A la contra

El horizonte

Por Jorge Nagore - Viernes, 1 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Dentro de 10 meses estaré de vacaciones. Podría afrontar la vida con la actitud esa positiva de la gente japy que a todo le ve ventajas y “no es tiempo de crisis, es tiempo de oportunidades” pero no me da la gana, no llevo aquí 13 temporadas con esta que hoy se inicia como para andarme a estas alturas con mentiras idiotas: sin trabajar se está pero que muy bien. Claro que también hay que puntualizar -estamos en el milenio en el que hay que explicarlo todo desde absolutamente todos los puntos cardinales- que tener trabajo es una suerte. En comparativa con quienes no lo tienen, me refiero. En sí mismo, no, en sí mismo tener trabajo es una manera de no tener que darle muchas vueltas al coco para ver qué hacer con las 24 horas de día y, lógicamente, la única manera legal no hereditaria de pagar las facturas. Por lo demás, no tiene mayores ventajas. Bueno, pues eso, que mañana igual lo veo algo diferente, pero, dentro de 10 meses, de vacaciones. Es un horizonte. Y es básico, tenerlo. No hagan ustedes ni caso a los que dicen que la clave de una vida feliz es encontrarle sentido a los días normales y disfrutarlos y llenarlos de actividades placenteras. ¿Qué clase de mierda es esa, qué se creen que soy, japonés? Bien, ya se me pasa. Trataré de verle el lado bueno: tengo 10 meses para planear las siguientes vacaciones. Eso si no me muero mientras, claro. Es curioso: nunca -no sé por qué- introduzco en mis planes futuros la posibilidad de no poder llevarlos a cabo por la simple razón de haberla diñado. Supongo que es algo que solo hacen aquellos a los que una enfermedad clara y mortal ha puesto fecha de caducidad. ¿Saben? Algunos de ustedes y quién sabe si quizá yo no estaremos aquí dentro de 10 meses. ¿Asusta, verdad? Pues yo pienso estar. Porque tengo que irme de vacaciones. Así que no jodan ustedes la manta y vamos a hacer todos lo mismo. Es un bello horizonte. ¡A por él!