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El verdadero Salvaje Oeste

Viernes, 25 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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NOVELA

EN BUSCA DE NEW BABYLON

Autora: Dominique Scali. Editorial: Hoja de Lata, 2017. Páginas: 388.

Se hace con elementos tradicionales del western para demoler el frágil edificio moral de un mundo en el que la muerte no vale nada

La vida en el ‘Salvaje Oeste’ no era nada fácil y esta sugestiva novela ‘del Oeste’ así lo confirma

El llamado Salvaje Oeste ha sido escenario esencial no solo de innumerables filmes del western (e incluso el ideario del espagueti western), también lo ha sido de sagas literarias muchas veces excesivamente ligeras de forma pero algunos libros recientes como Guerras mescalero en Río Grande (Álber Vázquez, La Esfera de los libros) o Cuentos del Lejano Oeste (Brett Harte, Alba) han dado alas a dicho universo en forma de papel o en pantalla reducida. Y Hoja de Lata es uno de los sellos más implicados en la batalla, presentando hace varios meses armas bien cargadas como El rancho de la U alada (B. M. Bower) y dando salida, ahora mismo, al relato titulado En busca de New Babylon, auténtica renovación del género a cargo de la joven periodista y escritora de Montreal Dominique Scali.

À la recherche de New Babylon (la primera novela de la autora, que ya ha sido traducida al inglés y a otras lenguas) rescata del olvido a la maltratada mujer del Wild West a través de la figura de Pearl Guthrie pero encara los demonios de aquella sociedad gracias a las relaciones que sus personajes (el reverendo Aaron, Charles Teasdale) mantienen, día tras día, con un entorno hostil, más complicado que el de tantas y tantas películas realizadas con mayor o menor fortuna, fuera y dentro de Hollywood Babilonia: “Teasdale llevó a cabo su pelea más memorable el seis de agosto de mil ochocientos setenta y cinco. Bajo los gritos del público, que ya no se oía gritar, ocurrió entonces que, cuando lo creyeron vencido, volvió a levantarse. Con el torso desnudo bajo unos tirantes manchados de sudor, grasa y sangre y la barba chorreando, encadenó dos ganchos bajo el mentón de su adversario, que aterrizó inconsciente en los brazos de sus seguidores. Tras la victoria, se dirigió a la barra de la taberna y pidió al barman una botella”.

Poco después, Scali nos pinta un fresco del lugar elegido no muy refrescante: “A las cinco de la tarde del veinticinco de octubre de mil ochocientos setenta y cinco, los seguidores de Charles Teasdale esperaban verlo protagonizar su hora de gloria. Nunca se había peleado contra ningún campeón del Este, ni siquiera contra uno de los autoproclamados campeones del Oeste, pero se aprestaba a enfrentarse con un inglés llamado Lyman Brettle, y el simple hecho de que su adversario fuera un orgulloso súbdito de la reina Victoria había bastado para poner a todos los apostadores de su parte, tanto americanos como irlandeses. Únicamente los mexicanos no veían dónde estaba la gracia, ellos que solo se interesaban por las peleas de gallos”. En busca de New Babylon es, pues, una cita obligada con la literatura seria de nuestros días (y de nuestras noches), haciéndose con elementos tradicionales del western para demoler, en el relato, el frágil edificio moral de un mundo en el que la muerte no vale nada, algo evidente en figuras como la de la prostituta o la del cuatrero descerebrado.

“Pearl Guthrie -puede leerse más adelante- era una de aquellas mujeres que nunca miraban hacia la primera planta. Solo tenía ojos para las páginas de sus libros. Nunca iba hacia los clientes. Estos habían de venir a ella, y entonces ella les hacía ver hasta qué punto la molestaban antes de cerrar el libro. Vivía miserablemente, pero vivía”. Lo dicho: la vida en el Salvaje Oeste -el cercano al verdadero- no era nada fácil y esta sugestiva novela del Oeste así lo confirma. En ella, hay mucho mentiroso y mucho zumbado, sí, pero en sus vigorosas escenas (al aire libre, o no) se huele algo o mucho de verdad, aunque ésta no sea, casi nunca, agradable: “Los caballos comenzaron a relinchar, los perros a ladrar y el bebé a chillar. El padre subió a la planta de arriba, las hijas cerraron los postigos y se escondieron bajo la mesa armadas con fusiles que no habían utilizado jamás. La madre agarró una sartén de hierro, sollozando porque el bebé que tenía en brazos no paraba de llorar”.

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