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Arte y sinergia creativa

Sandra Guevara y Pedro Molina llegaron a Barañáin junto a su arte;mandalas y joyas creadas a partir de ellas. El resultado de una creatividad compartida

Sara Huarte | Patxi Cascante - Lunes, 4 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Sandra Guevara y Pedro Molina posan con el resultado de una creatividad que se retroalimenta;sus mandalas y las joyas creadas a partir de ellas.

Sandra Guevara y Pedro Molina posan con el resultado de una creatividad que se retroalimenta;sus mandalas y las joyas creadas a partir de ellas. (PATXI CASCANTE)

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  • Sandra Guevara y Pedro Molina posan con el resultado de una creatividad que se retroalimenta;sus mandalas y las joyas creadas a partir de ellas.

pamplona- Sandra Guevara y Pedro Molina son compañeros de vida y de creatividad. Juntos alimentan un proceso creativo que comienza cuando Pedro canaliza su talento, creatividad y energía, fruto de la meditación, en el papel, en forma de mandala. Una vorágine ordenada en la que se aglutinan el corazón y las raíces de este cubano residente en Barañáin que Sandra recoge para dar cabida a su propia creatividad, en forma de joyas.

Esta sinergía creativa comenzó, como asegura Sandra divertida, como consecuencia de “mi obsesión con el upcycling o la revalorización de cosas que queremos tirar o materiales considerados residuos”. No obstante, la experiencia de Pedro con las mandalas se remonta a más de 15 años atrás y sus creaciones son una fusión, producto de haber vivido en países tan dispares como India o Escandinavia. “Los mandalas siempre me habían llamado la atención, pero fue en la India cuando las conocí”, explica Pedro, en cuyas creaciones se entremezclan los nudos y ramas propias de la variante céltica con los trazos más tradicionales de los mandalas hindúes. “India es un lugar muy espiritual en el que la tradición de los mandalas es muy importante, los utilizan como elementos habituales, incluso como elementos de celebración pintados en las fachadas de las casas”, explica este bioquímico doctorado en ciencias biológicas, mientras Sandra apostilla que en esa fusión de culturas y energías también hay tintes caribeños, reminiscencias de las raíces del espíritu de su creador.

Porque para Pedro pintar un mandala forma parte de un proceso de meditación, gracias al cual proyecta su energía en el papel, creando intrincados diseños plagados de color que luego aprovecha Sandra, cerrando el círculo creativo con sus joyas.

“Un día lo vi decidido a botar una de sus pinturas porque se había equivocado en un detalle, salté horrorizada y le dije que ya utilizaría yo trocitos de aquella belleza”, recuerda Sandra, firme defensora de que no hay deshechos y de que todo tiene un propósito. “Lo guardé pensando en que podría usarlo algún día y, así, un buen día surgió la idea de unir su creatividad con la mía”, explica esta economista a quien la inspiración la alcanzó mientras creaba un llavero con motivos de baloncesto para su hijo. Y así, enmarcando pequeños fragmentos de la creatividad de Pedro, Sandra dio comienzo a esta sinergia creativa que estos días exponen en Chonbag, un comercio local sito en la calle Lindachiquía.

Fue precisamente allí donde, en la Noche en Blanco y Rojo, Pedro hizo partícipes de su arte a los viandantes, construyendo un mandala de arena entre todos. “Es algo que comienza una persona y que acaba otra. No hay un patrón fijo, se hace el dibujo con la colaboración de todo el mundo”, explica Pedro, que el pasado mes de enero compartió una experiencia similar con los participantes de la III Edición de Westin Junior Chef, un concurso de gastronomía saludable para niños en Madrid.

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