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Primera salida en rojo

Los cerca de 700 aficionados de osasuna desplazados a León se dejan ver por la ciudad y vuelven a demostrar su adhesión por el equipo pese a la derrota

Un reportaje de Javier Saldise Fotografía Agencia LOF - Domingo, 27 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

La hinchada rojilla, ayer en el estadio Reino de León antes de que su equipo perdiera.

La hinchada rojilla, ayer en el estadio Reino de León antes de que su equipo perdiera. (Agencia LOF)

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La hinchada rojilla, ayer en el estadio Reino de León antes de que su equipo perdiera.Un grupo de exultantes aficionados de Osasuna.

No cabe duda de que Osasuna, el equipo, navega a favor de corriente. Ha quedado demostrado con números extraordinarios que la adhesión se mide esta temporada también por el registro de socios -casi 16.000 fijos para los encuentros en El Sadar- y, por eso, el primer desplazamiento relativamente masivo de la campaña en el primer encuentro que hubo ocasión no ha causado una sorpresa excesiva. La curiosidad de la respuesta ante la primera cita fue caminando hacia la cotidianeidad conforme las entradas en Pamplona se fueron vendiendo para acudir al Reino de León y ayer por la tarde, en este escenario retomado tras casi medio siglo de ausencia -un estadio con otro nombre, claro, después de 40 años de paréntesis-, se dieron cita alrededor de 700 hinchas rojillos.

La pechada de kilómetros, 800 entre ir y volver, no fue motivo para amilanar el ánimo de esta primera avanzadilla de las expediciones de la Liga, que el seguidor rojillo ya sabe qué es andarse por Segunda y parece que promete otro curso de peregrinaciones.

Durante el mediodía, los aficionados de Osasuna se dejaron ver por el Húmedo, el barrio más típico para el poteo y tapeo de la capital leonesa. Cumplimentada esta ruta en la que hay numerosos lugares para el esparcimiento, sólo hubo que cruzar el río -el Bernesag- y, en la otra orilla, encontrar acomodo en el estadio. Un recinto moderno, inaugurado en 2001, con capacidad para 13.300 espectadores. Un buen escenario. Como el periodo vacacional ayuda, los aficionados más jóvenes se alistaron a la salida dando un cariz familiar a algunas de las estampas de la jornada -de rojillo todos los miembros de la familia-.

Hasta ahí la cara amable de un viaje que terminó en tragedia deportiva. Porque la historia comenzó bien, con Osasuna mandando en el campo y en el marcador, pero concluyó, tras una tormenta de espanto, en una derrota calamitosa en la que influyeron una mala decisión del trío arbitral -con 0-1 anuló un gol de David Rodríguez-, una merecida expulsión de Oier y dos aciertos de un rival que privó a la hinchada rojilla de un final feliz.