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Música

Sin palabras

Por Javier Escorzo - Viernes, 8 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

CONCIERTO DE THE DISAPPOINTMENTS

Fecha: 01/09/2017. Lugar: plaza de los Burgos. Incidencias: Concierto gratuito y al aire libre. El último de los del ciclo Música en la Plaza de los Burgos. Siendo a finales de verano, la temperatura era más fresca y la amenaza de lluvia fue constante, a pesar de lo cual la afluencia de público fue más que notable.

aunque no sea lo más habitual, siempre ha existido una tradición de grupos instrumentales en nuestro país. Y no hace falta retroceder en el tiempo hasta llegar a Los Pekenikes;en la misma Pamplona tuvimos a The Brillantina’s, una de las bandas del malogrado Roberto C. Meyer, o a nivel nacional, ahora contamos con el ejemplo de Los Coronas, que llevan muchos años triunfando y recorriendo el mundo con su propuesta, en la que no hay cantante. En ese sentido, los pamploneses de The Disappointments están emparentados con esos grupos, aunque, si profundizamos un poco más, rápidamente llegaremos a la conclusión de que lo suyo es otra cosa. Mientras que los madrileños se escoran más hacia estilos como la música surf o el garaje, The Disappointments se decantan por sonidos más refinados, cercanos al soul, el funk o el rythm’n’blues, todos ellos ejecutados con una elegancia digna de elogio, y no solo en el aspecto musical;con pocos minutos de retraso sobre la hora prevista (la demora se debió a que la lluvia, siempre tan inoportuna, amenazó con hacer acto de presencia precisamente en ese momento), los cuatro miembros del grupo salieron al escenario de la Plaza de los Burgos ataviados con trajes, siguiendo los cánones de la estética mod. Dieron la bienvenida, irónicamente, al concierto de rap y hip hop y acto seguido iniciaron su descarga musical al ritmo de Hang’em high, tema principal de la película Cometieron dos errores, de Clint Eastwood. Supieron llevarse a su terreno esta composición de Dominic Frontiere, todo un icono del western (o del spaguetti western), que en sus manos emuló el sonido de Booker T. &The MG’s y no desentonó en absoluto con el repertorio que sonaría después, en su mayoría temas propios. Tal fue el caso de Running out, incluido en su primer disco (de título homónimo). En este corte el órgano hammond de Alberto Navascués Eskualo fue el instrumento más destacado, ocupando, como en casi toda la actuación, un papel protagonista. En otros momentos era la guitarra eléctrica de Jokin Pallarés la encargada de hacer brillar las melodías. En la base del poliedro estaban el bajo de Mikel Navascués y la batería de Jon Uribeetxeberria, ambos solventes y tremendamente precisos. Puede resultar obvio, pero el dominio instrumental es imprescindible en un grupo que carece de cantante, y en ese aspecto el cuarteto también da la talla.

Sus influencias son exquisitas. Hicieron varias versiones muy logradas, como Moanin, del pianista de jazz Bobby Timmons, o The cat, del organista Jimmy Smith, pero el grueso fueron composiciones propias, como Cesar, en la que se acercaron al rythm’n’blues, o El castigador. A esas alturas del concierto todo el mundo bailaba, y con Sleep walk, de Santo &Johnny, marcaron un cambio de ritmo hacia ambientes más melosos. La fiesta volvió, y de qué manera, con una versión con mucho groove de My baby’s gone, de Los Lobos, con la que el público quedó como su música: sin palabras.

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