Un Pañuelo con vocación de servicio público

El periodista Javier Pagola recibe hoy el II Pañuelo de Pamplona en reconocimiento a su labor desinteresada en favor de la ciudadanía

Mikel Bernués | Oskar Montero - Viernes, 8 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El periodista y escritor Javier Pagola, en un jardín del barrio de Mendebaldea del que presume orgulloso y en el que vive desde 1976.

El periodista y escritor Javier Pagola, en un jardín del barrio de Mendebaldea del que presume orgulloso y en el que vive desde 1976. (OSKAR MONTERO)

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El periodista y escritor Javier Pagola, en un jardín del barrio de Mendebaldea del que presume orgulloso y en el que vive desde 1976.

pamplona- Javier Pagola es uno pero lleva hoy cuatro alegrías dentro. El Ayuntamiento le otorga un premio sin voces contrarias, y eso significa que entre distintos se han puesto de acuerdo;el galardón lleva su nombre pero es para todas las personas que, diariamente, trabajan con vocación de servicio público;la entrega se celebra en el día de la ciudad y, por último, “decía Machado que solo el necio confunde valor y precio, y este premio tiene muchísimo valor pero el precio es pequeñico para las arcas del Ayuntamiento”, cuenta. “Esas son las cuatro razones que me hacen feliz”.

Este periodista y escritor pamplonés, colaborador de DIARIO DE NOTICIAS, recibe el II Pañuelo de Pamplona/Iruñeko Zapia en reconocimiento a su “trayectoria diversa, extensa y marcada por un denominador común: el servicio a la ciudadanía, y de manera especial a la ciudadanía de Pamplona, realizada de manera desinteresada y con vocación de servicio público”, explica el Ayuntamiento. “Yo no lo entiendo como un homenaje a mi persona”, abunda Pagola. “El homenaje es a toda esa gente que todos los días está haciendo eso en esta ciudad. Mujeres en primerísimo lugar. Están cuidando de nuestras familias, de las personas mayores.... claro que también hay hombres, pero son sobre todo mujeres”.

También extiende el reconocimiento a sus compañeros de gremio (dice que esta ciudad necesita comunicación y que la profesión está “machacada”) y a todos los colectivos y movimientos sociales que aportan para el beneficio común. El pañuelo da para mucho.

Respecto a la fecha del galardón, se alegra porque “no me dan el premio en el día de ningún partido o en una fiesta religiosa. Es el día en el que algunos lúcidos ciudadanos con un rey que debía de ser muy bueno dijeron ‘ya vale, vamos a romper las murallas y vamos a intentar entendernos’. Hicieron lo que pudieron. 100 años después, cuando el rey noble dijo ‘derribemos las murallas y hagamos una sola ciudad’, muchas murallas internas de las tres ciudades estaban todavía sin derribar. Y 200 años después las desigualdades sociales en Pamplona eran fortísimas, pero me gusta que se reconozca esa voluntad de vivir juntos”.

biografíaSu padre era de Estella y su madre de San Adrián. Pero Javier nació un 6 de enero de 1946 en Manila. “Lo que sé de Filipinas me lo han contado o lo he visto en fotografías”, dice sobre un país que abandonó un año después. De vocación docente, una oposición en la Cadena Ser (entonces Radio Requeté), le colocó en las ondas. Y su primer programa, Pamplona Flash, “no fue fácil, estábamos amordazados por una censura terrible”.

Recuerda el “puro hermoso” que le cayó tras una “información verdadera sobre un conflicto sindical”, o la multa de 500.000 pesetas a la cadena por informar de la llegada del hombre a la luna antes que Radio Nacional. “Aquí tuvimos la suerte de que en el sindicato vertical se coló una cuadrilla de demócratas, y en el Ayuntamiento otra. Y fuimos abriendo camino poco a poco”.

Con la democracia llegaron “años maravillosos y difíciles, porque la sociedad estaba muy enfrentada. En los años de la Transición surgió la expectativa de un cambio, florecieron cosas por todas partes y pudimos contarlas”. De su informativo Batzarre, primero semanal y en democracia diario, se acuerda de “una serie importantísima” en la que analizaron todos los aspectos de la Constitución. También encontró barreras a la hora de abordar información social “porque la ciudad era muy conservadora”, dice.

Con el cambio de siglo ejerció de director de Comunicación de Medicus Mundi. “Mi trabajo está muy cerca de la educación popular de base en los barrios con el Colectivo de Cultura Popular Alaiz”. Explica que por ahí han pasado más de 40.000 mujeres toda Navarra, que es “de lo que más contento estoy” y que “la causante de aquella hermosura es Pilar Sanz”.

Por si no fuera suficiente, Pagola fue uno de los impulsores en 1996 del Foro Gogoa, una iniciativa de las comunidades cristianas de base de Pamplona, inspirada en el modelo de cristianismo y justicia de los jesuitas, para “expresar una preocupación sobre los grandes problemas de la sociedad actual. Nació de la necesidad, en una Navarra muy enfrentada y culturalmente gris tirando a negro azabache, de crear puentes de diálogo y traer aire fresco. También la iglesia estaba viviendo su peor momento de involución después de un concilio prometedor”.

Por Gogoa han pasado y siguen pasando “grandísimas figuras” y allí trabajan “por la paz y la justicia de una manera muy abierta. No íbamos contra nadie, y eso creo que la gente lo ha entendido, sean creyentes o no”, considera.

trabajo de mediaciónSin pretender “dar lecciones a nadie, porque al fin y al cabo cada ser humano es un pequeño miserable”, Javier siempre ha pensado que “la función del periodismo no es solo contar e interpretar, sino en nuestro caso, en una comunidad tan enfrentada, el trabajo de mediación”.

Considera que “tenemos pendiente el reconocimiento del otro en democracia, por encima de cualquier ideología o posición. Reconocer que queremos convivir con él”, y destaca la importancia de la educación. “Solo así vamos a tener una ciudadanía de futuro. La buena educación no es que mi hijo o hija haga una carrera estupenda en un colegio en el que no se roce con los pobres. Hacen falta valores solidarios. Esos se aprenden con la cabeza, el corazón y las manos. Hay que mojarse en la realidad social, cada uno en la medida de sus posibilidades”. Y lanza un deseo final: “a ver si somos capaces de lograr un mejor entendimiento en esta ciudad”.