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Idoia Iribertegui, creadora de ‘lolita butterfly’

“Parece que ser mujer está hoy de moda; no lo entiendo, hemos existido siempre...”

Paula Etxeberria / Iñaki Porto - Sábado, 2 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Idoia Iribertegui.

Idoia Iribertegui. (Iñaki Porto)

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Pamplona - Fresca, vital y amable. Como sus dibujos. Así es Idoia Iribertegui (Pamplona, 1973). En la exposición 12 historias que tiene en el Palacio del Condestable, en el marco del VIII Salón del Cómic de Navarra, compone “doce trocitos de vidas, inventadas, hechas a retales de historias reales y de historias soñadas y reinterpretadas”, que empiezan cuando la dibujante observa a alguien con quien se cruza por la calle o coincide en la villavesa. ¿Y si se inviertiera la situación?

Imagina que se cruza contigo Lolita Butterfly, ¿cómo vería a Idoia Iribertegui? ¿Qué historia de ti se haría en la cabeza esa niña de 8 años?

-Ella, que es muy sarcástica, me vería como una señora mayor que quiere parecer más joven (ríe), pero supongo que bastante dinámica. Creo que le podría gustar; si se cruzara conmigo por la calle, la conversación que yo puedo tener le podría resultar interesante o graciosa. Habría cierta sintonía. Pero sí que creo que diría: ya no estás en la onda (ríe).

¿En qué momento está Lolita?

-Lolita está como los tiempos, un poco revuelta. Sin que haya crecido en edad, ha madurado como personaje. Todas las cosas que le han ido pasando a lo largo de los libros le han hecho ver otras realidades y eso le ha enriquecido. Siempre ha tenido un punto macarrilla dentro de esa especie de envoltura fashion, muy ñoña; un corazón salvaje con ganas de salirse de la norma. Creo que ese trasfondo lo tengo yo también. Tengo una lengua viperina, pero como digo las cosas de manera amable o fresca, con humor (ríe), parece que no estoy diciendo cosas tan fuertes. Le pasa esto a Lolita. El último libro fue hace dos años, y desde entonces he tenido mucho trabajo, que me ha venido muy bien, la verdad, y me ha impedido pararme a pensar cuál es el siguiente paso con el personaje. También hay un movimiento, mi editorial (Ediciones B) ahora forma parte de Random House y hay un poco de lío... Tengo proyectos para presentar, y lo siguiente para mí sería hacer una recopilación de tiras no vistas o poco vistas, con un formato diferente al que se ha visto hasta ahora. Pero está por definir.

¿Cómo se logra que un personaje perviva tanto en el tiempo?

-Pues con mucho esfuerzo. Hoy en día tenemos el apoyo y la esclavitud de las redes sociales. Si no estás en las redes sociales, mueres rápidamente. Y si no hay libros... Entonces en estos dos años he sentido todo el rato la necesidad de tener las redes sociales al día, pero es difícil... Se consigue siendo muy constante, y yo siempre he sido muy proactiva: quiero que el personaje se siga conociendo y viendo, así que me voy a una feria a vender los productos, o busco colaboraciones con revistas... Se mantiene vivo así, trabajando en ello todo el rato. No hay otra. Trabajo, trabajo y trabajo.

¿Por qué elegiste el mundo de la moda para Lolita Butterfly?

-Porque a mí la moda me interesa y me gusta, la concibo como un arte. Y a través del personaje cuestiono o critico esa tiranía de la imagen, más que de la moda. Las tendencias, que suelen ser bastante horribles, pero nos las ponemos porque alguien nos ha dicho que nos las tenemos que poder. Me interesa el cómo nos engañan. El otro día conocí el agua micelar, ¿qué me estás contando? Resulta que ahora todo el mundo se desmaquilla con eso. Es agua. Te están cobrando agua a 5 euros. Las tendencias suelen ser bastante tontas, como ponerte unas chancletas con pelos, en verano.

Tendrás que estar a día de lo que se lleva. La observación será una herramienta clave.

-Totalmente. Y cómo puede ser que una persona, como me ocurre a mí, sea despistada muchas veces pero para otras cosas tenga memoria fotográfica... Me gusta mucho fijarme en detalles que igual a otra persona le pasan desapercibidos: prendas de ropa, el peinado.... eso te dice muchas cosas de la vida de las personas. Es como ser un detective del dibujo.

Y para eso hay que dejar el móvil...

-Aparcado.

Si no, vamos por la calle sin ver lo que tenemos delante.

-Me preocupa. Como profesora lo veo, doy clase a gente de veinte años, y ellos no tienen la culpa, han nacido ya con eso. Pero les cuesta mucho concentrarse en cualquier cosa porque están pendientes del móvil. Y genera mucho estrés. Yo procuro decir: ahora voy a trabajar, o apago el móvil o lo dejo fuera de mi vista. Y no es fácil, siempre tienes la tentación de subir una foto o comentar algo... Pero me digo: No. Acaba y luego buscas un hueco para el móvil.

¿Cuándo crees que nos desconectamos de ese poder de la imaginación que tiene tantas virtudes? Porque en la infancia lo tenemos muy vivo...

-Más que desconectarte porque quieras, te hacen desconectar. Te hacen pensar que estar en la luna es malo, que no te deja concentrarte o ser responsable, cuando la imaginación, como el móvil, es cuestión de usarla bien y saber canalizarla. Se considera algo de niños. En la adolescencia parece que ya no puedes estar en tu mundo, imaginar o crear. Tienes que estar haciendo otras cosas que no sean pensar o soñar. Y es importante tener imaginación, y utilizarla.

¿También nos educaron mal en que el cómic es mera diversión?

-Claro, cosa de niños. Y en este país especialmente, por la trayectoria histórica, estamos con lo del tebeo, y el tebeo tiene esa acepción de entretenimiento solamente para público infantil. Pero en otros países como Francia o Canadá, hay cómic como hay novela de todo tipo.

Eso también va mejorando aquí. ..

-Sí, está cambiando.

Se lleva mucho el cómic apegado a la realidad social.

-Eso está ayudando. Es una moda, ahora todo el mundo parece que tiene que escribir sobre un drama que ha pasado... Pero esa moda ayuda a acercar a gente ajena al cómic, o que piensa que el cómic es superhéroes o Mortadelo y Filemón, a otro medio de lectura. Una lectura diferente, apoyada por el visual, y que es muy rica. Está habiendo un cambio, lento, pero en buena dirección. El hecho de que haya aquí un Salón del Cómic sugiere que por lo menos las instituciones han pensado que puede ser lo bastante interesante como para darle espacio.

En tus creaciones siempre está presente el humor. ¿Qué te aporta o qué crees que aporta a la sociedad?

-Creo que uso el sentido del humor como una especie de salvavidas ante lo terrorífico de la vida, ante las desgracias que se ven. Es una especie de coraza. Y a mí me sirve. Y me sirven los temas amables. Siempre tiendo a hacer temas amables. Soy una persona básicamente positiva y me cuesta hacer cosas tétricas. De hecho alguna vez me gustaría hacer algo tipo Edgar Allan Poe, muy oscuro, y no me sale; me sale gente simpática, muy fresca, forma parte de mi estilo y en parte puede ser un hándicap que tengo y que de alguna manera lo hago virtud.Me gusta que la gente se ría o se sonría. Porque hace falta. Pero no lo hago a propósito, viene con la personalidad. Uno dibuja según es.

¿Todavía no se puede vivir dignamente del cómic en España?

-No. Y si antes era difícil, ahora más. Porque el cómic está de moda, el gran público lo está conociendo, por lo tanto las editoriales, incluso las que tradicionalmente no hacían cómic, están encargando cómic. ¿Qué pasa? Que tienen donde elegir. Y cogen gente que tiene diez mil seguidores en Facebook, que no tengo nada contra ellas, pero se están aprovechando de eso. Cuando tienes 25 años y vives en casa de tus padres, te ofrecen un dinero que aunque para nada sea digno, te ilusiona... Digo ellas porque veo muchos casos de ilustradoras; parece que ser mujer está de moda, no lo entiendo, hemos existido siempre, pero bueno... El primer libro lo tienen hecho, porque es una recopilación de lo que han ido poniendo ellas con su esfuerzo diario en Facebook o en Instagram; se lo publican, y encantadas; les dan dos mil euros, pero de ahí descuenta lo que tienes que pagar de autónomos... Y en el segundo libro es cuando se caen de boca, porque tienen que hacer material nuevo, y el dinero no da... Y a la gente que ya tiene una trayectoria le están matando porque nos ofrecen los mismos precios que a ellas...

Esa desprofesionalización se carga el mercado.

-Claro. Los jóvenes no son conscientes, la culpa la tienen las empresas. Pero a mis alumnos ya les digo: ni se os ocurra trabajar sin cobrar. Solo para vuestra madre, que os ha dado el ser.

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