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Orhipean: Otsagabia se vuelca en su fiesta más querida

Abren sus casas, salen a la calle y toman parte en una jornada que guarda en su nombre el modo de vida de un tiempo que se fue para no volver, pero que ha marcado su identidad otsagiarra.

Un reportaje de Marian Zozaya Elduayen Fotografías Iñaki Porto - Domingo, 27 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Irati, Saray Mancho y Luana, en el puesto de venta de jabón casero.

Irati, Saray Mancho y Luana, en el puesto de venta de jabón casero.

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  • Irati, Saray Mancho y Luana, en el puesto de venta de jabón casero.
  • Javi Otxoa, pastor, y Ana Sagardoi, unaia (cuidadora de vacas).
  • Jóvenes ataviados con la indumentaria salacenca, novedad de esta edición.

En 1917 nacieron en Otsagabía 32 niños y niñas. Cien años después, sólo uno, Joan Goienetxe, que con dos meses de vida formaba el pasado sábado parte del entramado de Orhipean, la fiesta que une a toda la villa en el recuerdo de su pasado y de su identidad.

Junto a sus tres abuelos, Mariasun Azcoiti, Remi Echeverría, Pili Mikele;su madre, Cristina Etxeberria y sus hermanas protagonizaba la imagen de una familia de bien, en la que parecía haberse detenido el tiempo.

Tal es la implicación generacional de Otsagabia en su fiesta más querida que se mantiene en el tiempo e incluso crece en ideas y aporta algo nuevo en cada edición, que comienza con el bandeo de campanas para anunciar que la fiesta ya está servida en cada rincón del pueblo.

Milagros Landa, de casa Sardoi y también colaboradora desde la primera edición, enseñaba con 78 años el proceso artesanal de la lana. Junto a ella, su nieta, Amets. “Me la traen de la trashumancia y yo la lavo en el río Zatoya, la seco y la guardo para este día, que es lo más grande que tenemos y participo con mucho gusto en él”, comentaba satisfecha entre las hilanderas.

La transformación es total. Otsagabía se abre a nuevos visitantes y toma las calles, camina, se relaciona de forma natural vestida a la antigua usanza. Días de alpargatas, bombachos y faldas largas, sobre todo de color oscuro, azul o negro, para encarar los oficios y costumbres de hace cien años en los pueblos bajo el Orhi: La escuela rural con Patxi Serrano y Maite Barberena, la cuadrilla del matatxerri, el afilador, el zapatero, la tienda y la iglesia, axotadores y esquiladores de lana, hilanderas, la tasca, la familia, la panadería, el fotógrafo, elaboración del queso, el dentista y el barbero, la borda y el costurero;el almuerzo de migas, las lavanderas en el río, el forjador, la trilla, el cestero y el alfarero.

Todos estos trabajos y labores y más cabían en aquella vida que recrea Orhipean y que ayer cientos de visitantes recordaban por las estrechas calles de Otsagabia, mientras otros aprendían del pasado con la escenificación popular.

INDUMENTARIAEn la edición de este sábado la organización sacó por vez primera la indumentaria salacenca a la calle. Con la idea de Laura Landa (hija de Mari Carmen Recalde), Miren Saldías y Julen Sagardoi, se vistieron varios otsagiarras: Ana Sagardoi (unaia, cuidadora de vacas) y Javi Otxoa (pastor). Aser Rolan y Maialen Rodríguez (pareja de solteros), Amaia Berrade y Karmelo Rolan (pareja de casados) y Julen Sagardoi (soltero fiesta), Edurne Esarte (soltera) y Enrique Iriarte (regidor con vara de mando de 1956). “Es lo más tradicional que nos queda”, comentaba vestido de mayordomo.

“Hemos querido sacar nuestra indumentaria, explicarla en paneles junto a las danzas y darla a conocer. No queda mucho y hay que evitar que se pierda”, explicaba Laura Landa.

Cena popular Orhipean da para mucho. En el otoño, la cuadrilla del matatxerri descongelará la carne de la matanza: costillas, jamones y lomos asados. Con ensalada y macedonia harán una cena popular. Mayores y jóvenes se reunirán de nuevo para celebrar con satisfacción el paso a otra edición.

Después de 14 años, los txikis del pueblo han crecido con ella. “Eso pasaba en Orhipean”, dicen en la escuela cuando hablan del tiempo de sus mayores. Hoy es una fiesta en la que todo Otsagabia participa, cada cual a su manera

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