Construir cultura

JAVIER SALVO - Martes, 29 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

la ciudadanía navarra está llamada a participar en la elaboración de un Plan Estratégico de Cultura para el periodo 2017-2023. En este momento se ha hecho pública una propuesta de diagnóstico de la situación de los sectores y actividades culturales y creativas de Navarra. El diagnóstico se pretende revisar y completar en sesiones abiertas a la participación ciudadana que se realizarán en distintas localidades navarras.

Lo primero que ha llamado mi atención en este diagnóstico de la situación es que pretendiendo partir de una visión integral de la cultura en Navarra, presta una escasa atención al tejido asociativo, que cuenta con una importante presencia en nuestra comunidad y debería considerarse su aportación a la cultura.

El diagnóstico considera claves cinco cuestiones en la recogida de información: tejido empresarial;mercado de trabajo;datos económicos;hábitos y prácticas culturales de la ciudadanía;y reflexiones para el diagnóstico.

Si se pretende partir de un diagnóstico integral, ¿por qué se presenta un estudio y análisis de datos concretos sobre el tejido empresarial y no se presentan datos sobre la situación del tejido asociativo en el sector cultural?

Es evidente la importancia del llamado tercer sector en las sociedades modernas, también por supuesto en el ámbito de la cultura y si el Gobierno de Navarra pretende elaborar un plan estratégico en este ámbito no se puede ignorar la situación de este sector, a no ser que no se quieran abordar políticas dirigidas precisamente a mejorar la participación social en la cultura fortaleciendo el tejido asociativo.

En otro modelo de sociedad, con otra concepción de la cultura, se tendría en cuenta la importancia de la sociedad participativa, organizada en asociaciones para formar opinión y orientar la política cultural;pero en Navarra, por ejemplo en teatro, ni siquiera existe representación del teatro de aficionados en el Consejo Navarro de cultura, como existe a nivel nacional y en otras comunidades.

El diagnóstico presentado sobre la cultura en Navarra parte de la preponderancia de un concepto economicista de la cultura. La cultura es entendida sobre todo como un bien de consumo. De ahí la importancia que se da al análisis cuantitativo, a los números, a las características del tejido empresarial del sector y a la situación de la oferta y la demanda.

Este concepto de la cultura como sector económico no escapa al modelo neoliberal que persigue una progresiva externalización de las competencias públicas en beneficio del sector privado. La excusa es la creación de empleo, cuando los datos económicos no dan la razón a los que tienen expectativas en que las industrias culturales sustituyan las tradicionales y son otros sectores los que se benefician desde el punto de vista económico de la actividad cultural (Emprendizajes en cultura, Jaron Rowan, Traficante de sueños, 2010).

El diagnóstico presentado sobre la cultura en Navarra parte de la preponderancia de un concepto economicista de la cultura

Son conceptos y formas de entender la cultura muy alejados de la realidad que vivimos las personas que participamos en la cultura porque nos interesa como derecho fundamental de la ciudadanía de cara a conseguir el desarrollo integral y bienestar de las personas.

La intencionalidad del diagnóstico, ignorando la presencia del teatro amateur en Navarra, parte de algo que los números cantan: la existencia de una “amplia oferta de compañías de teatro (para diferentes públicos) que supera la demanda” (Construyendo el Plan Estratégico de Cultura de la Comunidad Foral de Navarra-Propuesta de diagnóstico)

y de ahí que las compañías profesionales vean el apoyo de la administración al sector amateur como causa de su empobrecimiento. Un argumento inconsistente y pobre de miras.

El diagnóstico del Gobierno de Navarra sobre la situación del teatro reconoce que la práctica del sector amateur genera tejido social y masa crítica para el sector de las artes escénicas. Se reconoce también a las asociaciones como interlocutores ante las instituciones y el problema de que no está definida y delimitada correctamente la diferenciación entre actividad profesional y amateur.

¿Por qué no se incluye entonces la situación del tejido asociativo en el diagnóstico de la cultura en Navarra?

Sin un estudio previo no sabremos cuántos de esos espectadores que han asistido una vez al teatro lo han hecho precisamente para ver una compañía amateur. Ni si contribuye o no el teatro amateur a diversificar o mejorar la oferta de teatro en Navarra. Ni si el teatro amateur aporta o no algo a la creatividad, al riesgo artístico, el interés social de las artes... Ni si la formación, el desarrollo artístico y los ingresos de las personas que se dedican profesionalmente a las artes escénicas tienen apoyo en el teatro amateur. Tampoco sabemos el número de compañías amateurs, ni de personas que practican esta actividad y su evolución, ni una valoración de la contribución de este hecho a la formación de criterio artístico, de desarrollo personal, de generación de nuevos públicos... ni de la capacidad e idoneidad de sus propuestas para el aprovechamiento de los recursos existentes que se encuentran infrautilizados, ni si hay contribución desde el teatro amateur a la proyección y difusión del teatro navarro fuera de nuestra comunidad...

En definitiva, parece que no queramos saber nada porque no se quiera hacer nada, al prevalecer el criterio competitivo, de la ley de oferta y demanda en el mercado de las artes escénicas. Un mercado altamente intervenido por las instituciones públicas y, por lo tanto, casi totalmente dirigido por ellas.

¿Alguien piensa que el teatro asociativo así va a desaparecer? El teatro es una actividad artística colectiva;sería como creer que el teatro pueda extinguirse.

No podemos pensar en una sociedad que el arte sea solo accesible a los que lo tienen como profesión y que todos los artistas podamos vivir de él, aunque no podamos vivir sin él;pero podemos soñar con una sociedad en que las profesiones artísticas también sean tratadas con dignidad y que los ciudadanos tengamos acceso a participar activamente en la cultura como un derecho.

¿Es posible incorporar un punto de vista así al diagnóstico, para aunar esfuerzos y colaboraciones de todos los sectores implicados en el desarrollo cultural de nuestra comunidad?

El autor es activista teatral, conserje y antropólogo