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Juez de línea

Memoria del Sadarcillo

Por Félix Monreal - Domingo, 3 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Los aficionados de Osasuna celebran el gol de Unai García.

Los aficionados de Osasuna celebran el gol de Unai García. (Foto: Javier Bergasa/Mikel Saiz)

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Los aficionados de Osasuna celebran el gol de Unai García.

Ala sombra de Graderío Sur, el Sadarcillo asomaba como un potrero en el que hacían méritos los chicos de las categorías inferiores. Terreno liso pero duro, absorbía los vapores que emanaba el estadio durante el fin de semana. Entre las tapias de uno y otro recinto no había más de treinta pasos, la distancia por la que transitaban las ilusiones de tantos chavales que, mientras perseguían el balón enfundados en la camiseta roja o en la del rival, miraban la tribuna enladrillada y soñaban con pisar el césped siempre bien cuidado por Luciano Ozcoidi, el conserje y jardinero. No importaba que Osasuna compitiera en Segunda o en Tercera;a veces, el simple hecho de utilizar el vestuario que había debajo de la grada de preferencia te acercaba a tu equipo, ese que no terminaba de encontrar su sitio en el fútbol en la década de los setenta. Al equipo y a sus futbolistas: a Ostívar, a Vicuña, a Marín, a Bosmediano... En el Sadarcillo, envidiabas a tus rivales, esos chicos vestidos con el traje de Osasuna -con medias negras de vuelta roja...-, y te esforzabas más que nunca para que alguno de los ojeadores rojillos viera en ti algo que llamara su atención. El 50º aniversario de El Sadar y la política de fichajes emprendida por los rectores de Osasuna me ha traído a la memoria aquella cancha que fue la primera piedra sólida que el club puso para consolidar su filosofía de cantera, el precedente de Tajonar. Por el Sadarcillo pasaron muchos futbolistas que hicieron de El Sadar un estadio de Primera después de trece años de dar tumbos;luego, las nuevas instalaciones lo reconvirtieron en aparcamiento de coches los días de fútbol grande. Años después, me da escalofrío pensar que Tajonar acabe en un lugar donde queden aparcados los chicos de la cantera. Y no llegan signos en sentido contrario.

Unai marca en el cincuentenario. - En la conmemoración, marcó un jugador de la casa. Unai reivindicó a la cantera llevando a la red ese primer pase con el que Javier Ederra abrió el partido del cincuentenario. Una conexión entre centrales;discutido aquel en su tiempo y examinado en cada partido el de Esquíroz, uno de los tres canteranos en el once inicial. Pero ese gol -buen trabajo de estrategia- tampoco sirvió para ganar porque, por tercera vez, Osasuna no supo defender su ventaja. En realidad, a los rojillos les pasó como en León: no remataron la faena. Frente a la Cultura el juez de línea les privó del 0-2 y ayer estuvieron también cerca de sentenciar con sendos disparos al palo de Fran Mérida primero y Quique, después.

El equipo no transmite. - A este Osasuna le cuesta conectar con la grada porque tampoco conecta en el campo. El entrenador ha mantenido en las tres primeras jornadas el mismo sistema prácticamente con los mismos jugadores. Y no funciona bien;el centro del campo no manda, lo que obliga a muchas salidas de balón por parte de los centrales o al recurso del zapatazo del portero. La poca movilidad de los atacantes también atasca la circulación del balón. Diego Martínez ya ha visto bastante como para darle una vuelta al calcetín porque su plan tiene, a día de hoy, muchas fisuras. Lástima que el entrenador no pueda colocarse en el centro de aquel Sadarcillo y entender mejor el pálpito de lo que debe ser Osasuna. De momento, está muy lejos. A 50 años de distancia.