cuarta edición del festival flamenco on fire

Nostalgia de Camarón

Por Teobaldos - Sábado, 26 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

homenaje a camarón

Intérpretes: Carmen Linares, Arcángel, Marina Heredia, cante. Ana Morales, baile. Miguel Ángel Cortés y el Bola, guitarras. Paquito González, percusión. Tempo de luz. Programación:Festival Flamenco On Fire. Lugar:sala principal del Baluarte. Fecha:24 de agosto de 2017. Público:lleno el patio de butacas (25, 30, 35 euros).

no es que Arcángel saliera malparado de la reunión flamenca con las damas -su voz por las alturas cuelga del sol-, pero la velada fue más de mujeres: con la experiencia y la juventud en liza, y una bailaora que causó sorpresa por su valentía en introducir pasos muy modernos en la bata cola. Con un planteamiento similar al del día anterior (El Granaíno y Duquende) -un tanto más teatral-, comparecen tres grandes, cediendo individualismo (no el esencial del flamenco) y sometiéndose al riesgo de la comparación. Afortunadamente, en este caso, las tres voces -y personalidades- son radicalmente distintas;incluso, diría yo, que, por cierto efecto ecualizador de la amplificación, cuando las tres voces se van pasando el quejío, se parecen más Arcángel y Marina, que ésta y Linares. Pero, lo dicho, tres mundos que se van a llevar muy bien, tanto, que hasta los tres cantan, en algún momento, a capella.

Con un fondo, elegantemente iluminado, se presentan los tres a golpe de nudillos. A partir de ahí van a sonar bulerías, tangos, fandangos de Huelva, copla, sevillanas, bulerías de Cádiz (una de la madre de Camarón), algunos cantes ad libitum, a palo seco, etc.

A la señora Carmen Linares, muchos -(sobre todo los que venimos del conservatorio)- le tenemos una especial devoción desde que nos redescubriera, -en el Gayarre, y ya hace años- las canciones españolas de Falla. Linares sigue cantando con una autoridad, profundidad y fraseo que arrastra;aunque, claro, el tiempo no pasa en balde, y la voz -tan vivida- acentúa el rajo. Dominadora, y ocupando la escena, canta a palo seco, y luego hace una versión de la Paloma, de Alberti, sobrecogedora. Se va por palo serio y aporta un especial sentimiento dramático cuando canta: “La noche del aguacero, dónde te metiste, que no te mojaste el pelo”;y es que, como decía un flamenco, aquí está todo el Otelo de Shakespeare. Marina Heredia nos deslumbró en la edición de 2015 con el piano de Dorantes. Hoy sale a escena, alta, elegante, de blanco luminoso, y sigue teniendo un poderío en la voz capaz de llenarlo todo;timbre recio, domina los cantes y la copla, y redondeó éste género comiéndose el escenario. Cantó mucho -como Linares-, retomando, cuando le tocaba, tanto la tesitura carnosa de doña Carmen, como el timbre luminoso de Arcángel. El cantaor, siempre entre las dos mujeres, hizo lo que más le gusta: meter innovación en el cante ortodoxo -que domina, claro-;por ejemplo con acompañamientos ostinato de la guitarra, y marcándose, casi, un paso a dos con la bailaora, en un cante a palo seco (no sabría decir si entre toná, martinete, debla…).

La sorpresa de la tarde fue Ana Morales con su baile flamenco entreverado de danza o ballet contemporáneo. Porque esta bailarina ejecuta unos giros -algunos sobre un pié- que solo una gran escuela dancística es capaz de concretar. Comenzó con un taconeo un poco afeado por la amplificación del suelo, que hacía eco. Afortunadamente se corrigió y ofreció una muestra de baile silencioso en manos, de taconeo virtuoso, de dominio de la bata de cola y mantón, que entusiasmaron al público. Y lo que es mejor, unos pasos hieráticos y casi de robot, de introducción, que ligaban muy bien con la tradición. Dominio, también, del baile por bajo, del plante y de la cadencia. Soberbia.

Seguimos disfrutando de buenos guitarristas: magnífico M. A. Cortés, y el Bola;y percusión: P. González. Un final esplendoroso con sevillanas -que, afortunadamente, se están recuperando- y la luz de Cádiz, terminó con el público en pié.