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Prefiero no pensar

Por Inmaculada Gutiérrez García - Lunes, 28 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hoy he abierto mi cuenta de Facebook con intención de pedorrear un poco y de ver cómo le va a mi gente, y lo primero que me he encontrado a lado de mi foto de perfil es esta pregunta: “¿Macu, qué estás pensando?”. Como siempre, vaya.

Sigo bajando un poco con mi ratón y comienzo a ver los mensajes de gente como tú, Laura, que nos dices que estemos tranquilos, que estabas en Barcelona y que estás bien.

Siguen fotos y vídeos dantescos, con toda la falta de escrúpulos que nos brinda la red. “Cuanto más rojo, más sabroso” decía mi abuelo cuando venía de coger los tomates de la huerta.

Mis neuronas, ávidas de morbo, característica que me viene dada de serie por mi condición humana, me obligan a seguir mirando toda esta barbarie contenida en pequeños vídeos y fotos caseras de gente que, sin más, pasaba por allí. ¿Ya sabes de qué te hablo, no Aute?

Y vuelvo al principio. “¿Macu, qué estás pensando?”.

Bueno, ¿que qué estoy pensando? Pues nada. No estoy pensando en nada. Porque si me pongo a pensar puedo volverme loca. Es imposible comprender, razonar, integrar en nuestros conocimientos esta sinrazón que no responde a ningún canon establecido.

¿Cómo vamos a pensar, ni siquiera por una milésima de segundo, en todas esas personas que sin más, “pasaban por allí”? ¿O en todas esas personas que sin más, tenían a algún ser querido “pasando por allí”? ¿O en esas personas que por desgracia y con toda la impunidad y la deshumanidad contenida en una demencia trasplantada desde el odio del radicalismo religioso, sin más, “pasaban por allí”?

Qué pasada. De verdad, es para volverse loca. “La política del miedo” le llaman. Y la verdad es que lo han conseguido. Yo estoy muerta de miedo. Pero no ese miedo que ellos persiguen, no. Este otro miedo, el miedo de una madre a que un día mi hijo me pregunte qué está pasando. ¿Cómo vamos a explicar a nuestros hijos qué coño está pasando con el mundo?

De verdad, prefiero no pensar. Qué egoísta, sí. No pensar es lo más fácil. O lo más inteligente. O no lo sé.

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