Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Redes de amor y odio

Por Dani Vilaró - Domingo, 27 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Galería Noticia

Tras los atentados en Barcelona y Cambrils lo que te pide el cuerpo es quedarte callado. Primero el estupor por lo sucedido en tu propia ciudad, en un espacio y un recorrido que cualquier barcelonés se conoce al dedillo y habrá recorrido centenares de veces para ir a trabajar, a estudiar, quedar con los amigos. Luego el horror por las primeras informaciones que ya confirman víctimas, entre ellos niños, ancianos, turistas;paseantes todos ellos de esa arteria inigualable que son las Ramblas que se desparraman hacia el mar. Después el miedo porque todo es confuso, porque el autor o autores de la matanza siguen sin ser localizados. Todo ello te paraliza y por un momento piensas en bajarte unas horas de las redes, desconectar Twitter, no abrir grupos de Whatsapp, alejarte de Facebook. Te planteas la necesidad de callar cuando seguramente nada de lo que vas a decir aportará nada y solo alimentará el ruido, tan letal en esos momentos de dolor y confusión.

Pero no. Te metes en las redes, buscas información, contactas con amigos y familiares para confirmar que nadie tuvo la nefasta idea de pasear por las Ramblas ese jueves por la tarde. Recibes un vídeo. Contiene imágenes explícitas de los primeros momentos tras al atropello masivo. Dudas pero pinchas. Lo ves y se te saltan las lágrimas. Te sientes mal. Es el horror. Luego, la reflexión. ¿Qué aportan esas imágenes? ¿Qué pensaba quien las grabó mientras otras personas se olvidaban de sus malditos móviles y cámaras y auxiliaban a los heridos o simplemente acompañaban y ofrecían su mano a quienes ya se marchaban fatalmente? Llega la recriminación del grupo. No debemos compartir estas imágenes. Borradlo. Por favor. Respeto a las víctimas. Los Mossos dicen que no propaguemos eso.

Estos días, superada la consternación inicial, hemos asistido a un auténtico festival en las redes sociales. Una fiesta de lo mejor y lo peor. Amor y odio. Profesionalidad y amarillismo. Voluntad de servicio e información anestesiante. Responsabilidad social y el todo vale. Seguramente las redes son así y hay que aceptarlo, pero ¿pueden cambiar? Hemos visto como un cuerpo policial, los Mossos, y Emergencias utilizaban Twitter y las redes de un modo ejemplar con información de servicio puntual, desmintiendo bulos, respetando a las víctimas. Por el contrario, algunos medios no han respetado nada de eso y se han lanzado a la absurda y patética, pero seguramente rentable, caza del clic fácil a su enlace, a su web. Mucho debemos reflexionar sobre qué tipo de periodismo están construyendo algunos medios en las redes, si es que a eso aún se le puede llamar periodismo.

Luego viene nuestro entorno más cercano. Ese círculo de amistades, familias de las escuelas de nuestros hijos, antiguos compañeros de colegio, del trabajo, donde siempre alguien distribuye un bulo, una fotografía, un meme o, lo peor, discurso de odio. ¿Qué hacer entonces? Callar es normalizar discursos que justamente aprovechan hechos traumáticos para lanzar y reforzar su agenda intolerante. Recriminar es, a lo sumo, picarse con una persona de tu entorno y en el peor de los casos romper esos lazos. Piensas que el miedo y el odio son anestesiantes para una sociedad;que nada bueno puede salir de ellos y te lanzas a bloquear y a reportar al intolerante en Twitter (más allá de la para mí incomprensible figura del troll o provocador profesional). Si hay quien acelera y quiere pisotear al otro, al diferente, ahí estaré yo, piensas, para no dejarles la plaza libre. Si alguien se sobrepasa en Whatsapp se lo comentarás, con tiento, con calma, pero sin medias tintas.

Estos días Twitter y las redes han sido, son, la selva. Parece que se ha abierto la veda para cargar las tintas contra el otro, el adversario político, el que piensa distinto. Pero también tenemos ejemplos positivos que dan pábulo a la esperanza, como los memes ridiculizando al yihadista del vídeo amenazante de ISIS. Es el recurso al humor, a la risa redentora que salva frente al horror, como nos recordaba años atrás el sociólogo Peter L. Berger: la comicidad como un elemento mágico que transforma una realidad fea y desagradable. O la imagen tan poderosa de los padres del niño de tres años asesinado en Las Ramblas abrazándose con el imán de Rubí, la población de todos ellos, con sus vecinos por testigos. Redes de amor y odio: creo que depende de nosotros, de cada uno de nosotros, inclinar la balanza hacia un lado u otro.

El autor es Periodista de Amnistía Internacional Cataluña

Herramientas de Contenido