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Repunte económico

El salvavidas de Trump

Casi el 50% de estadounidenses apoya con entusiasmo al presidente, con el gancho añadido del repunte económico

Domingo, 27 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Donald Trump gesticulando en un discurso en Nueva York.

Donald Trump gesticulando en un discurso en Nueva York. (EFE)

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  • Donald Trump gesticulando en un discurso en Nueva York.

Las dos últimas semanas han sido para el presidente Trump un tiempo más agitado que de costumbre y si nos enteramos de sus actividades por los grandes medios informativos tradicionales norteamericanos, habría que pensar que tiene un pie ya fuera de la Casa Blanca y su presidencia está al borde del precipicio.

Sus declaraciones después de los disturbios de Charlotesville, en Virginia, han sido interpretadas como apoyo a grupos neonazis;la decisión de reforzar la presencia militar en Afganistán ha sido criticada por no dar detalles o descartada como inútil;el discurso en Arizona acusando a sus rivales políticos e incluso alabando a un expolicía condenado por abuso de poder, o las críticas a dos senadores de su propio partido, han llenado los comentarios de condenas e incluso de advertencias de que su cabeza no funciona demasiado bien. Lo que desean muchos de sus rivales políticos, desde el mismo día de las elecciones, es simplemente librarse de él. Nunca aceptaron el resultado de las urnas y ahora confían en que su mandato acabará prematuramente, ya sea por la vía del encausamiento especial conocido como impeachment para los presidentes acusados de “delitos graves”, o porque tirará la toalla para librarse del acoso y las burlas a que es sometido. Hay quien incluso, como la congresista del Estado de Missouri Maria Chapelle-Nadal, ante la perspectiva de que ninguna de estas posibilidades se materialice, ha expresado en su página de Facebook: “Espero que asesinen a Trump”.

Si el desprecio y hasta el odio a Trump dominan en los centros cosmopolitas del país, como son las ciudades de las dos costas y algunas del interior, además de organizaciones progresistas como las asociaciones negras o los sindicatos, su actitud contrasta con los seguidores del presidente, que siguen esperando maravillas de su gestión, celebran tener una voz que habla en su nombre y acuden entusiasmados a aplaudirle cada vez que hay algún acto público. Las posiciones divergentes que corresponden, más o menos, a los dos grandes partidos políticos y a la geografía, no son nuevas. Pero la situación se ha agudizado con Trump, que ha sabido articular el descontento de grandes sectores de la población que lamentan tanto las consecuencias de la gestión de Barack Obama, al que consideran responsable de imponer unos parámetros socio-culturales a gusto de las élites progresistas de las dos costas, como la creciente disparidad económica, y compara la abundancia de las élites urbanas con la falta de horizontes de la clase obrera y del interior del país. Es una perspectiva limitada que no viven los residentes de las principales ciudades de California, o de los centros universitarios como Boston, o la aglomeración urbana de Nueva York, ni mucho menos la burbuja de privilegio y poder que es Washington. Y precisamente en estas dos ciudades vivimos la mayoría de los corresponsales extranjeros, que naturalmente informamos de lo que vemos y vivimos, con lo que al resto del mundo llega una imagen de Estados Unidos que sólo corresponde a una parte del país. Y no es la parte que puso a Trump en la Casa Blanca.

Ante toda esta oposición, Donald Trump tiene un salvavidas, que es el apoyo popular casi numantino de ciertos sectores de la población: si entre los demócratas hay la convicción de que los negros y los inmigrantes están discriminados, los conservadores creen que los discriminados son los blancos y los que profesan diferentes confesiones cristianas... ¡y ahí está Trump para defenderlos!

Es una ventaja indiscutible: al margen de si la razón lo tienen los unos o los otros, hay muchos más blancos (70%) que negros (13%) o hispanos (18%). En cuanto a la religión, ocurre otro tanto: las diferentes confesiones cristianas superan el 70%, de las cuales el mayor grupo (25,4%) son los llamados “evangélicos”, que son los más fervientes y, en general, con una agenda política muy conservadora.

Una muestra de los motivos que tienen los seguidores de Trump para apoyarlo, es que nada menos que el 47% del país cree que los medios informativos están en contra del presidente y generan una información sesgada. En comparación, cuando Obama era presidente, el 48% creía que los diarios y televisiones le favorecían. Otra muestra es la reacción a la sentencia contra el exsheriff Joe Arpaio, de 85 años, que hasta el año pasado trabajaba en el Condado de Maricopa, del estado de Arizona y no dejó su puesto por jubilación, sino porque perdió a reelección cuando los tribunales le condenaron por abuso de poder en sus esfuerzos por poner coto a la inmigración ilegal. Arpaio es conocido incluso en los pueblos de México como un personaje odioso, pero es un héroe para los que quieren cerrar las fronteras y siguen gritando “Construye el muro” en cuanto ven a Trump. A todo esto se añade una recuperación económica en zonas que han sufrido especialmente por las restricciones que aplicó el equipo de Obama: la producción de carbón y petróleo.

Y así, mientras unos le tratan de ignorante y otros de loco, Trump se aferra a un salvavidas formado por el apoyo entusiasta de sus seguidores y la recuperación económica.

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