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la carta del día

El enemigo invisible

Por Beatriz Villahizan - Miércoles, 30 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la magnitud de los ataques se mide atendiendo a diversos criterios: el lugar donde ocurren, el número de personas asesinadas y heridas, el móvil, el origen de las personas atacantes y un largo etcétera de factores que son combinados de una u otra forma dependiendo del resultado que se quiera obtener.

Lo que nos pilla de cerca, nos impacta más, puede incluso que cambie momentáneamente nuestra manera de movernos o interpretar la realidad, puede que el miedo se instale un rato en el sentir colectivo y se nos cuelen recortes de derechos o libertades o planes de seguridad que de otro modo nos costaría permitir, y generalmente se cumple la profecía: “Nos regalan miedo para vendernos seguridad”.

Aunque es cierto que necesitamos de alguna manera poder comprender cada acción, aunque nos gusta conocer los detalles previos y cómo se ha desarrollado el ataque, y nos enganchan los análisis pormenorizados, volviéndonos expertas y expertos en temas que quizás no eran hasta ahora de nuestro interés (política exterior, “minorías religiosas”, etc.), en general no cuestionamos la estructura ni el sistema en el que vivimos, el grado de responsabilidad que tenemos como sociedad en lo que ocurre a dos calles o a 20.000 km de distancia y lo que resulta más peligroso: con cada ataque se redefine el binomio “nosotros/los otros”: como si consolara saber que el enemigo es de fuera o que tengo que pedir perdón si es de dentro. Es entonces cuando ese caldo de cultivo de estereotipos y prejuicios, que se cocina cada día a fuego lento, se vuelve tremendamente útil y tranquilizador.

Pero la realidad es otra y los enemigos, si es que existen, son otros, pocos y comunes para toda la sociedad. No es cierto que el origen y la condición de las personas determinen su posición en el mundo, es el propio sistema el que intenta encajarnos a golpe de martillo en el lugar que nos corresponde. Es el sistema el que redefine de manera constante quién queda fuera o dentro de ese imaginario nosotros. Frente a esto, debemos ser lo suficientemente inteligentes para tejer redes de apoyo y solidaridad, de esas que atraviesan fronteras, y aquí la diversidad lejos de ser un inconveniente, es una ventaja, no es que enriquezca, es que nos hace más fuertes.

Nos tranquiliza saber que frente a la sinrazón se levantan cada vez más voces alertando sobre el peligro de ceder espacio a la xenofobia y al odio, pero nos preocupan las zonas grises entre lo que se autodenomina extrema derecha y lo que sin querer serlo adopta sus discursos amparándose en la necesidad y la inseguridad.

Las víctimas del terrible ataque del pasado jueves en Barcelona se unen a las interminables listas de víctimas de múltiples violencias. Nos duelen todas, cada una deja un rastro que debemos seguir hasta el origen para conseguir darle la vuelta a este orden mundial y construir otro basado en la justicia, la igualdad y la diversidad.

SOS Racismo Nafarroa

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