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por Marivi Erdozain, José Mari Eguillor y Patxi Erdozain - Jueves, 7 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Seguramente que la mayoría de las personas jubiladas hemos oído o hemos leído algo sobre diversos consejos que hay en Navarra, como el Consejo de la Juventud o el Consejo de Deportes, pero es muy probable que esa misma mayoría desconozca que existe un Consejo del Mayor, precisamente el que más directamente nos incumbe.

Y no es de extrañar, pues ha sido nula su presencia y actividad.

He aquí dos datos que hacen que ese consejo haya sido algo inútil para el mundo de la jubilación. La mayoría de quienes forman ese consejo son personas no jubiladas elegidas a dedo por el consejero, y entre esas personas él distribuye las responsabilidades y a la minoría representativa de los clubes los relega al puesto honorífico de vocales de la junta. Y lo peor es que en sus reuniones anuales ha estado vetado tratar los temas que realmente nos afectan. El abordar esos temas está tildado de “hacer política”, y por tanto mejor no tocarlos.

Y sin embargo vemos la necesidad de que exista un auténtico Consejo del Mayor (esperamos poder cambiar el nombre por el de Consejo de las personas mayores o algo parecido), que sea un encuentro estable entre la Administración y una real representación de las personas jubiladas donde se debata y se busquen salidas consensuadas a nuestros problemas.

No es el momento de ir enumerando esos problemas, pero sí constatar que, dentro del abanico de situaciones diversas, la indefensión en la que se encuentran cantidad de personas jubiladas ante graves problemas es inmensa. Y el futuro no es nada halagüeño, baste recordar declaraciones de dirigentes políticos y económicos para cerciorarnos de las intenciones que albergan para con este colectivo. Las administraciones, y con ellas la misma sociedad, nos ha colocado en el mundo de la caridad, cuando lo que exigimos por justicia es una vejez digna. Nos rebajan el bonobús, el copago y los viajes del no verano, cuando lo que nos corresponde son pensiones normales y servicios públicos sin que el capital haga negocio con nuestras incapacidades; les es más rentable tenernos contentos y satisfechos con caramelos que reivindicando derechos.

Pero nuestro objetivo mira, en definitiva, a vivir nuestra vejez con dignidad. Ello solo será posible si tomamos parte en las decisiones que nos afectan.

Es por ello que nos es necesaria una auténtica representatividad que, potenciando la solidaridad y unidad en nuestro mundo, defienda nuestros derechos donde haga falta.

Nos alegramos del paso que ha dado este Gobierno planteando una revisión de este Consejo del Mayor en aras a hacerlo más participativo y eficaz. Y parece ser que está empeñado en ello. ¡Enhorabuena¡ Pero para hacerlo bien sabe que tiene que ser una labor conjunta con las personas jubiladas, al fin y al cabo las más interesadas.

Si realmente queremos cambiar, lo primero que debemos hacer es no precipitarnos. Antes que nada hay que socializar la necesidad de un buen Consejo: que toda persona jubilada, esté o no asociada, sea informada y pueda participar en el debate. Esta es labor de todas las personas que hoy estamos preocupadas por el tema, pero el Gobierno tiene más posibilidades de difundir esa información y facilitar el diálogo y debate. Sin esta premisa, difícil será crear un buen Consejo del Mayor.

A boti-pronto planteamos:

Olvidarnos de lo que hasta ahora ha sido el Consejo pues su estructura ni representa al mundo de la jubilación ni aborda nuestros problemas.

Que el nuevo Consejo sea algo muy sencillo, solo el encuentro constante entre el Gobierno y los representantes de las personas jubiladas, así como quienes van de parte del Gobierno representan al Gobierno, nuestros representantes deberán ir en nombre de todo el colectivo.

El contenido de las reuniones tendrá que ver con los problemas que tenemos, diálogo, debate y búsqueda conjunta de salidas. Es imprescindible que en los temas que nos afectan tomemos parte debatiendo y buscando soluciones justas.

Y creemos que no hay representación mejor que la que salga de unas elecciones donde toda persona jubilada pueda participar.

Firman este artículo: Marivi Erdozain, José Mari Egillor, Patxi Erdozain

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