cuarta edición del festival flamenco on fire

Nostalgia de Camarón

Por Teobaldos - Viernes, 25 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Pedro ‘El Granaíno’, flamenco puro en Baluarte.

Pedro ‘El Granaíno’, flamenco puro en Baluarte. (UNAI BEROIZ)

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Pedro ‘El Granaíno’, flamenco puro en Baluarte.

homenaje a camarón

Intérpretes: Pedro El Granaíno, Duquende y Guadiana, cante. Paco Heredia y Antonio Luque, guitarra. Patrocinio, teclado. Paco Vega, percusión. Los Mellis, palmas y cante. Programación:Festival Flamenco On Fire. Lugar:sala principal del Baluarte. Fecha: 23 de agosto de 2017. Público:lleno el patio de butacas (25, 30, 35 euros).

El caudal de las tres gargantas (más las sevillanas de Los Mellis) inundaron de duende una velada de flamenco puro. Pedro Heredia, El Granaíno;Juan Rafael Cortés,Duquende;y Antonio Suárez Salazar, Guadiana -por este orden, de más a menos-, encantaron al público. Se escuchó la nana, bulería, soleá, tientos, siguiriya, fandangos, sevillanas (los mellizos) y, como ronda final, una tanda de bulerías y tangos a partes iguales. También algún tema de Camarón derivado al pop. Ya antes de empezar, desde el patio de butacas, con abundante gitanería, se intuía una de esas veladas viscerales, de jaleo del bueno y continuo jalear a los intérpretes, tanto vocales, como instrumentales. Porque los dos guitarristas que comparecieron acompañando, estuvieron a la altura del cante, demostrando una calidad que supera el mero acompañamiento, virtuosismo y sonido gordo a la vez. Y, también el teclista, con incursiones al virtuosismo jazzístico, y la percusión, con un solo espectacular, ocuparon la misma cima. Porque el flamenco puro de los cantaores no está reñido con el teclado eléctrico que, discretamente, introdujo la velada y dio apoyo esporádico, a las guitarras.

El flamenco es un arte individual, claro, pero Pedro El Granaíno reivindica escuchar a otros cantantes, como antes, cuando los grandes se reunían a cantar juntos;así que dio comienzo a la velada cantando, al alimón con Duquende, la nana del Caballo Grande de Lorca. Y ya desde el principio, comenzó la magia. Ambos se mueven, efectivamente, en la escuela camaronera, pero huyen, afortunadamente, de la imitación. Se instalan en esa poderosa tesitura aguda, combinando la luminosidad de esas alturas con el punto de rajo que humaniza hasta las entrañas el cante. Luego, cada uno, con su guitarrista, por separado. El Granaíno está sublime toda la velada: bulerías, tientos que derivan en tangos -(La Lola vino a la fragua con su polizón de nardos)-;va y viene con la voz donde quiere, sus melismas son largos, tenidos y emocionantes, y canta tan bien, que se le entiende la letra -(esas letras llenas de filosofía y contenido, que deberían constar en los programas)-;al final de su actuación solista, sin micrófono y con un silencio sepulcral del público, eleva su cante al cielo, a Camarón: “era de menta y canela / era de bronce su voz”. Duquende sale a escena, misterioso;entre la barba y el sombrero no se le ve la expresión de la cara, pero cuando arranca su cante de las tripas, también sube a lo más alto. Lo da todo, y su guitarrista también es excelente. Canta la tarara y el público la tararea. Hoy no hay cuarta pared, todo es escenario. Guadiana, el invitado del cartel, es otro registro. Voz más central y convencional, recia, de menos pellizco;va por la soleá;le acompaña Paco Heredia, excelente. Los Mellis -jaleo y palmas- tienen su oportunidad, y cantan unas sevillanas nítidas y limpias. Y, como colofón, los nueve intérpretes, en semicírculo, y en un ambiente muy subido, se embarcan en una serie de bulerías y tangos -sin solución de continuidad-, que invitan a subir a bailar a ese semicírculo mágico que uno desearía que no acabara nunca. El público lo hace desde la butaca. En pié, y muy a regañadientes, despiden a los artistas, que han traído el duende a la noche. Ya saben, eso que hay que vivir y que no se puede explicar.