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La Zona Media se recupera lentamente del incendio que hace un año quemó 3.500 hectáreas

Los alcaldes de los términos afectados reconocen la labor de sus vecinos, implicados en la extinción
El fuego, originado el 25 de agosto de 2016 por una colilla, afectó a unas 2.000 hectáreas de cultivos y 1.500 de terreno forestal

Leticia de las Heras - Javier Bergasa - Jueves, 24 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Incendio de Pueyo y Artajona un año después. Foto: JAVIER BERGASA

Vista panorámica de los montes que rodean a la presa del canal de Navarra, en Artajona. Foto: JAVIER BERGASA

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Incendio de Pueyo y Artajona un año después. Foto: JAVIER BERGASA

Pamplona- Los campos de cultivo y montes de la Zona Media afectados por el incendio que se originó el 25 de agosto del pasado año y que quemó más de 3.500 hectáreas muestran ya signos de mejora. Pese a eso, el paso del las llamas aún es claramente visible en las zonas de arbolado de Pueyo, Garínoain, Añorbe, Artajona, Barasoain y Tafalla, los términos municipales afectado por las llamas y donde aún queda mucho trabajo por delante en lo que se refiere a la tala de árboles muertos y la recuperación de la vegetación.

Una estimación del Consorcio de Desarrollo de la Zona Media apuntó que las mayores afecciones por el fuego se dieron en Pueyo, Artajona y Añorbe, sumando entre ellas más del 70% de la superficie total del incendio. El fuego calcinó prácticamente la mitad del término municipal de Pueyo, quemando un 45% de su territorio. También sufrieron grandes afecciones en relación a su tamaño Garínoain, con un 39% del territorio quemado, y Añorbe, con un 31%. Además, ardió un 22% de la superficie de Barásoain, un 13% del término municipal de Artajona y un 3% del de Tafalla.

El fuego avanzó con rapidez, abarcando un terreno muy extenso. El alcalde de Añorbe, Joaquín Sanz, reconoce que cuando recibió el aviso desde SOS Navarra no le dio demasiada importancia, ya que las llamas se encontraban aún muy lejos y no creía que alcanzase su territorio, algo que ocurrió en solo unas horas. “La Policía Foral me dijo en un momento determinado que estuviese cerca por si había que desalojar. Hubo mucho nerviosismo en esos momentos”, comentó.

El grado del daño que el fuego causó en las formaciones vegetales tampoco fue homogéneo. Así, Garínoain perdió el 67% de su masa forestal y Pueyo y Artajona el 50%. El concejal de Agricultura de este último, Nacho Valencia, destacó que más que la cantidad del terreno quemad destaca su calidad. “Es la única zona montañosa que tiene Artajona y quedó completamente arrasada”, subrayó. Además, el 39% de la masa forestale de Barásoain se encuentra dentro del área del incendio.

Se trata de un espacio de importante valor medioambiental, ya que en los montes afectados había muchos ejemplares de encina y roble, una especie autóctona difícil de recuperar, ya que su crecimiento es muy lento. Esto hace también que no sean especies con interés a la hora de reforestar terrenos quemados, pues lo que se busca en estos casos es una recuperación rápida.

Según expresaron varios alcaldes y el concejal de Artajona, el valor de esta pérdida es sobre todo sentimental, ya que se trata de árboles que durante muchos años han cuidado sus ancestros y que quedaron reducidos a cenizas en unas horas. En concreto, en Garínoain cuentan con un ejemplar catalogado como roble monumental que también se vio afectado por las llamas, aunque estas solo dañaron su parte inferior. “Por suerte no se quemó entero, pero sí que lo dañó y quemó el vallado que lo rodeaba y el cartel informativo” apuntó el alcalde del municipio.

De las más de 3.500 hectáreas de terreno afectadas por el incendio, unas 2.000 corresponden a terrenos agrícolas y 1.500 a terrenos forestales. La superficie agrícola afectada estaba dedicada casi en su totalidad a cultivos herbáceos, aunque también había tierras con plantas aromáticas, olivos, almendros, viñas y huertas. En cuanto a la superficie forestal, aproximadamente el 65% eran terrenos cubiertos por matorral y pastos, un 17% respondía a repoblaciones de pino, mayoritariamente de pino alepo, y el resto a coscojares y encinares.

El viento fue un factor determinante en la extensión de las llamas, que avanzaron con gran rapidez. El aspecto positivo de esta rápida dispersión es que muchos árboles quedaron afectados superficialmente y, un año después, han conseguido rebrotar.

En las zonas afectadas ya han comenzado las labores de tala y limpieza de los árboles, aunque aún quedan muchos ejemplares quemados por retirar. Desde el Ayuntamiento de Garínoain, su alcalde, Íñigo Arregui, insistió en que “ya se ha pasado ese plazo de ver cómo estaba el monte y lo que hace falta es que se pongan a trabajar ya para volver a regenerar esa zona”, señalando, eso sí, que desde el Gobierno de Navarra siempre se les ha escuchado en sus peticiones.

En cuanto a daños en edificios e infraestructuras, estos fueron muy pequeños. Por ejemplo, en Añorbe ardió un vallado y se quemó un corral y en Artajona no han podido recuperar una corraliza municipal que se arrendaba a un particular, pero en ningún caso hubo que lamentar daños en personas.

Fueron varios los alcaldes que destacaron la predisposición de sus vecinos por ayudar en la extinción del incendio, especialmente los agricultores, que utilizaron sus tractores para arar los campos de cultivo y frenar así el fuego en estas zonas de campo, donde el avance es muy rápido debido a que la paja, que se encontraba muy seca por la escasez de lluvias, es muy buen combustible. Todos los alcaldes indicaron que desde SOS Navarra recibieron varias comunicaciones pidiéndoles que movilizasen a quienes estuviesen en disposición de ayudar con sus tractores y, en algunos casos, se pidió también la colaboración del resto de ciudadanos para atacar las llamas cuando estas eran ya más débiles y no se corría peligro.

No solo los agricultores se esforzaron en atacar el incendio con sus medios. La alcaldesa de Pueyo, Nekane Salaberría, recuerda cómo todos los vecinos intentaron ayudar, cada uno dentro de sus posibilidades. “Hubo colaboración de los agricultores, de gente que iba a apagar las llamas, mujeres que hicieron bocadillos, que fueron a por agua, a por melones... hubo implicación de todo el mundo”, aseguró comentando que también hicieron turnos de vigilancia durante la noche y crearon un grupo de WhatssApp para coordinarse que, a día de hoy, utilizan para tratar los asuntos diarios del pueblo. “Algo positivo hemos sacado de todo esto”, apuntó la alcaldesa.

Desde varios ayuntamientos mostraron su preocupación ante el hecho de que no se encuentran lo suficientemente preparados para afrontar una situación como la que vivieron hace un año, por lo que solicitaron que se establezcan unos protocolos y se les informe sobre cómo deben actuar. “Parece que solo nos acordamos de esto cuando ha habido un incendio, pero nos tenemos que preparar antes para si un día tenemos que enfrentarnos al fuego”, explicó apuntando que, aunque aún queda mucho margen de mejora, se sienten escuchados en este sentido y ya se han hecho unas jornadas informativas.