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El tren y el cambio

Las discrepancias entre el Gobierno y la mayoría de sus socios políticos por el nuevo corredor ferroviario quizá no tengan efectos graves a corto plazo, pero pueden dificultar la reedición del proyecto de cambio político y social para Navarra en 2019

Viernes, 8 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la propuesta del vicepresidente Manu Ayerdi de poner en marcha un proceso de información pública y participación social no vinculante sobre el nuevo corredor ferroviario de Navarra es, si ése era el objetivo de este movimiento, un intento vano por intentar minimizar las discrepancias en este asunto entre el Gobierno de Navarra y la mayoría de sus socios, como pusieron de manifiesto a las pocas horas EH Bildu, Podemos e I-E. Posiblemente, Ayerdi tiene armado un buen argumentario para defender la necesidad de retomar la modernización de las conexiones ferroviarias de Navarra con Europa y con Madrid y el Mediterráneo que dejaron paralizadas UPN y el PP tras 25 años de ineptitud e ineficacia y para apostar por la fórmula de un nuevo Convenio con el Estado -que ponga final al desastroso acuerdo firmado en 2010 entre Sanz y Pepe Blanco-, y mantenga la influencia de Navarra en una obra que depende de Madrid, pero parece insuficiente. Es evidente que la mayor parte de la opinión pública de Navarra se posiciona en favor de una infraestructura ferroviaria que sitúe a Navarra en las demandas de tránsito de personas y mercancías que impulsa la UE con el tren como medio clave para esta primera mitad del siglo XXI, pero también lo es que esa hipotética mayoría de partida tiene diferencias de fondo sobre los costes económicos y presupuestarios, impactos mediambientales, trazados y prioridades de tramos, como se lleva poniendo de manifiesto desde hace años. Y esa diferencia de criterios y prioridades, que el cambio político y social ya llevaba en la mochila en el momento de pactar el Acuerdo Programático, sigue vigente y animada constantemente por la oposición de UPN, PP y PSN y las propias contradicciones de los partidos que apoyan al Gobierno de Barkos. Y no se puede obviar ni olvidar que esta crisis, más allá de la satisfacción política de los adversarios por poder lograr la primera victoria relevante entre los cuatro partidos que impulsaron el cambio en 2015, puede abrir una brecha importante entre el Gobierno y la mayoría de los partidos que le apoyan en el Parlamento que aunque es posible que no tenga efectos a corto plazo -al margen de la evidente publicidad de las diferencias y la confrontación política partidista-, sí puede tener consecuencias a medio y largo plazo, tanto sobre los Presupuestos de 2019 como a la hora de poder reeditar este proyecto de transformación política y social para Navarra otros cuatro años tras las elecciones forales y municipales de 2019.

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