Gaza: Desesperanza, decepción y pobreza

Tres años después de la tregua, los gazatíes se encuentran más desesperanzados que nunca

Un reportaje de. Saud Abu Ramadán. Fotografía Mohammed Saber - Domingo, 27 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Un niño palestino juega en un edificio derruido en junio de este año.

Un niño palestino juega en un edificio derruido en junio de este año.

Galería Noticia

Un niño palestino juega en un edificio derruido en junio de este año.

La desesperanza, decepción y pobreza dominan la Franja de Gaza, resultado de una década de férreo bloqueo israelí en la que el enclave costero palestino sufrió tres guerras, la última y más dura de las cuales acabó hace hoy tres años.

Una tregua lograda entre Israel y las milicias palestinas de Gaza lideradas por Hamás con mediación egipcia hace tres años ha dado un respiro a los dos millones de habitantes de la Franja, que sin embargo no lo celebrarán hoy ya que, desde entonces, las condiciones de vida de la población no han dejado de deteriorarse.

“¿Qué vamos a celebrar?”, se pregunta Hani Habib, analista político de Gaza, que afirma que en estos últimos tres años, “desde que acabó la guerra más larga contra Gaza, nada ha mejorado y la vida diaria se ha convertido en algo muy difícil y complicado. Hay partes del acuerdo de tregua que no se han implementado”.

El pacto puso fin a cincuenta días de enfrentamiento y operación militar israelí por aire, tierra y mar para debilitar a las milicias y acabar con los túneles excavados bajo la frontera con Israel que causó una gran destrucción de infraestructuras y costó la vida a 2.251 palestinos (1.462 de ellos civiles) y 73 israelíes, 67 de ellos soldados, según cifras de la ONU.

El empeoramiento de la situación en Gaza “tiene como objetivo ejercer presión política a largo plazo en dos millones de personas que viven en 360 kilómetros cuadrados para obligarles a aceptar cualquier solución futura que liquide la causa palestina”, opina Habib.

El movimiento islamista Hamás y las milicias armadas en el territorio declararon la tregua como un triunfo y prometieron una mejora de las condiciones que la población aún está esperando ver, pero el bloque se mantiene y hay una crisis humanitaria exacerbada por una falta de electricidad sin precedentes.

Sentado en lo que un día fue el jardín de su casa, en la ciudad de Beit Hanun, en el noreste de la Franja, Abu Ahmed al Masri, de 62 años, recuerda la vivienda que perdió en el verano de 2014, cuando un bombardeo aéreo israelí la convirtió en escombros. “Espero que los donantes reconstruyan pronto mi casa y nuestro sufrimiento se acabe”, dice con pocas esperanzas de que vaya a ocurrir en el corto plazo y pueda unirse con sus hijos y nietos, que han vivido en los últimos tres años separados.

Según datos del Ministerio Palestino de Vivienda y Obras Públicas, alrededor de cien mil hogares quedaron destruidos o gravemente dañados en la guerra y todavía hay 33.000 palestinos que viven desplazados, más de la mitad de los cuales no reciben asistencia por falta de fondos para el proceso de reconstrucción.

Además, las fronteras siguen cerradas, los movimientos comerciales han sido restringidos, los pescadores solo pueden pescar a seis millas de la costa y los cortes de electricidad han llegado en ocasiones, en pleno verano, a las veinte horas diarias.

“El desempleo ha aumentado a un 32 % y el índice de pobreza a un 53 %. Unido a solo tres horas de electricidad al día, la vida en Gaza es miserable”, señala Maher Al Tabaa, portavoz de la Cámara de Comercio de Gaza, que considera que la crisis “no deja de crecer y no hay esperanza de que se resuelva pronto debido a la ausencia de una solución política al bloqueo y a la división palestina”.

De hecho, el enfrentamiento que mantienen el islamista Hamás y el nacionalista Al Fatah, encabezado por el presidente palestino, Mahmud Abás, y que gobierna en Cisjordania tras perder el control de la Franja en 2007 (momento en el que Israel impuso el bloqueo al enclave), no ha hecho más que empeorar.

ALERTA SANITARIATras diez años de desacuerdos, Abás ha dado un ultimátum a Hamás: o abandona el control de la Franja y lo devuelve a la Autoridad Nacional Palestina que él preside), o se desvincula del pago de servicios en el enclave. Ya ha dejado de abonar el 25 % de la factura de la luz, lo que ha provocado que Israel deje de suministrar la parte impagada, ha reducido los salarios y suspendido los pagos a los familiares de presos de Hamás.

“Los residentes de Gaza viven un auténtico desastre desde el comienzo de la crisis eléctrica, de combustible, sanitaria y salarial”, alerta Oxfam, que afirma que “el acceso a servicios básicos como agua y sanidad ha empeorado” respecto a 2014 y son inaccesibles para unas 900.000 personas. Además, la mitad de las plantas de tratamiento de aguas no operaron desde entonces y ahora no lo hace ninguna, lo que ha contaminado el mar. “Si la crisis de Gaza continúa sin esperanza de resolución inmediata, me preocupa que la población antes o después deje de estar en silencio y que haya más violencia contra Israel o contra Hamás y Abás”, advierte, pesimista, Tabaa.