De señores y otras cosas

Marta Díaz Marcos - Lunes, 28 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hace unos días atrajo mi atención una carta al director titulada Agresividad sexual, firmada por un señor llamado Antxón Villaverde.

Preocupada como estoy por este tema, dado el número de asesinatos, violaciones y agresiones de todo tipo a las que nos enfrentamos diariamente, lo leo con mucha atención buscando una posible explicación que me ilumine.

Pues bien, he de darle la razón: la explicación a tanto horror está en la vestimenta de nuestros jóvenes. ¿Qué fue de aquellos caballeros que aguantaban estoicamente el verano vestidos de traje y corbata? ¿Cómo resistirse a ese segundo botón de la camisa desabrochado sin saltar desde la terraza del bar a morder un cuello desnudo y arrancarle los botones y lamerle el ombligo, ante la mirada divertida y los gritos animosos de nuestras amigas más cercanas, a ese tipo que, sin consideración al desenfrenado impulso sexual que nos otorgó la naturaleza, muestra el inicio de su pecho sugerente?

¿Y qué fue de aquellos monos de trabajo, azules, gruesos, discretos, que cubrían la musculatura abdominal y los bíceps de los obreros de antaño? ¿Es posible realmente resistir “a lo que se nos había prohibido en el paraíso” ante la desvergüenza de las camisetas pegadas por el sudor o, lo que es peor aún, de la ausencia de ellas y contener el piropo, la mirada obscena, el roce al pasar?

Y qué decir de esos muchachos saliendo chorreantes del agua del mar, sin pensar en la fragilidad del tejido de sus bañadores, ¿cómo soportar la tentación de agarrar su pene, de tocarles el culo, mientras pasa tan cerca de la toalla en la que nosotras, tranquilamente, intentamos tomar el sol?

Y las fuertes pantorrillas desnudas, y las cinturas bajas que… ¡Ains…!

Qué cierto es, señor Villaverde, que todos esos chavales violados en las fiestas patronales, todos esos señores que vuelven del trabajo por la noche aterrorizados al pasar por un callejón, todos esos hombres violentados por nuestro descaro de mujeres impulsivas e incontrolables no tienen más que vestirse decentemente para “volver a la senda del bienestar”.

Amén.