Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Juantxo Castiella Jusué Psicólogo clínico y experto en dependencias adictivas

“La vida ya nos trae suficientes problemas como para jugar a la lotería negativa de las drogas con riesgos”

El psicólogo clínico Juantxo Castiella Jusué lleva trabajando más de 20 años en Zuria tratando casos de dependencias, entre ellos los de alcohol y drogas

Una entrevista de Txus Iribarren Fotografía Iñaki Porto - Lunes, 4 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Pamplona- ¿Cómo afronta el sistema los problemas de salud mental derivados del consumo de drogas?

-En Navarra hay un modelo asistencial en cuanto a dependencias que es el modelo integrado. Digo esto porque en otras comunidades funciona o bien el paralelo (hay un servicio de Psiquiatría y otro de Dependencia por separado) o el seriado, es decir, una persona pasa primero por un servicio y luego por otro. Aquí, cuando una persona cree que puede tener algún problema de este tipo basta con que vaya al médico de familia y éste le hará un volante para pasarlo al centro de salud mental, donde se le da una fecha para que la atienda un psiquiatra. Se hace una valoración y un seguimiento que normalmente pasa por enfermería y otras citas más esporádicas con el especialista. El centro de salud mental da un seguimiento ambulatorio. Si se da una dificultad para controlar esa dependencia o para lograr esa abstinencia, el centro de salud mental cuenta con dos herramientas. Una es nuestro servicio, el Hospital de Día Zuria (de 9 a 15 horas) y otra es enviarlo a una comunidad terapéutica. El Gobierno tiene convenios con tres: Antox (Larraingoa);Ibarre (Otxoa) y Proyecto Hombre. Luego están las desintoxicaciones en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica.

La Red de Salud Mental está al final de la cadena de las drogas. Esta es su labor pero, ¿cuál es su mensaje?

-Se suele calcular que aproximadamente un 4% de una población consumidora puede llegar a tener problemas. No todo el mundo que consume puede tener problemas y eso hay que decirlo. No hay que utilizar un discurso de asustar, pero también es cierto que una parte de esa población si va a tener un problema. Si en Navarra somos 640.000 personas y el 75% consumimos alcohol, se piensa que unas 20.000 personas tienen problemas con la bebida. Si hacemos la misma cuenta con los consumidores de otras sustancias (hipnosedantes, cannabis, opiáceos...) sabiendo que un 20% de la población (128.000 personas) las consume nos saldría que 5.000 desarrollarán problemas. En resumen, no todo el que consume drogas va a tener problemas, pero también es cierto que un numero importante caerá en el abuso o dependencia.

¿Qué diferencia hay entre ‘abuso’ y ‘dependencia’?

-En este ámbito hay tres conceptos de valoración. Una primera fase es la experimental, el probar... Es un uso más o menos frecuente, pero que suele corresponder a una etapa de la vida. Luego lo dejan. Pero hay algunos que pasan del uso al abuso, es decir consumen más de lo que quisieran, gastan más de lo que pensaban, tienen algún tipo de problemas como con el carné de conducir, sexo no querido, algún conflicto o problema judicial (trapicheo, etc)... Estamos ya en el límite. Hasta aquí no hablamos de problema de salud mental. Esto sucede cuando una persona sobrepasa una fase de uso y de abuso. Si esa persona no ve que está teniendo problemas que están afectando a su vida y no es capaz de cambiar ese hábito, pasará a la fase de dependencia. Y ahí no vale lo de consumiré poco o mucho, solo en fiestas, yo controlo... Estamos ya ante una enfermedad crónica y recurrente. Sean un 4% o un 2% , es en el ámbito en el que nos movemos los profesionales de la salud mental. Y, repito, si bien es verdad que hay gente que consume y no tiene problemas, también hay otras que consiguen algo que no pretendían: tener un problema muy grave con una sustancia, en este caso ilegal.

¿Y por qué unos consumidores desarrollan problemas y otros no?

-Es un poco la lotería negativa de la vida. Hay que tener en cuenta que nuestros cerebros son diferentes. El tema de la adicción tiene que ver con la zona de la recompensa. Se relaciona con el refuerzo del sentido del placer. Ahí está también el mundo de las emociones, la alimentación, el sexo... Esta parte del cerebro tiene una estructura que compartimos con otros seres vivos y evolutivamente es la más antigua. Como tenemos placer al comer y con el sexo, nuestra especie se desarrolla. Lo hacemos porque lo deseamos. Cuando una persona está desarrollando la conducta de este tipo y logra un placer, sin querer, está estableciendo una serie de rutas automatizadas en el sistema neuronal. Cuando consume una sustancia, obtiene un placer. No es consciente de qué está haciendo, ni con quién, o por qué... Simplemente lo hace. Una, dos veces, cien... No es algo que haya reflexionado con la parte del córtex, la zona frontal del cerebro que es la que tenemos para razonar, etc... Al contrario, se trata de una búsqueda del placer por encima de la parte reflexiva y racional, que en otros casos es la que de alguna manera frena esto, avisa de que hay que tener cuidado con esto porque me hace daño. En la mayoría de las personas esta parte del cerebro racional inhibe a la otra, pero en algunas, por predisposición genética, es más complicado que suceda eso.

¿Qué se entiende por ‘adicción’ desde este punto de vista científico?

-Una definición que suelo hacer de la dependencia es “la incapacidad de controlar la relación entre una sustancia y yo”. Lo que tengo que hacer es no tocarla, porque si la toco estoy perdido. Esa es a la conclusión que llegan algunos alcohólicos o drogodependientes que dicen que no pueden beber o probar la cocaína porque cuando empiezan, se pasan. ¿Por qué éste sí y éste no? Desconocemos la predisposición genética a desarrollar esta enfermedad. Drogodependiente no es aquel que se va de marcha y consume, sino aquel que lo hace, no puede controlarlo y hace otras cosas como olvidarse de sus hijos, del trabajo, su pareja... El cerebro no está funcionando bien. A pesar de que le explicas que esto no es bueno, la parte emocional está dominando a la racional. Los tratamientos tienen que deshacer estos automatismos de años.

¿Se puede curar una dependencia? -No. Cura no hay. Lo que sí se puede llegar es a controlar una dependencia en la medida que se evita el consumo y, sobre todo, las recaídas. Una persona que es adicta es adicta, y eso no se quita. Bien lo saben los que fuman y han dejado de fumar. Es difícil romper estos circuitos ya que junto al de la búsqueda del placer está el del deseo. Las personas que tienen dependencia sienten ese deseo a tratar de conseguir esa sustancia. Este deseo se va extinguiendo con el tiempo, pero si picoteas, vuelve y volvemos a empezar. Este circuito se activa por ejemplo cuando no tenemos sustancias. Antes querías consumir y lo hacías, pero cuando no puedes hacerlo salta este segundo nivel. Por eso es tan costoso controlar las dependencias. Pero también es cierto que es posible hacerlo y hay muchas personas que rehacen su vida. Pero ojo, también es posible que cuando una persona es adicta a una sustancia y lo controla se pase a otra sustitutiva. Y acabará adicto a la otra. Había un dicho que teníamos en la época de los 80: “Heroinómano mal curado, alcohólico asegurado”. Son dos depresivos, uno legal y otro no, que se sustituyen. Ellos lo sabían perfectamente. Con la cocaína también sucede lo mismo.

La sociedad cambia, ¿el uso de las drogas también?

-Nosotros nacimos a principios de los 80. Hemos cumplido 30 años de centro. Entonces casi todo era heroína. Luego nos ocupamos también con el alcohol. Más tarde llegó la cocaína. Y ahora estamos con estas, estimulantes y cannabis, siempre después del alcohol. El 50% de nuestros casos son por beber. Luego, por orden e importancia, llega la cocaína-speed y el cannabis.

¿Hay alguna diferencia significativa por edad o género?

-Tenemos de todo. En esto no vemos cambios, aunque al principio, con la heroína, las mujeres eran un 7%, pero hace años ya son, en conjunto, un 20%. Esto oscila porque también tenemos bastantes pacientes duales, es decir que tienen doble patología: dependencia y tema psiquiátrico (esquizofrenia, trastorno bipolar...). En esto sí que estamos viendo cambios: vienen con mayores mezclas de patologías y consumo y más problemas familiares y sociales. En cuanto a la edad, hay pacientes de todas las edades. Desde menores de 30 años hasta mayores de 55.

El contexto familiar y social, para bien y para mal, es importante.

-Al principio, uno de los requisitos que teníamos para el hospital de día era que el paciente contara con apoyo familiar y tenía una estancia de mañana. Esto ahora es imposible. O los padres se han muerto o la mayoría tienen muchos problemas en cuanto a con quién convivir... Están en pisos de acogida, albergues... Pero también hay personas con trabajo y estabilidad. No hay un perfil tipo. Además hay sinergias nuevas. Nos llegan pacientes desde medicina interna porque en realidad no se detecta una situación social, sino unos efectos negativos sobre su organismo sobre estos consumos sobre los que ellos mismos no han puesto el foco.

¿Todas las sustancias son iguales a efectos de dependencia? El uso del cannabis está en alza. ¿Es más suave?

-Todas las sustancias adictivas afectan al mismo circuito cerebral de recompensa por lo que generan dependencia. Cuando se plantea que el cannabis es menos perjudicial que el tabaco es importante informar y aclarar que esto no es así. Emplear la forma fumada para el consumo es siempre perjudicial. Es más, cuando se fuma cannabis se consume tres veces más alquitrán que cuando se consume tabaco, sustancia especialmente cancerígena. Por ello los riesgos de bronquitis, enfisemas pulmonares, cáncer de pulmón, además de posibles cardiopatías y conjuntivitis están presentes.

También se habla de efectos terapéuticos en quimioterapias...

-En cuanto a las propiedades terapéuticas, de la planta (previniendo náuseas o vómitos que sufren pacientes de cáncer sometidos a quimio, aumentando el apetito en pacientes de sida o la analgesia que aporta a enfermos de esclerosis múltiple) son ciertas pero precisamente se extraen los compuestos químicos de la planta para elaborar farmacología en forma de pastillas o sprays, pero desde luego evitando fumar la planta, que produce una suma de efectos esperados: relax, analgesia, bienestar, somnolencia… Con otros que no suelen ser bienvenidos: alteración de la memoria, dificultad de concentración, atención, enlentecimiento de la coordinación motora… Además de los demás riesgos ya mencionados. En principio, si se interrumpe el consumo se suelen recuperar las funciones mencionadas, depende de la edad de inicio, el tiempo y cantidad consumida para que pueda persistir un determinado daño. Por otra parte, se sigue estudiando la psicosis cannábica, pudiendo confirmar -en muy poquitos casos- algunos pacientes en tratamiento con nosotros han sido tratados y se mantienen con antipsicóticos. Mención especial son aquellos pacientes duales (dependencia + afectación mental) especialmente los que padecen esquizofrenia paranoide, que se descompensan de forma inmediata al fumar cannabis.

¿Y el binomio speed-cocaína?

-El speed es más barato que la cocaína (10 euros por gramo frente a 50 o 60 euros) y está bastante de moda. Tiene un efecto paradójico de calmar a los pacientes que son muy activos y favorece sus relaciones interpersonales, y al revés, les acelera a los que no son impulsivos. Afecta de forma diferente. Esto tiene que ver con la predisposición. Las drogas no hacen el mismo efecto a todo el mundo, ni tienen el mismo disfrute ni consecuencias. Es una tómbola. La cuestión de la cocaína es que se suele mezclar con el alcohol, lo que les hace tener un efecto más dañino. La una y la otra se potencian. Cuando bebemos alcohol nos cansamos y dormimos, pero con cocaína seguimos bebiendo, nos mantiene despiertos. Esto tiene efectos nefastos en cuanto a toxicidad de hígado ,etc... : en menos tiempo se bebe más. Está relacionado con una sustancia que se genera al mezclarlas: el cocaetileno, que hace que los efectos perduren.

En la prensa suelen salir noticias sobre la ketamina, cualquiera ha oído hablar de los monguis...

-Suele ser más anecdótico y puntual. Los recogemos en historia clínicas pero como algo más asociado a una edad. Sí que hemos tenido algún caso relacionado con la ketamina con afectaciones mentales mayores. Es una sustancia depresiva que se usa como anestesia en animales y tiene efectos disociativos. Por ejemplo, un paciente nos contaba que estaba en una discoteca y él se veía como un pez y el resto como una pecera... Son efectos que dependen de las personas y las cantidades. Tampoco hemos visto el spice, una marihuana sintética que dicen que tiene 100 veces más potencia. Si los de la marihuana son dañinos, esta droga será devastadora. En general, en cuanto a tratamientos, aquí seguimos siendo muy tradicionales: alcohol, speed, cocaína y cannabis. Algunos estudios europeos sitúan a esta última con la primera ya en tratamientos en 24 años pero no sé. Además, parece que en consumo hay también variaciones por zonas. No tiene que ver nada Andalucía con Navarra, donde por ejemplo en heroína estamos en mínimos históricos, incluso en la cárcel.

Hay otras drogas en teoría legales como son los hipnosedantes en los que también se dan abusos...

-Hace 20 años éramos conscientes y alertábamos sobre casos que habían estado en tratamiento y que habían desarrollado adicción a los fármacos con los que habían sido tratados. Principalmente las benzodiacepinas, fármacos sedantes e hipnóticos. Actualmente la implantación de receta electrónica, la incorporación de psicólogos clínicos en los centros de salud (en fase de prueba) para que la opción tratamental no pase inicialmente por prescripción farmacológica y sí por la aplicación de psicoterapia, y la posible prescripción de nuevos fármacos con menor poder adictivo, pueden bajar riesgos. No obstante hay personas que no han estado tratados en la Red de Salud Mental con estos fármacos, que pueden generar adicción y que los utilizan al margen del sistema de salud. Como con todas las sustancias , legales o no. Recuperando el paralelismo referido con anterioridad, cuantas menos personas utilicen fármacos con poder adictivo, menor será la probabilidad de que queden afectados por dependencia de hipnosedantes. Al fin y al cabo el funcionamiento cerebral es igual: la búsqueda del placer (en forma de evitar el malestar) se hace más justificado. Si quien está bien busca el placer, quien se encuentra mal lo persigue por necesidad.

¿Qué se puede hacer a nivel de sensibilización y comunicación?

-Se ha comprobado que mensajes en forma de amenazas , que buscan señalar o culpabilizar a los consumidores, no han sido útiles. Parece más eficaz la información y dejar la decisión en las personas según lo que vean para su vida. Se evita el rechazo y lo entienden cuando se les trata de adultos sin hurtarles la capacidad de decidir. Como padre o profesional me gustaría que mis hijos no tocaran las drogas, pero si lo planteamos en negativo en el fondo se transmite la idea de saltarse la norma. Debe haber una buena coordinación entre diferentes servicios sanitarios, familias... Hay que apelar a la capacidad de decisión de las jóvenes pero en este ámbito hay que posicionarse: decide, pero la salud es importante. La vida ya trae bastantes complicaciones como para añadirle otros problemas con las drogas. Quizá habría que dirigir esa búsqueda de placer hacia otras actividades que generen una satisfacción en lugar de sustancias que comportan un riesgo.

las claves

“No todo el mundo que consume drogas tendrá problemas con ellas, pero una parte sí que los sufrirá”

“La adicción está relacionada con la zona del cerebro que gestiona la parte del placer que se impone a la racional”

“La dependencia crea un circuito automatizado que no se cura aunque es posible controlarla y rehacer la vida”

“No es cierto que el cannabis sea menos perjudicial que el tabaco: a los riesgos en el cerebro se suma el alquitrán”

“La cocaína y el alcohol se potencian ya que la primera nos permite aguantar y beber produciendo más toxicidad”

“Los mensajes con amenazas son menos eficaces que los informativos, pero en salud hay que tomar posición”

Herramientas de Contenido