‘Los 50’ de nuestro Sadar

Javier Castillo Esteban - Lunes, 4 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Este sábado se conmemoraban los 50 años de vida del estadio. Una fecha histórica, y con historia, en donde, quien agudice los sentidos, podrá recobrar vívidamente las bendiciones del párroco de San Fermín ante la atenta mirada de quien fue su técnico y creador, Tomás Arrarás. Emociones y ojos lacrimosos para los más viejos del lugar, ignorancia y felicidad reconfortante para los chavales.

El día de celebraciones y actos se vio empañado por un nuevo empate en casa que tampoco nos sacó de dudas a los más escépticos y que, lamentablemente, nos conduce a prever (esperemos que me equivoque) una larga travesía por el desierto.

En cualquier caso, no es el empate en sí lo que me dejó una sensación de tibieza, sino el lánguido comportamiento de los jugadores tras finalizar el encuentro. Una tarde cálida de septiembre y la somnolienta intención por esgrimir, de tela roja, la efeméride de la inauguración derivaron en una respuesta, más remolona si cabe, de mano de los jugadores.

No se trata de cuestionar si alguno de ellos se encaminó a los vestuarios haciendo caso omiso de los últimos compases de la afición hacia sus ídolos, pues ellos siempre estarán allí haciendo de bisagra, de motor avezado e incombustible. Pero el hecho de comprobar que, con la misma desidia que devolvieron los aplausos al público, se dedicaran a mantener un aleteo tenue y silencioso de la tela, repitiendo mecánicamente un gesto abúlico y sin ganas, como obligados, me cabreó sobremanera.

La profesionalidad, si es que aún tenemos el valor de designarlos con este apelativo, dejó mucho que desear, el cariño, más. Una tomadura de pelo que va creciendo en profundidad, y no sólo por los resultados.

El club se propuso alcanzar los 16.000 socios, casi lo consigue, pero a este paso, cansino y sin color, dudo que siquiera estas localidades queden ocupadas todos los sábados y domingos de fútbol. No creo que los miles de forofos que, a pesar de todo, abarrotan las gradas, tercos y empecinados, de camisetas renovadas año a año a precio de piñón, merezcan semejante respuesta. Tampoco creo que El Sadar se haya ganado, después de tantas tardes de jarana, una desconsideración de este calibre.

Con todo, nosotros a lo nuestro, como dice la canción: “Cantaremos más, lucharemos más”, pero con la esperanza de que la reciprocidad no haga ausente gala de su presencia. El rojillo, de pie o en butaca, nunca ha vivido en clandestinidad ni ha escatimado en cuerdas vocales, de la misma manera que nunca, jamás, exigió un fútbol de copete y bocas abiertas. “20 años no son nada”, dice el tango, menos aún 50, así que: ¡Feliz aniversario y próspero Osasuna!