Escandalosas crisis humanitarias

Por Bixente Serrano Izko - Domingo, 3 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Teóricos del neoliberalismo como Milton Freedman, Friedrich Hayek, Allan Meltzer, John Williamson y otras firmas, sólo con medias palabras y a modo de sugerencia se han atrevido a poner sobre la mesa como opción positiva la de provocar crisis económicas. Se trata en general de economistas de rango académico, obligados a una cierta prudencia a la hora de formular planteamientos tan cínicos, por más que sí crean que las crisis económicas pueden ser deseables, tanto como para optar por que se produzcan. De otra pasta son las gentes de letras, más propensas a pensar que el conocimiento científico se afianza también a través de la intuición, y más valientes y desvergonzadas para manifestarse que las gentes de ciencias. De muestra, Mario Vargas Llosa, que, como buen neoliberal, escribía sin ambages en 1986: “Por avanzada y admirable que sea una sociedad, el descontento habitará en ella y, si no fuera así, convendría provocarlo aunque sea artificialmente, para la salud futura de aquel pueblo”.

A maltraer le traen a uno expresiones tan recurrentes y extendidas en el lenguaje actual como “crisis humanitaria”, “catástrofe humanitaria”…, cada vez más frecuentes en los medios de comunicación (incluido este en el que escribo) y en boca mismo de tantas y tantas organizaciones, estas sí, humanitarias. A maltraer, porque parecen suponer que humanitario es sinónimo de humano, solo que algo así como en grado más superlativo, más contundente. Una guerra, una hambruna, una peste, un genocidio, una catástrofe natural… son, a no dudarlo, desgracias humanas, desgracias para la humanidad, pero se me hace cuesta arriba imaginar que tales desgracias tengan algo de humanitario. Todo lo humanitario es humano, pero no todo lo humano es humanitario: humano es también matarse entre semejantes, programar genocidios, provocar hambrunas y pestes, provocar crisis económicas… lo que no parece ser muy humanitario.

A menos que…, y aquí mi reflexión sobre el poder del lenguaje, sobre su capacidad incluso para desvelar el pensamiento oculto y a menudo no consciente tras tantas y tantas expresiones. A menos, digo, que se considere que tales desgracias sí son efectivamente humanitarias, beneficiosas para la humanidad. Como lo pensó Hitler, por poner un ejemplo hiperconocido, sobre sus planes de genocidios sistemáticos. Las desgracias humanas masivas se ceban siempre en las poblaciones más pobres y marginadas, son a estas a las que aniquilan preferentemente, lo que supone, a lo que se ve, para la mentalidad supremacista del neoliberalismo una suerte de reequilibrio demográfico del que saldrá beneficiada la humanidad, la verdadera humanidad, por supuesto: la que no es lacra. Solo desde ese vergonzante pensamiento oculto puede uno entender como semánticamente correctas esas expresiones, tipo “catástrofes humanitarias”. Pensamiento que, traicionado y desvelado por tales palabras, resulta abiertamente vergonzoso.

Hay motivos, ciertamente, para escandalizarse por las “crisis humanitarias”.