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Hegemones

Verborrea coreana

Por Miguel Turullols - Lunes, 4 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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¿Casi cincuenta años de Guerra Fría y ahora un régimen de chalados norcoreanos va a provocar la III Guerra Mundial? No lo creo. Pero es cierto que hay riesgos.

Corea del Norte lleva bajo un yugo dictatorial que cuesta creer que vaya a cumplir en 2018 70 años. El país no sólo carece de libertades, sino que ha sufrido hambrunas que han provocado cientos de miles de muertes. Los campos de “reeducación” (de concentración) aterran a la población que, además, es pobre de solemnidad.

¿Por qué aguantan estas condiciones los norcoreanos? Por temor. Pero no por miedo de sus propias autoridades, sino de una invasión de Corea del Sur, Japón o Estados Unidos. Esa idea es la que permite la supervivencia interna del régimen. Para nosotros puede sonar estúpido, pero con el cerrojo informativo que sufre el país, sólo oyen lo que les transmite su Gobierno. Esto es: hay que permanecer unidos y hacer sacrificios si no queremos otra invasión como la de Japón en los años 30. Y esta invasión puede ser inminente y sólo nosotros podemos evitarla. Entonces la gente calla.

¿Pero cómo mantener ese temor en el tiempo? Entre otros, mediante una retórica belicista continua. Por eso no hay que seguirle la corriente a Corea del Norte, como hace el señor Trump, cuando Kim Jong-un amenaza con arrasar Japón o lanzar una bomba nuclear en la isla de Guam.

Corea del Norte necesita ese nivel de crispación para sobrevivir, para justificarse ante sus ciudadanos. Ni tan siquiera le hace falta la capacidad nuclear. Su mayor peligro reside en que tiene a tiro de artillería común Seúl, la capital de Corea del Sur donde viven 10 millones de personas. Y podría arrasarla entera en cuestión de minutos. Ese es su rehén. Por eso nadie puede tocarles.

Lo único que se consigue dando alas a su retórica belicista es fortalecer al régimen y, aún peor, que un día se llegue a un nivel tal que a los dirigentes norcoreanos no les quede más remedio que cumplir su amenaza, aunque ello represente su autodestrucción.