la carta del día

El triunfo de lo grotesco

Por Javier Castillo Esteban - Miércoles, 6 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

He leído recientemente que en un colegio de Argentina se ha expulsado a un niño por portar una enfermedad “desconocida y peligrosa”. Resulta que ésta, si puede tildarse como tal, causaba un gran malestar entre las familias de los compañeros del chaval. Su nombre: Asperger. “Un alivio y una buenísima noticia”, deparaban las madres de los hijos que compartían clase con el alumno. Así lo celebraban, como si se tratase de un tumor maligno y contagioso extirpado con éxito. El hecho, lejos de solucionar un problema grave y con mala reputación, provoca uno más sangrante y con visos de equipararse en otros centros del país, incluso lejos de las fronteras porteñas. En este caso, dudo que la presión de los padres y madres equivalga a los logros académicos de sus hijos y los alivie. Más bien aliviará a las huidizas mentes de quien mira hacia otro lado y no afronta el problema sino que lo aplasta. Al verlos vitorear y aplaudir, me cabe la duda de si alguno de esos padres pensaba, con generosidad, en la desubicación del chaval o en los designios de separarlo del grupo. El suceso nuevamente toca la aldaba de nuestra memoria pues no es la primera vez (de hecho ya son demasiadas) que se erradica un problema con la misma siniestra voluntad de una masa cargada de razones yermas y sin fundamento. Queremos proteger a nuestros hijos y reparamos, con minuciosa atención, en la próxima charla y/o conferencia de sendos psicólogos, sociólogos, pedagogos y demás estudiosos del desarrollo. Todo sea por la salud de nuestros hijos y por la prevención de una mala compañía o alguna distracción sospechosa. De la misma manera, y con idéntica intensidad, no vendría nada mal una cura de desinformación en un mundo tan enteradillo. Quizá un centro especializado atienda con más pulcritud y empeño las necesidades del chico, quizá se encuentre más integrado dentro de un círculo que comparta y entienda sus actitudes peligrosas. Quizá, quizá… Demasiados contingentes con rostro de excusa nos envuelven en una nube de humo que nos impide discernir si la medida es buena o se trata de un fallo descabellado. No lo sabemos, yo tampoco lo sé. Pero en cualquier caso un problema menos, barrido con esmero y recogido cuidadosamente. La noticia no deja de producirme tristeza, cómo las personas hacemos y deshacemos a nuestro antojo, desde nuestra posición fiscalizadora, amos de la verdad y sin ningún ápice de remordimiento o reflexión. Esta carta versa sobre Asperger, pero es extrapolable a otra causa cualquiera, enfermedad o lacra, bulling o acoso, un caldo de cultivo tornado en mentidero y fuente de sucesos escabrosos. Ya es hora de atender, sin más demora, a aquellos que sufren en silencio y carecen de capacidad y/o valentía por expresar libremente su desazón. Para esta onerosa misión, no bastará con compartir la desgracia o clicar un me gusta, ni siquiera la divulgación mediática de las redes sociales será suficiente, pues si queremos acometerla con sinceridad y garantías deberemos ponernos en el lugar de ellos, los olvidados, porque también son ellos como tú o como yo, con los mismos sueños e inquietudes.