Réquiem en Bilbao

TORNEO 25º ANIVERSARIO ASEGARCE | Altuna III y Rezusta arrasan en la final con una gran actuación ante unos desconocidos Aimar-Urrutikoetxea

Igor G. Vico - Domingo, 27 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Beñat Rezusta y Jokin Altuna, excelentes durante la final del Torneo 25 Aniversario Asegarce, se abrazan tras ganar.

Beñat Rezusta y Jokin Altuna, excelentes durante la final del Torneo 25 Aniversario Asegarce, se abrazan tras ganar. (Foto: José Mari Martínez)

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Beñat Rezusta y Jokin Altuna, excelentes durante la final del Torneo 25 Aniversario Asegarce, se abrazan tras ganar.

Bilbao- Los fastos y las loas por el cuarto de siglo de Asegarce esperaban serpentina, cohetes y champán en mitad de música de percusión y se encontraron con un réquiem, orquestado por Jokin Altuna y Beñat Rezusta en el Bizkaia de Bilbao. Los guipuzcoanos terminaron coronándose en territorio extraño en Torneo 25 Aniversario Asegarce, tal y como fue denominado este curso el Aste Nagusia. En la perfección de la factura del dueto de Aspe estuvo la clave de la cita, exponiendo un plan fundamental: pegada y remate. Asimismo, en la ecuación entró la incomodidad, sudada por los poros, de Aimar Olaizola y Mikel Urrutikoetxea, en una versión desconocida, erráticos, sin chispa, sin compenetración. Un accidente. En definitiva, una tormenta perfecta, que acabó siendo un rodillo impenitente y desposeído de cualquier tipo de sensibilidad. La final por trofeo bilbaino terminó como monólogo. Lo que pretendían espectáculo de toma y daca, porque a priori el choque pautaba una lucha de poder a poder, acabó siendo un amago. La superioridad fue patente por el lado azul.

Ocurre que Altuna III es un pelotari tocado por la varita del Dios Pelota, ese que frota la chistera de década en década: por talento, por colmillo. En el mismo escenario surge Rezusta, guardaespaldas del que asombra su pegada, pero que posee virtudes inmensas. Es el mejor zaguero del curso y marca unas diferencias brutales. Rezusta tiene pose de galgo y alma de obrero. Rezusta abre la fábrica en cada encuentro y sale a trabajar. Lo demás es puro espectáculo que nace de una zurda privilegiada. Ante este resplandor, aunque el amezketarra se llevara ayer el trofeo a mejor pelotari de la feria de Bilbao -acabó 17 tantos en la final, una barbaridad al alcance de pocos-, el de Bergara coció una actuación de matrícula. Ya es algo habitual.

En cualquier caso, si bien los dominadores de cabo a rabo en la final fueron los azules, el guion colorado fue desangelado. Tanto Aimar, al que se le notó lento y desnortado, como Urrutikoetxea, bailando con la más fea, estuvieron muy alejados de su mejor versión, cuestión extraña dada la imagen de la semifinal y la costumbre de rayar a un nivel alto en la mayoría de los compromisos. Se juntó el hambre con las ganas de comer. Día de luto. Se dieron los factores para lo imposible.

Se invitó a la fiesta el mago de Amezketa como protagonista de las tardes de verano. Puro sentido del espectáculo. Y acabó desmontando el partido. Remó a favor de corriente desde los primeros compases. Abrió con un gancho. Mecha corta la del amezketarra al remate. Entra a todo. Entra bien. Kamikaze de los focos. Delirio. Duende. Más todavía junto a un compañero de la talla de Rezusta. Los 28 pelotazos del primer despegue parecían desembalar una contienda dura y complicada. No fue así.

De todos modos, el descorche del encuentro fue duro. La virtud de Rezusta puso a Urrutikoetxea en problemas y el duelo se abrió. 0-4, que fue un yerro de Aimar con la derecha después de un tanto de 81 pelotazos. Un fallo de Altuna dio opción a los colorados de poner su sello, pero respondió el guipuzcoano con un gancho bien marcado y con velocidad. Un saque-remate fue el 1-6. Entonces, llegó el único tanto de Olaizola II en toda la cita: un gancho. No hubo más Aimar, desaparecido.

Con el luminoso 3-6 entró en juego el rodillo. Rezusta, sin premio personal, puso los galones al partido y el choque se esfumó. La pelea desapareció. Olía a sangre. A Altuna III, virtud de tiburón, se le pusieron los dientes largos. Y se desparramó la pimienta. El 3-11 marcó el cimiento de la victoria. Urrutikoetxea, voluntarioso, no supo domar a Beñat. El partido murió en un abrir y cerrar de ojos.

El 6-22 fue justo y no hubo síntomas de revuelta colorada. La espiral negativa fue envolviendo a Olaizola II y Urrutikoetxea hacia un abismo oscuro, del que no supieron sobreponerse y que se antoja un accidente dada la regularidad de su propuesta habitual. Altuna pescó en río revuelto. Rezusta puso en marcha el piloto automático de pegador en un dechado de virtudes. La incandescencia del partido quedó apagado a un concierto a únicamente dos voces. La desafinada pareja de Asegarce rompió el baile y acabó en la solemnidad de un réquiem: intenso como Jokin;atronador como Beñat.