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empate en casa

La fiesta viene, la fiesta se va

empate en casa osasuna se pone por delante en el marcador, manda dos balones a los postes, y el huesca iguala en la recta final del partido de la celebración del 50ª aniversario del estadio

Javier Saldise / Javier Bergasa/Mikel Saiz - Domingo, 3 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Quique vuela para rematar el balón que se marchó al larguero, todavía con el 1-0 en el marcador.

Quique vuela para rematar el balón que se marchó al larguero, todavía con el 1-0 en el marcador.

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  • Quique vuela para rematar el balón que se marchó al larguero, todavía con el 1-0 en el marcador.

pamplona- La fiesta de esta temporada está comenzando a retrasarse para Osasuna, que sigue sin conocer la victoria en estas tres primeras jornadas. Ante el Huesca, en un partido con evidente carga emocional por la fiesta del osasunismo en la celebración del medio siglo de su estadio, a Osasuna le volvió a costar armar su juego, tuvo muchas dificultades para ello y, cuando logró ponerse por delante en el marcador -tres veces lo ha hecho en estos tres partidos de Liga-, los acontecimientos volvieron a remar en su contra.

Con el gol de Unai García brillando en el marcador a favor, Osasuna estuvo a punto de cerrar definitivamente el partido con dos lanzamientos a los palos. Cuando el partido languidecía, en una jugada a balón parado -como la que gestó el gol de los rojillos-, un fallo defensivo condenó al conjunto navarro. Otra vez en el tramo final del encuentro, de nuevo un palo anímico, es lo que viene sacando Osasuna de los dos últimos encuentros. Si la reinterpretada condición de equipo a batir es la que se le asignaba, el grupo de Diego Martínez comienza a notar unas primeras necesidades, por lo menos una perentoria, la de ganar un partido, la de reforzar con tres puntos el ánimo y las coordenadas de este nuevo curso con nuevo mando.

Antes de que el encuentro tuviera un desenlace nada acorde con la fiesta de El Sadar, los acontecimientos ya se habían ido enmarañando en una tarde nada clara. Al contrario, gris. El primer acto del partido de la celebración no fue bueno. Empujado por esa voluntad innegable que nunca le abandona, Osasuna se hartó de meter balones en el área del Huesca, pero semejante caudal no fue reconducido en remate alguno entre los tres palos. Tampoco el invitado a la fiesta acertó en esta faceta, con lo que no había dudas acerca de que la igualdad sin goles era el único suceso posible para el descanso.

Demasiado apagado todo, sin conexión a pesar de jugar a favor del viento de una grada todavía más entregada, sólo se animó el encuentro por cuestiones no relacionadas estrictamente con el juego, sino por los rifirrafes en los que se enredaron los futbolistas. Esta chispa, sin embargo, no prendió mucho en el fútbol de los rojillos que tan sólo ejercieron un tibio dominio a base de centros. Osasuna se retiró a los vestuarios tras haber enarbolado la bandera del ataque, no la de la precisión.

Obligado a hacer otras cosas para que la marcha del encuentro cambiara, necesidad evidente ante la espesura en que se estaba asfixiando el juego de todo el mundo, los problemas físicos de Sebas Coris obligaron a un cambio que evidenciaba que Osasuna estaba dispuesto a armarse para ganar. Xisco formó junto a David Rodríguez y Quique, estos dos por las bandas, en unos lances en los que hubo penetraciones por las bandas antes de caer de nuevo en el bloqueo.

En calma chicha andaba el encuentro cuando el Huesca probó la valía de una de las adquisiciones de Osasuna de esta temporada. Sergio Herrera soltó una mano prodigiosa ante un zapatazo de Cucho, que se había colado por un flanco en el área y se plantaba solo ante el meta rojillo. El portero de Miranda se está comportando como un tipo ágil, concentrado y sin miedo, seguro por alto y con reflejos. Un seguro en días como el de ayer.

No estaban las cosas claras, ni tampoco se sabía hacia dónde podía caminar el partido, y las acciones a balón parado iban a dar las soluciones. Ya con Lucas Torró en el campo, asegurando el medio junto a Azurra y llevando a Fran Mérida a posiciones un poco más adelantadas, Osasuna sacó petróleo en un lanzamiento de falta, en la que medió la cabeza del centrocampista fichado del Oviedo antes del remate inapelable de Unai García. El canterano ha tomado galones en el equipo en este inicio y a su temple tradicional une un mayor sosiego.

La mala pata le vino a visitar entonces a Osasuna, que remató en dos ocasiones a los postes, obra de Fran Mérida y Quique, pero a quien penalizó de forma descarnada un error defensivo, que permitió el empate del Huesca, el fiasco absoluto, a un suspiro del final. La fiesta se marchó como llegó, en un visto y no visto, mientras la hinchada se quería quedar con las buenas sensaciones de un día para recordar. El reto de estar a altura de la afición pone el listón por las nubes. Que de esto también se trata.


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