximo;por el contrario, incorporan trabas para no favorecer la singularidad y el encuentro con ellos mismos o el autoconocimiento. Las principales consecuencias de dicha influencia tan negativa son: la imitación o la falta de personalidad, la no reflexión ni la autocrítica, la limitación de ideas, la menguada expresividad y la escasa imaginación. Todas las sociedades, sin exceptuar ninguna, necesitan disponer de una riqueza no solo material, sino también, por supuestísimo, de una riqueza o pluralidad humana. En caso contrario, dicha sociedad tenderá al fracaso y finalmente, a su desaparición, tal como ha ocurrido a lo largo de nuestra historia. Estos profesionales les hacen creer indebidamente, que tras poseer lo publicitado, bien su persona (personalidad y físico), bien sus circunstancias y entorno o ambas dos, van a cambiar radicalmente. Esta falsedad, en muchos casos, provoca que tras descubrir la verdad, el adolescente se sienta totalmente desolado, desorientado, abatido o derrotado, traumatizado, enojado… No le ayudan a aceptar la realidad vital: los seres humanos somos imperfectos por naturaleza, así como nuestras vidas.

En definitiva, luchemos por una sociedad en la que cada individuo colabore en la tarea de formar personas plurales o diferenciadas;nunca olvidemos, que los adolescentes y la juventud en general son el futuro. Finalmente, tengamos en cuenta que si no guiamos a estos adolescentes por caminos acertados habremos perdido un tiempo valiosísimo y, además, algunos serán recuperables a largo plazo, pero otros no.