Apezetxea

El adiós del decano y patriarca de los pintores de Baztan deja un recuerdo humano imborrable y una huella cultural y artística fundamental

Un reportaje de Lander Santamaría. Fotografía Juan Mari Ondikol - Miércoles, 6 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El lienzo, que apenas refleja la postrera inspiración del artista, se quedó incompleto y mudo en el caballete, el pincel y la txapela compañeros tantos años del pintor le acompañaron sobre el pecho hasta su última morada, y los óleos permanecen sin entender que no volverán a ser color de paisajes, rincones de Baztan y esas sillas humildes, domésticas y tan familiares que pintó en los últimos años. El patriarca de los pintores de Baztan, José Mari Apezetxea, Se nos ha ido en silencio, según costumbre en quien observaba el paso del tiempo y el hacer o deshacer de las gentes con prudencia ejemplar, siempre ajeno y como de vuelta y voluntariamente renunciara a expresar opinión ni crítica alguna por sorprendente y contradictorio que le afectara o se mostrara a su vista.

El decano y maestro, desde la altura moral de sus noventa años, fue testigo y memoria viva del siglo de guerras, campos de concentración y de represalia en su propio Erratzu, y del acelerado cambio de usos y costumbres en particular en el último medio siglo. Desde su seminarista juventud, sobrino y discípulo de Javier Ciga (como no podía ser menos, se reía abiertamente de quién, en su brutalidad e ignorancia, se atrevía a calificar de “elitista” al autor de Un viático en Baztan y El mercado de Elizondo), amigo íntimo y activo colaborador de Ismael Fidalgo y Marino di Teana transformando a golpe de maza el gran bloque que imaginó Jorge Oteiza para el sedente Padre Llevaneras en el Colegio de Lekaroz.

“Ismael disfrutaba repartiendo mazazos porque sabía que luego los capuchinos nos darían de comer espléndidamente, ya que estaba haciendo el servicio militar en Elizondo y el rancho era estrecho y pobre”, recuerdo contarme al preguntar por aquella época. Hablar con José Mari era siempre aprender, pues lo mismo te sorprendía al recordar la vivencia elizondarra con Darío de Regoyos en la galería de Mitxelenea, luego confirmada por el historiador y musicólogo José Fernández D’Arlas, otro cultivadísimo e ilustrado elizondarra.

Sorprendente

Junto a Ismael Fidalgo y Marino di Teana picó la estatua del fundador del Colegio de Lekaroz obra de Jorge Oteiza

Retrató a Manolete el mismo año que murió el torero, en su única pintura con un tema sobre la tauromaquia

Único tema taurino

Manolete, 1947

Un detalle no muy conocido es que José Mari Apezetxea retrató a Manuel Rodríguez, el torero Manolete, y precisamente poco más de un mes de morir corneado por Islero en Linares. Fue su única obra de tema taurino, cuestión por la que no sentía inclinación ninguna, y que vivimos con no poco jolgorio. En 1997, medio siglo de la mortal cornada, un amigo (Antigüedades Echarri, Pamplona) nos sorprende con un retrato de Manolete procedente y adquirido de una herencia y obra de José Mari, firmado, J.M. Apezechea F, con la F inicial de su segundo apellido, Fagoaga.

Convinimos en que si era auténtico estaba comprado, y José Mari lo confirmó con una carcajada y añadiendo: “Y todavía está sin cobrar”, por quien lo encargó. Lo adquirimos, él mismo lo restauró y explicó su origen: “Cuando el Seminario pasaba el verano en Erratzu con mis padres, en su comercio y pintando en ratos libres. Un hombre, me preguntó si pintaría una postal que traía de Manolete, y acepté, aunque nunca había visto una corrida”.

Llegan los Sanfermines, viaja a Pamplona ya que Manolete toreaba con Gitanillo de Triana y el tudelano Julián Marín, y coincide con una corrida sensacional, histórica. Disfrutaba con sus amigos y alumnos pintores, trabó inquebrantable amistad con Tomás Sobrino, el maestro ahora que le toma el relevo, era un conservador sabio y delicioso y pintor nada creído de sí mismo. ¿Por qué cobras tan barato con lo bien que pintas?. ¿Qué voy a cobrar si lo que más vale es el marco?, respondía con desconcertante sencillez. Y es que era así.

Más sobre Cultura

ir a Cultura »