El arte revive en Curia

No son tiempos fáciles, pero lo último es resignarse. Así piensan los impulsores de un nuevo espacio en la calle Curia, en el que expone ahora Juan Moreno. El arte vuelve al centro de Pamplona.

Un reportaje de Paula Etxeberria Fotografía Iñaki Porto - Lunes, 4 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Vista del espacio ubicado en el número 7 de la calle Curia, actualmente con obra de Juan Moreno.

Vista del espacio ubicado en el número 7 de la calle Curia, actualmente con obra de Juan Moreno.

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Vista del espacio ubicado en el número 7 de la calle Curia, actualmente con obra de Juan Moreno.El artista pamplonés Juan Moreno, retratado a través de su escultura.
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“La idea es recuperar algo que se perdió en Pamplona al cerrar la galería Pintzel” “El arte me apasiona y me hacía ilusión darle un espacio muy conectado con la calle”

Ante la apatía, la acción es el mejor antídoto. Moverse, encontrarse -reencontrarse, en el mejor de los casos-. Ilusionarse. Enriquecerse con ese nutriente que aportan la cultura, el pensamiento o una buena conversación.

Seguramente en una charla entre amigos en la barra de un bar surgió la idea de revitalizar la comunidad de artistas plásticos mediante un nuevo punto de encuentro en contacto directo con el paseante. En el número 7 de la calle Curia, en pleno casco viejo de Iruñea, donde desde hace mucho tiempo, demasiado ya, parece que casi solo tienen salida los bares, emerge un nuevo espacio artístico que, aunque lleva ya un año funcionando, se da a conocer ahora más públicamente en un intento de estrechar lazos con la ciudadanía. El deseo de sus impulsores, recuperar algo de lo que Pamplona viene perdiendo, en lo que se refiere al arte plástico, desde hace más de una década. Más concretamente desde que en 2008 echó el cierre la mítica galería de arte Pintzel, tras 28 años de actividad. “Nos quedamos sin un espacio digno. Poco a poco, Pamplona ha ido acusando pérdidas más que ganancias en lo que se refiere al arte, y es necesario apostar por espacios alternativos que sean aliento de esta ciudad”, comenta el artista Félix Ortega, quien no dudó en apoyar a Ignacio Beloqui, decorador de profesión y amante del arte, a materializar la idea que tenía de dar en su propio taller de trabajo un espacio a la creación artística. El Estudio Apaindu, habitado ahora por la obra del artista pamplonés Juan Moreno, es ese punto de encuentro, de exposición y germen de ideas y, en el mejor de los casos, futuros proyectos. “Siempre me ha gustado el mundo del arte y tenía la idea pero no me lanzaba. Estuve treinta años en un estudio con exposición de mobiliario y me apetecía romper con eso;el arte es mucho más rico, lo otro te ata al comercio, y jamás me he sentido comerciante”, reconoce Ignacio Beloqui. Félix Ortega le dio el impulso que necesitaba, y el espacio expositivo de Apaindu -que no galería tradicional- inició su andadura hace un año con obra del propio Ortega. Con una periodicidad bimensual, a aquella muestra le siguieron otras de Belzunegui, Juliantxo Irujo y, ahora, la de Juan Moreno.

El espacio de Apaindu se asemeja a esas bajeras londinenses que son casi una extensión de la calle. “La idea es que los paseantes puedan continuar aquí sus paseos y disfrutar de lo que esté expuesto (y a la venta, aunque reconocen que vender arte es hoy una misión imposible)”, dice Beloqui, quien en una estancia separada del espacio expositivo tiene su estudio de trabajo. Sin un horario fijo -aunque abierto casi siempre en horario comercial, de lunes a viernes-, Apaindu se ha propuesto dar un espacio digno al arte de calidad, siguiendo una línea en la que predomina la abstracción, y ser además punto de reencuentro de artistas. “Hacen falta lugares así. Pequeñas sorpresas para los paseantes. Son necesarios para dar pie a la inspiración, para fraguar proyectos inalcanzables, para fracasar”, dice Félix Ortega, quien se pregunta si no será ya “tarde para esto, porque el colectivo de artistas no es muy reivindicativo. Aquí, como en el arte no hay dinero, la forma de progresar es llevarse bien con las instituciones. Por eso hacen falta lugares alternativos, que sean responsabilidad del ciudadano y que vayan normalizando la situación de empobrecimiento cultural en la que ha quedado Pamplona tras años de un mal gobierno, de crispación y de hostilidad”. Para ello, es clave enganchar al público joven, porque “ese público que estaba conectado con Pintzel, o con la Ciudadela en su tiempo, se está muriendo. No hay relevo. Hay que renovar los espacios culturales”, comentan Ortega, Beloqui y Juan Moreno en una charla tras la barra de El Temple a la que se une el galerista de la extinta Pintzel, Jose Luis Mayor. Juntos, conspiran una posible performance de Esther Ferrer en Apaindu por Navidad. ¿Por qué no? Las ganas están vivas, intactas.

félix ortega

Artista plástico

Ignacio beloqui

Propietario de Apaindu

‘fragmentaciones’

Matemática y emoción

Juan Moreno (Pamplona, 1974) celebra poder comunicarse con el público a través de un espacio tan a pie de calle. “Me parece muy interesante, y que sea un espacio híbrido, el sitio de trabajo de Ignacio donde además se puedan enseñar cosas. La Ciudadela está muy bien pero estamos un poco todos a la cola de a ver quién es el siguiente, y tenemos que empezar a pensar en fórmulas nuevas”, sostiene.

Su exposición, visitable hasta el 20 de octubre, se “inaugurará oficialmente el viernes de San Fermín Txikito, el próximo día 22, con un vino”, invita al que quiera pasarse por allí. Quien lo haga descubrirá la armonía de un proyecto que Moreno dedica “a todos los seres que sufren en el mundo”. Y es que la exposición es una cura para el alma a través de matices que solo pueden lograrse a base de años y años de trabajo. Lo que presenta Moreno es todo inédito y perteneciente a la última versión de su proyecto Fragmentaciones, basado en la fragmentación de un cuadrado siguiendo sección áurea. “Esta última parte del proyecto -de la que mostró en 2014 en la Ciudadela un anticipo- está directamente relacionada con un mural que tengo colgado en la Biblioteca de Navarra, que está en depósito desde esta pasada primavera y que consiste en una trama de 40 piezas”, cuenta. “Son los restos del material que utilicé para hacer el mural tratados en cuadrados individuales”, dice sobre estas obras en las que explora las posibilidades de la pintura en tres dimensiones y de la escultura plana. El estudio del tiempo -“me gusta leer estas piezas como si fueran la misma figura en distintos momentos”, dice Moreno- late en el fondo de esta exposición, cuyas imágenes encajan todas dentro de un mismo patrón. Hay de matemática, de racionalidad, pero también de intuición y de emoción. “La base matemática es la que me permite generar ese patrón que es como los límites del proyecto, a la vez el esqueleto, pero dentro de que todas las imágenes van a encajar ahí, luego cada una tiene una vibración distinta”, explica el autor.

Vibraciones que traspasan el material y llegan a ese lugar intangible pero a la vez muy palpable: la emoción.