Música

Obra de titanes

Por Teobaldos - Sábado, 9 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

48 Semana de Música Antigua de Estella-Lizarra. concierto de Benjamín Alard (clave).

Programa: Variaciones Goldberg, (BWV 988) de J.S.Bach. Lugar: iglesia de Santa Clara. Fecha: 6 de septiembre de 2017. Público: lleno (10 euros).

Con una escritura que demanda del intérprete un virtuosismo técnico extremo, de lasVariaciones Goldberg, en la inteligencia del clavecinista y organista Benjamín Alard, uno no sabe qué admirar más, si la propia interpretación o la memorización de la obra más compleja, en su género, que nos ha legado el barroco. Porque instalarse en el torrencial caudal sonoro y dominarlo, causa siempre asombro. Sin titubeos, y sin naufragar en la rutina técnica -que ya de por sí sería meritorio-, Alard aporta, además, una visión propia, original, enriquecida -si cabe- por una variedad de matices, grosores sonoros -(un clave no es un piano)-, tempos minuciosamente contrastados, sin concesiones a la comodidad en los más rápidos, y con retardo expectante en los más lentos. Por nuestra parte, ante la concentración y compenetración de este hombre con la obra, no cabe más que reverencia. Incluso para los que no acertamos a comprenderlo todo. Porque, aunque a los oyentes una de las cosas que más nos gustan es el género variación, con el retorcimiento que el compositor hace del tema planteado, y su posterior seguimiento entre las ricas y nuevas estructuras;precisamente en lasVariaciones Goldberg, el tema -una zarabanda del libro de Anna Magdalena- apenas es distinguible, porque el juego combinatorio es el esquema armónico, no la melodía. Así que no pasa nada, si no somos capaces de distinguirla. Hay que dejarse llevar e, incluso, entretenerse un poco, con los juegos numéricos, la simbología sobre la Trinidad, o simplemente, el capricho especulativo. En Alard hay control, claridad y equilibrio;pero también una riquísima ornamentación, y un alarde en los pasajes arpegiados: abundantes, arrancando al clave casi sonido organístico -en las últimas variaciones-. Hay calidez de sonido en los tramos más tranquilos -punteos largos y perfectos-, pero también cierta crispación y agresividad buscada, en la mano izquierda, de esas variaciones más arrebatadas. En fin, Benjamín Alard ha hecho que, a aquellos que nos gusta más la versión en piano -(una herejía, por otra parte) nos olvidáramos de Gould y compañeros, y nos metiéramos, sin reservas, en la sonoridad del clave.

Sonoridad que fue absolutamente perfecta en la acústica de Santa Clara. Ha sido un acierto retomar la antigua sede de la Seman, por lo menos para estos conciertos de delicados instrumentos solos. Con cierta nostalgia, los más veteranos recordamos los comienzos, y, también la evolución vivida en directo de todo lo que ha supuesto el mundo de la música antigua. Y es que han pasado por Estella, todos esos músicos que teníamos en los discos, y, a los que, como quinceañeras, traíamos a que nos lo firmaran. No hay que caer en nostalgias;al contrario, con el concierto de Benjamín Alard, se constata que el nivel interpretativo sigue altísimo, y, en muchos casos ha mejorado. Escuchar las Variaciones Goldberg, en directo, con la calidad señalada, es una experiencia formidable.