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la carta del día

Hombres, mujeres y bicicletas

Por Eneko Astigarraga - Sábado, 9 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

aburridos. Aburridas. Así estamos ante tanta noticia relacionada con las bicicletas. Ante tantas quejas, tantas promesas, críticas y alabanzas. ¿Queréis dejar en paz a las bicicletas de una vez? No es culpa de ellas, ellas no se quieren reivindicar, ellas no quieren circular por aceras, tampoco quieren verse relegadas a una colección de míseros carriles bici. Ellas no quieren ser montadas por personas incautas, arrogantes o incívicas, no quieren atropellar y que las atropellen. Son unas compañeras amables que quieren hacer la vida más fácil, más divertida a las personas que las adopten. Ellas sólo quieren servir para desplazarse, para pasárselo bien y les gustaría que nadie se molestara por su uso. Ellas no están obsesionadas por ser más (...). El problema no son las bicicletas. Son los hombres y las mujeres que las montan. Y cómo las montan. Y las pretensiones que tienen cuando lo hacen. Y sus actitudes. Y las exigencias que se les antojan que van aparejadas a ellas. Por ejemplo, que haya alguien que les proteja. Y no son todos ni todas. No. Sólo algunos y algunas. Lo peor es que esos hombres y esas mujeres no sólo montan en bicicletas. Muchos/as de ellos/as también conducen coches, montan en bus, caminan, pasean, les gusta tomarse algo en una terraza, sentarse en un banco, o mirar despreocupadamente cómo pasa gente, o lo bonito que está el parque, o lo bien que sienta la brisa y la quietud para mantenerse en forma o descansar en sus casas. ¿Qué les impide hacerlo o, mejor dicho, qué les molesta cuando tratan de hacerlo? Otros hombres y otras mujeres, sobre todo los que no respetan a los demás y tratan de imponer su elección sobre el resto. No, señoras y señores. Las bicicletas no molestan. Molestan las personas violentas, las que agreden a los demás con sus opciones, a las que sólo se preocupan de ellas. Son hombres y mujeres, no son coches, bicicletas, motos o patinetes, como no es la marcha, no es el tabaco, no son las drogas, no es el alcohol, la prisa, el estrés o la música alta. Son las personas. Y eso no se resuelve confinándoles de acuerdo con sus elecciones o repartiendo el espacio dependiendo de los usos. Es algo más profundo y que nos atañe más a todos y todas. Se llama convivencia, entendimiento, empatía, educación, respeto, civismo. Y eso no se consigue con carriles bici, pipicanes, buses preferenciales, discotecas subterráneas, áreas para fumar, aparcamientos para motos, autopistas, bibliotecas, centros comerciales o vías verdes. No. Lo siento.

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