Agradecimiento a las trabajadoras de Padre Menni

Toñi Maquirriain Leceta - Martes, 5 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Un domingo cualquiera, en los últimos 9 años, mi llamada de los domingos a Padre Menni, siempre amablemente recibida...

“-Hermanas Hospitalarias, le atiende Begoña (Maite, Mª José o...).

-Hola , ¿qué tal ? Soy Toñi, la hija de Teresa Leceta, ¿me puedes poner con alguna auxiliar o con la enfermera?

-Hola Toñi, ahora mismo te paso”.

Solía preguntar por mi madre para llevarla a comer a casa cuando aún era posible. Concretaba la hora y las cosas que necesitaba, el espesante, el pañal cambiado y poco más en los últimos años. La visita dominical duraba según su estado. Cuando llegaba la hora de llevarla, la más dura del día, siempre me dolía tanto... a eso no me acostumbré, independientemente de cómo ella se quedara. Sin embargo, siempre había unas risas con el menú del día con las auxiliares, unas palabras de consuelo y una mirada amorosa cuando muchos días me iba llorando. Me iba triste y alegre a la vez por tener la fortuna de tener un sitio donde la cuidaran tan bien.

Cuando un anciano ingresa en una residencia cambia de casa. Hay que hacer un proceso de adaptación a la casa de acogida o adoptiva por parte del centro, de la familia y, por supuesto, de la persona que allí queda. Mi madre estuvo 16 años en Padre Menni, 7 en centro de día y el resto en residencia 1 y psicogeriatría 1, allí murió el día 15 de agosto.

No podía dejar de escribir estas líneas para agradecer públicamente todo el cariño y las atenciones recibidas. Gracias a todas esas auxiliares, enfermeras, trabajadoras sociales y médicos que en estos años la han atendido tan amorosamente a ella... y a mí.

Gracias también a sor Cristina y sor Nati, que como dos ángeles en los últimos días a pie de cama... tanto bien me hicieron y me ayudaron a poner el lazo al proceso final de despedida. Gracias por la ceremonia a todas las participantes. Gracias, don Javier. Un gusto oirle... su despedida tuvo otro color y calor también... tan integradora y respetuosa. No tengo palabras para agradecer cómo nos han tratado todas estas personas a la familia en sus últimos días, con qué cariño, hospitalidad, fraternidad. Cómo han sentido la pérdida... Nos hemos sentido tan queridas que no pudo haber sido mejor elección de sitio y de compañía.

Siempre estaréis en mi corazón, una hija eternamente agradecida a esta casa y su gente. Mi reconocimiento y respeto a vuestra labor con los enfermos psiquiátricos.